Universidad de Murcia
Francisco Nicolás Molina, investigador de la UMU: "No necesitamos que un hongo nos ‘controle la mente’ para que sea una amenaza existencial"
Los microorganismos fúngicos emergen como patógenos silenciosos cada vez más peligrosos, por su resistencia cada vez mayor, su adaptación al cambio climático y la vulnerabilidad de los pacientes inmunodeprimidos

El catedrático e investigador de la UMU Francisco E. Nicolás, en el laboratorio. / Israel Sánchez
Cuando pensamos en patógenos solemos imaginar bacterias o virus. ¿Estamos subestimando el papel de los hongos como amenaza para la salud humana?
Rotundamente, sí. Durante décadas, los hongos han sido los elementos olvidados de la infectología. Sin embargo, los hongos están emergiendo como patógenos silenciosos pero letales debido a sus resistencias antifungicas. A diferencia de virus y bacterias, los hongos son organismos eucariotas (como nosotros), lo que hace que sea mucho más difícil diseñar fármacos que maten al hongo sin dañar nuestras propias células. La OMS ya ha publicado su primera lista de «hongos prioritarios», situando a los Mucorales en el grupo de alta prioridad.
Enfermedades como la mucormicosis siguen siendo poco conocidas para el gran público. ¿Qué la hace tan peligrosa y por qué resulta tan difícil de tratar?
La mucormicosis es conocida coloquialmente como «el hongo negro» por la necrosis (muerte del tejido) que provoca. Su peligrosidad reside en su angioinvasión: el hongo tiene la capacidad de invadir los vasos sanguíneos, provocando trombosis y cortando el suministro de sangre a los tejidos. Esto genera dos problemas críticos: primero, la destrucción rápida de órganos (cara, pulmones o cerebro); y segundo, que al no haber flujo sanguíneo en la zona infectada, los fármacos antifúngicos inyectados no llegan al hongo. Por eso, el tratamiento suele requerir cirugías agresivas para extirpar el tejido muerto.
Muchos hongos viven en el ambiente sin causarnos problemas. ¿Qué ocurre exactamente para que algunos pasen de ser inofensivos a convertirse en patógenos agresivos?
Los Mucorales son oportunistas ambientales que descomponen materia orgánica en el suelo. El paso de ‘vecino inofensivo’ a ‘asesino’ ocurre cuando encuentran un huésped con el sistema inmunitario debilitado o con condiciones metabólicas alteradas. Por ejemplo, en pacientes con diabetes mal controlada, el exceso de glucosa y la acidosis en sangre actúan como el ‘combustible’ perfecto, alterando la capacidad de nuestras defensas para mantener al hongo a raya. Una vez que detectan que el entorno es favorable, activan su maquinaria de crecimiento invasivo.
"Los pacientes con daños pulmonares graves son blancos fáciles para las infecciones fúngicas"
¿Qué factores podrían favorecer que ciertos hongos se adapten mejor al cuerpo humano y aumenten su capacidad de infectarnos? ¿Podría ser el cambio climático uno de ellos?
El cambio climático es un factor determinante por la llamada «teoría de la adaptación térmica». La mayoría de los hongos del suelo no nos infectan porque nuestra temperatura corporal (37°C) es demasiado alta para ellos. Sin embargo, a medida que el planeta se calienta, los hongos se ven obligados a adaptarse a temperaturas más altas para sobrevivir en la naturaleza. Esta «selección natural» hace que, accidentalmente, los hongos estén cada vez más preparados para sobrevivir y prosperar dentro del cuerpo humano
¿Estamos viendo señales de resistencia de los hongos a los tratamientos antifúngicos, de forma similar a lo que ocurre con las bacterias y los antibióticos?
Es uno de los puntos más preocupantes. A diferencia de otros hongos que se vuelven resistentes con el tiempo, muchos Mucorales presentan una resistencia intrínseca; es decir, ya son ‘de serie’ resistentes a la mayoría de los antifúngicos comunes, como el fluconazol o las equinocandinas. Solo tenemos un par de ‘balas de plata’ (como la anfotericina B liposomal) que todavía funcionan, pero son fármacos muy tóxicos para los riñones del paciente. El arsenal es extremadamente limitado comparado con el de las bacterias.
¿Qué perfiles de pacientes son hoy más vulnerables a las infecciones fúngicas graves?
Tradicionalmente, pacientes con leucemia, trasplantes o diabetes grave. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 reveló una nueva vulnerabilidad: pacientes con daños pulmonares graves y tratamientos con corticoides (que bajan las defensas) se convirtieron en blancos fáciles. En India, por ejemplo, hubo una epidemia paralela de miles de casos de mucormicosis en pacientes post-COVID, lo que demuestra que cualquier fallo sistémico en nuestra inmunidad nos deja expuestos
En la cultura popular reciente, videojuegos como ‘The Last of Us’ han popularizado la idea de hongos capaces de controlar a los humanos, inspirada en el Cordyceps. Desde el punto de vista científico, ¿podría llegar a mutar un hongo de tal forma o estamos ante un escenario puramente ficticio?
Aunque el Cordyceps que controla hormigas existe en la naturaleza, el salto a humanos para controlarnos es, hoy por hoy, ciencia ficción. Lo que sí es una realidad científica es la capacidad de los hongos para evolucionar y colonizar nuevos nichos. No necesitamos que un hongo nos ‘controle la mente’ para que sea una amenaza existencial; basta con que sigan evolucionando su resistencia a los fármacos y su capacidad de adaptación térmica para que las infecciones fúngicas se conviertan en la próxima gran crisis sanitaria global.
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