Día Internacional de la Mujer
Nadia Jaity: "Las mujeres estamos en primera línea cuando ocurren crisis climáticas y migraciones forzosas"
Joven y comprometida, representa una generación de mujeres que están abriendo espacios de liderazgo desde una mirada feminista e interseccional

La educadora ambiental Nadia Jaity en plena naturaleza / L. O.
Gloria Alarcón García
Nadia Jaity Najlani es bióloga, activista y educadora ambiental. Embajadora del Pacto Climático Europeo, su trabajo conecta ciencia, justicia climática y participación comunitaria. Joven y comprometida, representa una generación de mujeres que están abriendo espacios de liderazgo desde una mirada feminista e interseccional. En esta conversación reflexiona sobre el cambio climático, el feminismo y la importancia de las referencias para las nuevas generaciones. Esta entrevista inaugura una serie de perfiles a mujeres diversas y ‘normales’ con muchas cosas que decir sobre el la situación del feminismo en la Región, que son realizadas por el Forum de Política Feminista de la Región.
Eres una mujer joven, brillante y comprometida con el clima y con la transformación social. Me gustaría comenzar por tu trayectoria, pero desde lo personal: ¿qué te trajo hasta aquí?, ¿cuándo decidiste que querías que tu conocimiento sirviera para transformar la vida de la gente?
Creo que me trajo la necesidad de cambio. Como mujer racializada, migrante, marroquí y musulmana en un contexto como el murciano, he vivido situaciones que me hicieron sentir la necesidad de transformar la sociedad en la que vivo. También influye el momento climático que vivimos. Muchas personas jóvenes sentimos que el mundo se acerca a un punto crítico. Desde muy pequeña tuve una actitud muy proactiva hacia mi comunidad y, además, he tenido la suerte de crecer rodeada de mujeres fuertes que me han inspirado.
¿Ha habido alguna mujer en tu vida que haya sido un faro para ti?
Sería injusto elegir solo una, porque mis hermanas, mis amigas y muchas autoras como Angela Davis o Simone de Beauvoir han sido referentes. Pero si tengo que nombrar a alguien diría a mi madre. Ella me enseñó que el lugar de una mujer no es el que otros deciden, sino el que ella quiere ocupar. Me enseñó a ser justa en un mundo injusto y a decidir por mí misma.
Siendo tan joven estás ocupando espacios de decisión. Sabemos que a las mujeres nos cuesta mucho llegar ahí. ¿Qué barreras te has encontrado en el camino?
Muchas. Barreras socioeconómicas, venir de una zona rural, conflictos de identidad… y, por supuesto, las que implica ser mujer y ser racializada. He aprendido a enfrentarlas confiando en mí misma y apoyándome en mi comunidad. Siempre intento mantener la mente en las nubes, pero los pies en la tierra.
¿Te has sentido alguna vez impostora?
Sí, muchas veces. El síndrome de la impostora está muy presente, especialmente cuando ocupas espacios donde históricamente no ha habido mujeres como tú. Pero hay que aprender a convivir con ese miedo y seguir adelante.
Las que trabajamos desde la economía feminista hablamos mucho de sostenibilidad de la vida. Tú llevas esa idea al terreno de la acción climática. ¿Cuál es el papel de las mujeres en esa lucha?
La crisis climática y la desigualdad de género tienen raíces comunes. Durante mucho tiempo se han explotado territorios de la misma manera que se han controlado los cuerpos de las mujeres. Además, las mujeres estamos en primera línea cuando ocurren desastres climáticos o migraciones forzosas. Por eso es imprescindible una mirada interseccional. Sin justicia entre mujeres y hombres y sin justicia social no puede haber justicia climática.
Eres embajadora del Pacto Climático Europeo. A veces Europa parece algo muy lejano. ¿Cómo se convierte eso en algo concreto en la vida cotidiana?
Con acciones muy prácticas. Antes de trabajar en el ámbito institucional yo hacía trabajo de campo: limpieza de playas, proyectos de investigación, educación ambiental. El cambio empieza en la comunidad, en la sensibilización y en la participación. Muchas propuestas que luego llegan a las instituciones nacen precisamente en esos espacios ciudadanos.
Si una mujer que no es científica ni activista y piensa en el cambio climático, ¿qué papel puede tener en él?
Cada persona puede contribuir desde su lugar. Desde la educación, desde el trabajo sanitario, desde la comunidad o desde el consumo responsable. También participando en asociaciones o en espacios de decisión. No hace falta ser científica para formar parte del cambio.
Quiero abordar una cuestión importante con todo el respeto. Tú eres una mujer musulmana en espacios donde muchas veces se habla de vosotras sin vosotras. ¿Qué significa para ti nombrarte feminista desde tu propia experiencia?
Durante mucho tiempo me costó abrazar la palabra feminista porque parecía que mi identidad no encajaba en ella. Pero cuando conocí el feminismo interseccional entendí que el feminismo no tiene por qué ser hegemónico ni uniforme. El feminismo es diverso. Ojalá el 8M sirva precisamente para abrazar esa diversidad entre mujeres.
¿Has tenido que explicar muchas veces quién eres frente a los estereotipos?
Sí, muchas veces. Cuando se me percibe como mujer magrebí se me extranjeriza. Y cuando digo que soy musulmana aparecen estereotipos: que si soy sumisa o que no debería tener estudios. Pero también ocurre dentro de tu propia comunidad cuando defiendes el feminismo. A veces tu existencia se convierte en una explicación constante de quién eres.
¿Te impulsa pensar que una niña musulmana pueda verte como referencia?
Sí, es muy bonito. Yo crecí leyendo a mujeres que me inspiraron. Pensar que alguien pueda verse reflejada en tu camino es algo muy poderoso.
Para terminar, me gustaría aterrizar en el 8M. No como fecha simbólica, sino como herramienta de transformación. ¿Qué significa para ti?
El 8M es ocupar espacios, reivindicar derechos y recordar a todas las mujeres que lucharon antes que nosotras. Es una demostración de que la igualdad es posible y de que la diversidad de las mujeres es una fuerza.
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