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Medio ambiente

Guerra por el arruí en la Región de Murcia: el ecologismo acusa al Gobierno de priorizar la caza

Anse y Ecologistas en Acción cuestionan los estudios que minimizan su impacto y defienden mantener su inclusión en el catálogo estatal de especies invasoras

Dos hembras de arruí

Dos hembras de arruí / L.O.

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Alejandro Lorente

Alejandro Lorente

La brecha es hoy difícil de salvar. Mientras el Gobierno regional y la Federación de Caza defienden la "renaturalización" del arruí y promueven su descatalogación como especie exótica invasora, los principales colectivos ecologistas de la Región de Murcia rechazan de plano ese giro. A un lado, la Administración autonómica y el sector cinegético apelan a nuevos estudios científicos y al potencial económico de la especie; al otro, organizaciones como Anse y Ecologistas en Acción sostienen que no existe base técnica suficiente para cambiar su estatus legal y alertan de un retroceso en la protección ambiental. Las posiciones son, a día de hoy, abiertamente irreconciliables.

El arruí (Ammotragus lervia), introducido en 1970 en Sierra Espuña con fines cinegéticos, figura desde 2016 en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras tras una sentencia del Tribunal Supremo. Su posible descatalogación —analizada recientemente en el Consejo Asesor Regional de Caza y Pesca Fluvial— ha reabierto un debate que para los ecologistas, en realidad, nunca debió retomarse.

"Nosotros no entendemos que eso sea un debate", advierte el director de Anse, Pedro García. A su juicio, las jornadas impulsadas por el Ejecutivo autonómico y la Federación de Caza "expresan una visión parcial y de parte". La organización mantiene la misma postura que en los últimos años: "No hay ninguna razón científica ni de gestión que justifique de ninguna manera el cambio de catalogación de la especie".

García cuestiona de forma directa los trabajos liderados por el investigador del CSIC Jorge Cassinello, que concluyen que no existen impactos ecológicos contundentes en las sierras murcianas. Según el responsable de Anse, el estudio "adolece de bastantes insuficiencias" en su diseño y ejecución y, evaluado por otros especialistas, "podría concluir justo lo contrario". En su opinión, no es un trabajo "concluyente" ni suficiente para promover un cambio legal de este calado.

Manada de arruís en Sierra Espuña

Manada de arruís en Sierra Espuña / CARM

Desde el prisma ecologista, la cuestión de fondo no es solo el impacto puntual, sino el comportamiento expansivo de la especie. "La presencia del arruí y su expansión a lo largo de varias décadas en la Región y en otras regiones limítrofes es la demostración de que cumple estrictamente con la tipología de especie exótica invasora en España", sostiene García, quien recuerda que el control cinegético no ha frenado su avance territorial. "Se ha demostrado que no ejerce ese control como tal; la especie ha seguido expandiéndose", advierte, señalando su presencia desde las sierras del Noroeste murciano hasta zonas limítrofes con Andalucía y la Comunidad Valenciana. "La caza no es un método de gestión de una especie invasora que permita mantenerla ni siquiera en Sierra Espuña", insiste.

Anse subraya además que el propio Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del parque establecía límites poblacionales que, a su juicio, no siempre se han cumplido. De hecho, denuncia que durante años la Administración favoreció indirectamente su proliferación con aportes alimenticios y puntos de agua.

Calculan que habría unos 2.500 ejemplares en la Región de Murcia

Población actual: cifras a la baja

Frente a la idea de una especie emblemática consolidada, los datos aportados por Ecologistas en Acción dibujan un escenario distinto al de hace una década. Según sus estimaciones, en la actualidad habría en torno a 2.500 ejemplares en la Región de Murcia: unos 500 en Sierra Espuña; alrededor de 400 en las sierras limítrofes (Cambrón, Ponce, Madroño, Tercia y Muela de Alhama); unos 250 en la zona del Gigante, lindando con Almería; 350 entre Ricote y alrededores; 300 en Lavia, Burete y Quípar; 100 en Caravaca-Moratalla; otros 100 en Jumilla-Yecla, y entre 200 y 400 en áreas dispersas.

Rubén Vives, portavoz regional de Ecologistas en Acción, recalca que la población está muy lejos de los máximos registrados en el pasado. "Hasta hace bien poco el arruí era un problema para la biodiversidad y las fincas agrícolas; lo tenía todo arrasado", afirma, en referencia a épocas en las que solo en Sierra Espuña se superaban los 3.000 ejemplares.

"Hasta hace bien poco el arruí era un problema para la biodiversidad y las fincas agrícolas", señala Rubén Vives

Hoy, sostiene, el escenario es diferente gracias a los controles por daños y a la intervención directa de agentes medioambientales. "Reducir la población desde esos miles de ejemplares a cifras mucho más bajas es lo que ha funcionado", resume.

Impactos: competencia y presión sobre la vegetación

En cuanto a los efectos ecológicos, Anse define al arruí como "un gran herbívoro competidor de la flora y de los herbívoros autóctonos". En la medida en que existan poblaciones elevadas, señala García, "eso limita la presencia de otras especies" y puede favorecer la propagación de enfermedades. También advierte de presiones específicas en zonas de media y alta montaña que, a su juicio, no fueron suficientemente estudiadas en los informes favorables a la descatalogación.

"Su presencia presiona a especies autóctonas y puede favorecer la propagación de enfermedades", asegura Pedro García

Ecologistas en Acción matiza que los impactos "son los mismos que los de cualquier ungulado de sus características", pero recuerda que se trata de una especie exótica. "Aquí se podrá discutir si es invasora o no, pero exótica lo es", afirma Vives. La diferencia, sostiene, no es menor: su condición legal obliga a priorizar el control frente al aprovechamiento económico.

El portavoz reconoce que el arruí puede competir con la cabra montés —de la que se estima que hay unas 4.000 en la Región—, aunque subraya que la clave está en la densidad poblacional. “Todo lo que nos acerquemos a cifras bajas, seguramente hará que ni nos demos cuenta de que está”, apunta.

¿Erradicación o control?

La palabra "erradicación" genera fricciones en la opinión pública, algo que ambos colectivos intentan matizar. Anse se declara partidaria de aplicar lo que establecen el Ministerio y el grupo de expertos sobre invasoras: trabajar con el objetivo de erradicar cuando sea viable. "En el caso del arruí, desde nuestro punto de vista, sí es viable", afirma García.

Ecologistas en Acción introduce más cautelas prácticas. En teoría, recuerda Vives, el destino legal de una especie invasora es su eliminación, pero admite que en la práctica es muy difícil que desaparezca por completo. "No estamos hablando de una especie de genocidio", subraya. "Estamos hablando de tomar medidas para que no se fomente su expansión y de aplicar métodos de control".

Ambas organizaciones coinciden en un punto esencial: rechazan que la descatalogación abra la puerta a su explotación como trofeo cinegético homologado. "La única justificación de todo este lío es lo de siempre: lo quieren cazar y homologar los trofeos para que sea rentable", critica Vives, quien defiende que la caza por daños —sin aprovechamiento comercial del trofeo— es compatible con la normativa actual.

En el trasfondo del debate, los colectivos ecologistas ven una clara priorización del interés cinegético. "Desde nuestro punto de vista, sí", responde Pedro García cuando se le pregunta si el Gobierno regional antepone ese sector al principio de precaución ambiental. “No terminamos de tener claro por qué ahora asume este papel y quiere impulsarlo de nuevo”. Más explícito se muestra Vives, que atribuye la iniciativa a una estrategia política orientada a no perder apoyos en el ámbito rural.

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