Medio ambiente
La lluvia frena la plaga: la Región de Murcia despliega la mayor intervención forestal de su historia
Apeos selectivos, descortezado y gestión de biomasa para contener el decaimiento y prevenir incendios
El invierno húmedo refuerza la defensa natural del pino ante amenazas como el tomicus, el escarabajo devorador de bosques

Trabajos de contención para evitar el decaimiento forestal provocado por la sequía en la zona de El Valle. / L.O.
El lunes amanece húmedo en El Valle. El aire, todavía con aroma a tierra mojada, suaviza el perfil de los pinos que hace apenas unos meses parecían rendirse a la sed. Entre claros abiertos por las talas selectivas y rodales aún en observación, el consejero de Medio Ambiente, Universidades, Investigación y Mar Menor, Juan María Vázquez, recorre las actuaciones de contención activadas para frenar el decaimiento forestal provocado por la sequía y prevenir incendios. Le acompañan técnicos y operarios que, a pie de monte, explican una intervención que —por su dimensión— no tiene precedentes en la Región.
"Nunca habíamos tenido una sequía tan prolongada en los montes como la que se sufrió hasta el final del otoño del año pasado y tampoco nunca se había hecho una intervención de estas dimensiones en los montes de la Región de Murcia", subraya el consejero. La afección, recuerda, ha superado las 35.000 hectáreas en el conjunto regional, en línea con lo ocurrido en el Levante y el sur peninsular. Para hacerle frente, la Consejería ha desplegado un operativo que "va a incrementar incluso su inversión hasta los 20 millones de euros" y que moviliza "a más de 500 personas todos los días" en los montes murcianos.
El escenario ha cambiado en los últimos meses. Tras el periodo de sequía más severo de las últimas seis décadas, la entrada en un invierno húmedo ha comenzado a amortiguar los daños. "Hemos entrado en un invierno húmedo, que esperemos que continúe con la primavera", confía Vázquez. Esa humedad no solo está reduciendo la mortalidad por falta de agua; también está alterando el pulso de la principal plaga asociada al debilitamiento del arbolado: el tomicus. "Ya vemos cómo el árbol está empezando a defenderse y está bloqueando esos canales que utiliza este barrenador", explica, en referencia a la capacidad del pino para segregar resina y frenar la colonización.

El consejero de Medio Ambiente, Juan María Vázquez, las visitas las actuaciones para contener el decaimiento forestal en El Valle. / L.O.
35.000 hectáreas afectadas y una gestión a largo plazo
La intervención no será breve. "Este no es un trabajo que va a ser rápido, se va a prolongar a lo largo de los años", advierte el consejero. En 2025 se actuó en más de 4.000 hectáreas; en 2026 se prevé intervenir en más de 6.000, allí donde el acceso lo permite. En total, la planificación contempla superar las 20.000 hectáreas con actuaciones de sanidad forestal, eliminación de pies muertos y mejora estructural de las masas.
"No será un trabajo rápido, se va a prolongar a lo largo de los años", advierte el consejero de Medio Ambiente
La prioridad es doble: controlar la plaga y reducir el riesgo de incendios. En terrenos abruptos donde la maquinaria no puede entrar, se dejará que la naturaleza regule parte del proceso, pero en amplias zonas sí se combinan apeos selectivos, descortezado y aprovechamiento de biomasa. "Cada espacio tiene un protocolo distinto", precisa Vázquez. Los tocones pueden permanecer tras el descortezado —cuando se garantiza que el Tomicus destruens (el barrenillo de los pinos o escarabajo perforador) no seguirá activo— o transformarse en astilla y serrín para enriquecer el suelo. "Es importante aprovechar estos momentos para fortalecer la calidad del suelo", añade.
El dispositivo suma unos 500 efectivos en toda la Región; alrededor de 70 trabajan estos días en El Valle-Carrascoy, desplazándose conforme avanzan los trabajos. La maquinaria varía según pendiente y accesibilidad. Además, la apertura y combinación de zonas intervenidas crea discontinuidades que ayudan a frenar la propagación del fuego en caso de incendio.
Aunque el número exacto de ejemplares afectados está aún por concretar, el consejero apunta a que "estará por encima del millón y medio, probablemente por encima de los dos millones de árboles". Sin embargo, matiza que es pronto para cerrar cifras: algunos pinos que parecían perdidos están rebrotando gracias a la recuperación hídrica. "Los mecanismos de defensa del árbol están luchando contra el tomicus y se ven de nuevo brotar ejemplares", sostiene.

La zona de actuación se ha delimit¡ado con carteles para restringuir el acceso no autorizado. / L.O.
Las áreas más castigadas coinciden con las ya conocidas: Sierra Espuña, El Valle, Coto Cuadros, montes de Lorca, zonas de Cehegín y la Sierra de La Pila. Donde el sustrato es menor, el impacto ha sido mayor. Aun así, el fenómeno ha sido generalizado en el arco mediterráneo.
"El pino no sabía si morir o sobrevivir"
En el paraje de Puerto de la Cadena, Emiliano Abad, técnico coordinador de proyectos actuación en masas forestales de la Dirección General de Patrimonio Natural y Acción Climática, detalla la operativa. "Estamos trabajando en el conjunto de tres montes, uno público y dos consorciados", explica. La clave es localizar rodales con alta mortandad de pino carrasco y pino pinaster y discriminar el tratamiento. "Cuando únicamente hay mortandad por sequía, se apea el árbol y se elimina en la medida de lo posible. Cuando además hay presencia de tomicus, se le da otro tratamiento que es el descortezado".
La lluvia, insiste Abad, llegó "en su momento perfecto". Hasta diciembre, el pino "no sabía si morir o sobrevivir"; ahora se observan ejemplares atacados que siguen verdes y creciendo. El tomicus, describe, "es un insecto pequeñito, un perforador, un escolítido" que coloniza árboles débiles en otoño. Una hembra puede poner entre 250 y 300 huevos bajo la corteza; las larvas interrumpen la savia al alimentarse del cambium (capa fina de células vivas situada entre la corteza y la madera). "Cuando vemos un pino con 80 o 90 entradas de hembra, eso multiplicado por 250 sería la muerte sin duda del pino", ilustra. La emergencia de adultos se produce a finales de febrero y marzo, un momento delicado. Con todo, la percepción actual es optimista: "Si la primavera nos acompaña, el tomicus irá a menos".
Abad aclara que no hay fumigación o estrategias preventivas eficaces (salvo algunas trampas con feromonas) —la puesta está en el interior del tronco— y la prevención pasa por la gestión forestal y por mantener la masa en buen estado. "Un árbol que está en todo lo suyo no tiene nada que hacer el tomicus", resume Abad.
Las situaciones climáticas extremas obligan a una gestión forestal diferente
La Consejería enmarca estas actuaciones en una estrategia más amplia de adaptación. "Las evidencias científicas indican que las situaciones climáticas van a ser cada vez más extremas y requieren una gestión forestal diferente", afirma Vázquez. Detrás del operativo hay programas de investigación, incluidos proyectos europeos del programa Life, para compartir prácticas en el Mediterráneo.

Un operario tala uno de los árboles secos de la zona de actuación en El Valle. / L.O.
Coordinación con propietarios privados
El consejero incidió en que la recuperación de las masas forestales no puede abordarse solo desde los montes de titularidad pública, entre otras cosas y tal y como informó La Opinión, porque entre el 60% y el 70% de la superficie forestal de la Región pertenece a propietarios privados, lo que obliga a mantener una relación “permanente” entre la Administración autonómica y esos titulares.
"Hay montes públicos, montes privados, montes donde la encomienda privada del mantenimiento es pública, por tanto la relación entre propietarios privados y Administración regional es permanente", explicó. En ese marco, la Consejería mantiene líneas de ayuda específicas para que los propietarios puedan ejecutar actuaciones de sanidad forestal, clareos, apeos selectivos y retirada de biomasa en sus fincas, especialmente en aquellas zonas donde el debilitamiento por sequía ha favorecido la aparición de plagas.
Vázquez subrayó que, aunque la titularidad no sea pública, la Administración puede actuar en coordinación con los dueños para garantizar que las intervenciones sigan criterios técnicos homogéneos y se integren en la estrategia regional. El objetivo es evitar "islas" sin tratamiento que puedan convertirse en focos de propagación del tomicus o en puntos de riesgo ante un eventual incendio. En un contexto de afección generalizada —esas 35.000 hectáreas— la implicación del ámbito privado se considera clave para asegurar la continuidad ecológica de los montes y la eficacia real del operativo.
La imagen de los pinos que vuelven a verdear no oculta la magnitud del desafío. La sequía ha dejado cicatrices visibles y la plaga sigue activa en plena época de emergencia de adultos, pero el cambio de tendencia meteorológica y la intervención coordinada ofrecen una ventana de oportunidad.
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