Biodiversidad
El gato montés, un fantasma en Sierra Espuña en riesgo de declive
Un estudio pionero confirma una población genéticamente pura
La interacción con gatos domésticos, el mayor desafío de conservación

Un ejemplar de gato montés capturado para geolocalizarlo y extraerle muestras. / CARM
El silencio del monte suele ocultar historias que apenas se cuentan. Entre ellas, la del gato montés (Felis silvestris), un carnívoro esquivo que habita los bosques y sierras de la Región de Murcia y cuya situación real sigue envuelta en incógnitas. Los últimos trabajos científicos empiezan a arrojar luz, pero también alimentan la preocupación: hay pocas certezas, muchas preguntas y amenazas que podrían resultar irreversibles.
El estudio encargado por la Dirección General en 2022, aún en marcha, pretende ofrecer la primera radiografía detallada de la especie en el entorno del Parque Regional de Sierra Espuña. El objetivo es doble: analizar la conectividad ecológica entre espacios protegidos utilizando al felino como especie indicadora y determinar su estado genético y sanitario en el parque y áreas próximas. Hasta ahora, los datos no permiten saber si la población crece o disminuye, pero sí establecen un punto de partida imprescindible.
Andrés Muñoz, director conservador del parque y técnico responsable en la Subdirección General de Biodiversidad, Áreas Protegidas y Acción Climática, resume el alcance del trabajo: "No se había hecho antes un estudio con este nivel de detalle; ahora tenemos una primera radiografía del estado de conservación".
Las 12 muestras biológicas válidas confirman al menos nueve individuos —seis machos y tres hembras— genéticamente puros, sin rastros de hibridación. Es una buena noticia, aunque insuficiente para cantar victoria.
La población real de esta especie en la Región de Murcia sigue siendo una incógnita
La investigación también ha permitido conocer mejor el territorio del felino. El tamaño de sus dominios vitales es muy variable y depende de la disponibilidad de presas, especialmente el conejo. En zonas con abundancia de alimento, los territorios se reducen; en áreas de escasez, los animales amplían sus desplazamientos. Esta dinámica evidencia la necesidad de unidades de conservación amplias y, sobre todo, de corredores ecológicos que conecten espacios protegidos y no protegidos. Los gatos monteses, recuerdan los técnicos, no entienden de fronteras administrativas.
Otro hallazgo relevante apunta a la relación entre el felino y los paisajes agrarios tradicionales, donde la presencia de micromamíferos puede convertirse en una fuente estable de alimento.
Sin embargo, esa proximidad a zonas humanizadas abre la puerta a uno de los riesgos más temidos: el contacto con gatos domésticos y ferales.
Desde el punto de vista genético, la ausencia de hibridación en el área estudiada supone un alivio, sobre todo porque trabajos previos en puntos concretos de la Región detectaron porcentajes elevados de mezcla. Pero el peligro sigue latente. "La pérdida de pureza genética podría suponer, a largo plazo, la desaparición de la especie tal y como la conocemos", advierten los investigadores.
El seguimiento sanitario refuerza esa preocupación. Los ejemplares capturados y marcados con GPS dieron positivo en enfermedades típicas de gatos domésticos, lo que indica interacción indirecta. La distribución de colonias felinas y la presencia de animales errantes aumentan la probabilidad de contagio y, en escenarios de baja densidad de gatos salvajes, también la hibridación.
Para Muñoz, la prioridad es mantener la vigilancia y repetir el estudio en el futuro: "Lo técnicamente adecuado sería repetirlo cada ocho o diez años para ver la tendencia". Mientras tanto, el parque comunica a los ayuntamientos la detección de colonias para su retirada o traslado, una medida compleja que depende de recursos y coordinación administrativa.
Las organizaciones ecologistas miran el panorama con cautela. Ecologistas en Acción advierte de que la especie tiene una distribución regional muy limitada y amplias zonas forestales donde su presencia es incierta. Su portavoz, Rubén Vives, sostiene que el principal problema es el desconocimiento: "Urge saber qué está pasando. Sin diagnóstico no se pueden tomar medidas", advierte.
¿Un retroceso en España?
El contexto nacional tampoco despeja las dudas. Existen trabajos para cartografiar la distribución del felino en España, pero aún no se conocen tendencias poblacionales claras. La conservación del hábitat ha actuado como efecto tampón, evitando un deterioro mayor, aunque no garantiza el futuro.
Algunas investigaciones a nivel nacional alertan de que el gato montés en España sufre un declive poblacional "gravísimo", estando próximo a la extinción en zonas de Andalucía y con poblaciones muy bajas en otras partes de la Península Ibérica. Las principales causas incluyen la ya citada hibridación con gatos domésticos, la pérdida o fragmentación de hábitat, y también la caza ilegal, los atropellos y la disminución de presas como el conejo.
En ese escenario, el gato montés en la Región permanece como un símbolo de biodiversidad discreta y vulnerable. Un animal difícil de ver, incluso de estudiar, que obliga a la ciencia y a la gestión pública a moverse entre indicios. La paradoja es evidente: cuanto más invisible resulta, mayor puede ser el riesgo de que su declive pase desapercibido.
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