Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Efeméride

Sesenta años de la pérdida de la fragata Ariete

El 24 de febrero de 1966, la embarcación partió de Ferrol hacia Cartagena, pero una intensa borrasca la dejaría finalmente varada un día después en la Playa de Ardeleiro

Sesenta años de la pérdida de la fragata Ariete

Sesenta años de la pérdida de la fragata Ariete

Diego Quevedo Carmona

Al término de la Guerra Civil española, los buques que sobrevivieron a ella resultaban ya bastante obsoletos, por lo que una de las prioridades de la Armada era la adquisición de nuevas unidades o, mejor aún, acometer la construcción del mayor número de ellas en astilleros nacionales, con el fin de tratar de potenciar la industria naval. En ese orden de cosas, se redactaría en 1942 un ambicioso Programa Naval que, entre otras metas a alcanzar, contemplaba la construcción de una serie de torpederos y corbetas, amén de algunas unidades menores. Los primeros, a los que pertenecía el Ariete, serían inspirados en el proyecto francés de la clase ‘Le Fier’ y serían encargados al por entonces llamado Consejo Ordenador de Construcciones Navales Militares, que decidió que toda la serie se hiciera en la factoría de El Ferrol, por entonces del Caudillo.

Sesenta años de la pérdida de la fragata Ariete

Sesenta años de la pérdida de la fragata Ariete

Las obras se demorarían por diferentes motivos, sobre todo por cambios en el proyecto derivados del desarrollo de la tecnología naval, pero principalmente por el aislamiento internacional al que estaba sometido España, que provocó los primeros retrasos e incluso el cambio de nombre del astillero que pasó a tomar el de Empresa Nacional Bazán.

Sesenta años de la pérdida de la fragata Ariete

Sesenta años de la pérdida de la fragata Ariete

La serie de torpederos al completo –que lucirían las numerales de costado D31 a D39– sería reformada respecto al proyecto original, merced a los acuerdos suscritos con los Estados Unidos el 26 de septiembre de 1953 y el llamado Plan de Modernización, que entraría en vigor unos años después, en 1957.

Si bien los cuatro primeros de la serie serían modernizados después de su entrega, los cinco restantes lo serían mientras duraba su construcción, de modo que serían entregados a la Armada ya con las mejoras previstas.

Todos ellos –torpederos en un principio, como hemos visto– serían con el tiempo reclasificados como cazasubmarinos primero (Por O.M. de fecha 29 de julio de 1955), como destructores antisubmarinos posteriormente y, más tarde aún, como fragatas rápidas.

Características

Las características básicas de toda la serie eran las siguientes : desplazamiento, 1542 toneladas; eslora, 93,93 metros; manga, 9,5 metros; puntal, 5,20 metros, y calado, 4,5 metros.

Su propulsión corría a cargo de un par de turbinas Tateau-Bretagne, con una potencia de 30.000 caballos, que le imprimían una velocidad cercana a los 30 nudos. Su autonomía era de unas 3.800 millas, a la velocidad económica de 14 nudos, siendo su armamento principal el de dos cañones automáticos de 76,2 m/m a popa, situados uno sobre la cubierta principal y otro sobre la 01, y dos piezas antiaéreas Bofors de 40,7 m/m, situadas una a proa del puente y otra a popa de la chimenea popel. Completaban el armamento dos erizos de 24 cargas MK-11, ocho morteros lanzacargas de profundidad MK-6, dos varaderos y dos canastas para torpedos antisubmarinos. Es decir, un armamento muy completo y variado teniendo en cuenta las dimensiones –más bien escasas– de la plataforma; de hecho sería toda la serie conocida en la Armada con el cariñoso apodo de los ‘Biscúter’, pequeño coche que se comercializaba entonces.

Por lo que respecta al buque que nos ocupa, el Ariete (D36), se arboló su quilla el 3 de agosto de 1945, siendo botado casi 10 años después, nada menos: el 24 de febrero de 1955, debiendo pasar otros seis años hasta ser entregado a la Armada, pues no lo sería hasta el 7 de febrero de 1961, suponiendo ser la sexta unidad del total de nueve gemelos.

Toda la serie resultarían ser unos barcos modestos para la época, pero que vinieron a cubrir una etapa importante de nuevas construcciones, paliando así la escasez de unidades, pues en aquellos años, aunque ya se empezaba a sentir la ayuda americana, aún quedaban algunas otras supervivientes de la contienda civil, que tocaba reemplazar.

Las nueve unidades que formaban la serie al completo, la Armada decidió que quedasen basadas en Cartagena y, en consecuencia, la mayoría de sus dotaciones eran también de la ciudad departamental o de localidades de la Región. El hecho de haber sido construidos en Ferrol suponía que cuando se trataba de someter alguna unidad a obras de envergadura se ordenara que ésta se desplazara hasta el Arsenal gallego, dado que los operarios que trabajaron en su construcción estarían más familiarizados con los diferentes servicios de a bordo.

El fatídico 25 de febrero de 1966

Así, a finales de febrero de 1966, tras un largo periodo de obras en Ferrol que había incluido la Navidad de 1965, una vez finalizadas, se ordenó que el Ariete se reincorporase a su actividad diaria en su base de Cartagena, comenzando el tránsito entre Arsenales el día 24. Esa misma tarde, una intensa borrasca se dejaría sentir en toda la zona de la costa atlántica gallega, desatándose un fuerte temporal que arreciaría de madrugada, castigando severamente al Ariete. A consecuencia del mismo, éste quedaría sin propulsión y a merced del temporal, lanzando los primeros mensajes de auxilio, al que acudiría en primer lugar el Camporraso, un petrolero de Campsa que navegaba por la zona, que lograría darle remolque al Ariete, cuyo cable partiría al poco. Saldría en su auxilio entonces desde Marín la fragata Vicente Yáñez Pinzón, cuyo intento de remolque también resultaría infructuoso, dadas las pésimas condiciones de mar y viento reinantes en la zona. Poco a poco, la mar y el viento arrastraban al indefenso Ariete, cuya suerte estaba echada, como una cáscara de nuez hacia las rocas, donde quedaría finalmente varado en la Playa de Ardeleiro, en la zona de Los Meixidos, conocido por la gente de la mar como la necrópolis del océano, en plena Costa de la Muerte, por la gran cantidad de naufragios de los que ha sido testigo con el paso de los años. Era el viernes 25 de febrero de 1966, hecho del que hoy se cumplen 60 años.

Aunque no hubo que lamentar pérdidas humanas, en el momento de quedar varado el buque, 168 hombres se encontraban a bordo. Todos ellos serían rescatados por los habitantes de las localidades próximas, lo que le valió a la localidad de Muros, el añadir al lema de su escudo ‘Muy noble y muy leal la leyenda y muy humanitaria’.

Los supervivientes

De todos aquellos náufragos, y debido al tiempo transcurrido desde el accidente, la mayoría ya fallecieron, pero al menos dos hemos podido localizar y entrevistar –creemos que no quedan más supervivientes, al menos en Cartagena–: el entonces cabo 1º de maniobra José A. Quijada León, que cuenta actualmente con 87 años, y el entonces sargento radiotelegrafista Diego Heredia López, que a sus 93 años aún recuerda con emoción el momento en el que el comandante, capitán de corbeta Francisco Carrasco Ruiz, le ordenó transmitir el mensaje que ningún comandante de una unidad quiere nunca ordenar, como es el informar a la Jefatura de la Armada que ha decidido determinar abandonar el buque, por hallarse éste en situación irremediablemente perdido.

El testimonio de estos dos supervivientes, cuyos ojos se humedecen al recordar lo vivido, permanece vivo en sus memorias a pesar del tiempo transcurrido, y es que protagonizar un naufragio en primera persona es algo imposible de olvidar. Incluso otro superviviente –fallecido recientemente– me vino a afirmar que en el momento de la pérdida del buque, la Armada decidió licenciar a aquellos marineros que les quedaban solo un par de meses de mili, y que todos renunciaron a ello, diciendo que «habían venido a servir a España 24 meses, no 22».

Tracking Pixel Contents