Seguridad
Ratoneras a cielo abierto: los 'puntos calientes' de la Región sin control y bajo riesgo por incendios o tormentas
Las escapadas a zonas sin vigilancia pueden convertirse en trampas en minutos por sus accesos limitados y el riesgo de colapso en la evacuación

Algunos de los 'puntos calientes' que tiene la Región en caso de que se produzca un incendio o una inundación. / L. O.
Son ‘puntos calientes’ de la Región de Murcia que se repiten cada fin de semana y donde se acumulan numerosas personas en cuanto llega el buen tiempo o se celebra un día o evento concreto: ramblas convertidas en aparcamientos de caravanas, calas sin vigilancia donde se baja buenamente se puede, pozas naturales masificadas, cañones con desfiladeros aislados... Lugares que, en un día normal, parecen una escapada barata, pero que con una riada repentina o un cambio de viento en un fuego pueden transformarse en una auténtica ratonera en cuestión de minutos.
El incendio de Cabo Tiñoso del pasado fin de semana puso de manifiesto que catástrofes naturales de este tipo, totalmente incontroladas e imprevisibles, pueden en cualquier momento dejar en jaque a los que se encuentren en unas inmediaciones que no tienen vigilancia.
Por desconocimiento, por no tener en cuenta el riesgo que pueden suponer al no estar vigiladas o ni si quiera contar con una base cercana de efectivos de Emergencias: todo suma en el clásico ‘aquí no pasa nada’… hasta que pasa. Y los siguientes puntos son algunos de los ejemplos concretos del riesgo que puede suponer en caso de que se den estas incidencias.

Autocaravanas estacionadas en La Azohía de Cartagena, en una fotografía tomada esta semana tras el incendio. / Loyola Pérez de Villegas
Las ramblas, el enemigo conocido
Una de las ramblas que más preocupan es la de la Azohía (Cartagena), que funciona en muchos de sus tramos como un gran aparcamiento improvisado para caravanas y furgonetas. En un incendio como el de Cabo Tiñoso, se convierte en un cuello de botella ante una pista estrecha, humo, viento y decenas de vehículos intentando salir a la vez. Y cuando llegan lluvias intensas, el cauce seco puede convertirse en un torrente.
Una, dos, tres, cuatro, cinco... Así hasta decenas de caravanas tuvieron que ser evacuadas una a una el pasado fin de semana tras el avance del rápido incendio que iba devorando hectárea a hectárea en la Sierra de La Muela y Cabo Tiñoso. La idea de pasar la noche del 14 de febrero, San Valentín, acampados bajo las estrellas y a los pies de la montaña en una de las 70 autocaravanas que se llegaban a acumular en la rambla de la Azohía se truncababa a medianoche.
Los agentes del Grupo Operativo Especial de Seguridad de la Policía Local de Cartagena (GOESC) tenían que evacuar este parking ilegal para garantizar la seguridad de las personas que se encontraban en este punto. Si las llamas hubiesen seguido avanzando ladera abajo en cuestión de minutos, impidiendo a los vehículos poder salir de esta zona, el resultado podría haber resultado trágico.
Los vecinos de la zona llevan ya años cansados de estos ‘campistas’ (suelen ser en su mayoría extranjeros como alemanes, ingleses, franceses e italianos) que conocen a través de redes sociales esta zona para estacionar el vehículo aprovechando la ausencia de bañistas en la playa, haciendo de la localidad costera su segunda residencia a pesar de que no existe ningún tipo de regulación o autorización para que puedan hacerlo al menos de forma legal. Días después del susto, varias autocaravanas seguían acampadas en esta misma zona de La Azohía.
Para ejemplo de lluvias torrenciales, el del temporal de abril de 2019 que dejó más de 90 litros por metro cuadrado: policías y bomberos tuvieron que rescatar a un matrimonio que permanecía dentro de una autocaravana estacionada que quedó atrapada en el cauce de la rambla. Meses atrás, en septiembre de 2025, la Policía Local ya avisó a los conductores de vehículos y autocaravanas que abandonaran el cauce de la rambla de La Azohía ante el riesgo de desbordamiento por fuertes tormentas.
Dos veinteañeros atrapados en Cala Cerrada
Otro de los casos más complicados a los que se tuvo que hacer frente esa noche fue el de dos jóvenes de 22 años de edad que se encontraban cenando en Cala Cerrada, y ante el temor de la cercanía del incendio, se refugiaron en una cueva a la espera de novedades. Tras avisar a los servicios de Emergencias, la evolución positiva del fuego hizo que el Servicio Marítimo de la Guardia Civil pudiese rescatarlos a través del mar sobre las dos y media de la madrugada. Posteriormente, ya fuera de peligro, fueron trasladados al Puerto de Mazarrón. Horas después (ya al día siguiente), la pareja de jóvenes pudieron reencontrarse con los agentes de la Benemérita que les sacaron de la zona fundiéndose en un abrazo de agradecimiento y gratitud.
También la Rambla del Picacho, en la falda de la Sierra de Las Morenas de Mazarrón, da acceso a diversas calas como la Amarilla o la Leño. La historia se repite: aquí algunas personas la utilizan para acercarse con estos mismos vehículos.
El riesgo es elevado al ser un camino estrecho, sin servicios y con pendientes, por lo que cualquier lluvia o desprendimiento puede dejar atrapados a los vehículos, que quedarían expuestos al agua o a un posible incendio forestal.
De hecho, hace unos años una persona que iba en caravana se quedaba atrapada porque las rocas le impedían continuar. Tuvo que llamar al 112 para informar de la situación porque su compañía de seguros no se hacía cargo por estar en un camino sin autorización para circular.

Página del 8 de septiembre de 1989 de La Opinión informando de la riada en Mazarrón. / L. O.
Pero si los mazarroneros tienen mal recuerdo de una rambla en concreto, esa es la de Bolnuevo, cuando en septiembre de 1989 una violenta riada se llevó por delante el camping que se situaba en el cauce, arrastrando caravanas, tiendas y vehículos hasta el mar y causando la muerte de al menos dos personas.

Bomberos en un incendio en la Cresta del Gallo de Murcia, en mayo de 2024. / L. O.
La cara ‘b’ de Carrascoy
A priori, la zona del Valle de Carrascoy de Murcia es segura para los usuarios, pero esconden muchas zonas donde la intervención de los servicios de emergencias podría ponerse seriamente en apuros debido a la dificultad para llegar hasta ellos. Los bomberos forestales apuntan a zonas como La Umbría (por no tener camino propio, solo sendas).
También ‘zonas de interfaz’ (que cuentan con viviendas) como Torre Guil, la Ermita de San Antonio el Pobre, Camino de los Puros o de los Serranos tienen accesos limitados y vegetación continua que puede favorecer la propagación rápida del fuego. La subida a Los Teatinos, en el entorno de la Cresta del Gallo, cuenta con chalés en una franja especialmente expuesta.
En caso de incendio, una única vía de subida puede complicar la evacuación, apuntan los bomberos forestales. La llamada ‘pista de los forestales’ o Camino de la Cueva Vera es otro acceso especialmente problemático.

Vista aérea de Cala Cerrada en Cartagena. / L. O.
Montes y calas de Cartagena
A la vista está que la Sierra de la Muela, Cabo Tiñoso y Roldán en Cartagena (a tenor de lo ocurrido el pasado fin de semana) tienen puntos críticos que, de un momento a otro, pueden asolar decenas de hectáreas si las llamas van acompañadas de fuertes rachas de viento.
Bomberos forestales de la Región tienen claro que La Muela puede convertirse directamente en «una ratonera» porque «solo dispone de un camino de acceso, empinado y estrecho».
En el entorno de Cabo Tiñoso y sus calas (como la Salitrona, Bolete Grande y Bolete Chico) también las distintas evacuaciones se complican por la dificultad de llegar hasta ellas.
También en las inmediaciones de Los Belones y el Cabezo de la Fuente, cuyos caminos que conducen a la conocida como la Cara de las Mulas, obligan a transitar a pie por sendas estrechas. Al igual que ocurre en Cala Cerrada, en caso de incendio, la evacuación podría resultar extremadamente complicada.

Desfiladero del Cañón de Almadenes. / L. O.
Almadenes, en el punto de mira
Más allá de sus rutas a pie y en kayak que sí que cumplen con las medidas de seguridad, el enclave por el que discurre el río Segura entre Cieza y Calasparra tiene varios puntos ‘ciegos’ que pueden convertirse en una trampa si llega una avenida o un incendio, señalan los expertos.
El gran problema es ese: su inmensidad y zonas de paredes de hasta 150 metros propensas a riesgos durante descensos de aguas bravas si no se toman precauciones provoca un ‘encajonamiento’ por pocas salidas y evacuaciones difíciles.

Poza principal de Fuente Caputa, en Mula. / L. O.
El peligro de ir a las pozas
Distintas pozas naturales como las de Fuente Caputa en Mula o las del Río Chícamo (Abanilla) han atraído durante décadas tanto a bañistas y senderistas a pesar de sus complicados accesos. Aquí, la falta de carreteras y la orografía hacen que un fuego, un temporal de lluvias inesperado con una avenida súbita de agua o un desprendimiento conviertan la zona en otra ratonera.
La dificultad del acceso hasta las pozas que atraen, sobre todo en los meses fuera de invierno, a decenas de parejas, familias y amigos, explica la dificultad en casos de rescate. Sin ir más lejos, una senderista se torcía el tobillo hace unos años en Fuente Caputa y tenía que intervenir un helicóptero con rescatadores para poder evacuarla porque no se podía acceder con vehículo al lugar donde se encontraba.

Embalse de la Cierva. / L. O.
La trampa de los embalses
Otro clásico del ocio informal en nuestra tierra son aquellos embalses y sus orillas: el de la Cierva en Mula, el de Santomera, el de Puentes y Valdeinfierno (ambos en Lorca) o el Argos-Alfonso XIII de Cehegín... Muchos de ellos cuentan con zonas de paseo, pesca o picnic donde en ocasiones llegan a acampar caravanas o furgonetas...
El riesgo aquí no siempre se percibe porque el agua parece estable, pero puede haber desembalses -como los de los últimos días-, cambios de caudal, orillas fangosas y puntos de difícil acceso.
Factores como las altas temperaturas, la baja cobertura o el baño fuera de zonas autorizadas puede complicar en caso de que haya un fuego y humo que corten los accesos y no permitan ver por dónde ir.
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