Tiempo
El cambio climático redefine los inviernos de la Región de Murcia
Los expertos reclaman una estrategia con horizonte 2050 para afrontar las danas destructivas y las sequías extremas del litoral murciano

El viento ha azotado estos días distintos municipios de la Región. / EFE
El invierno ha decidido no dar tregua. Desde diciembre, una sucesión casi encadenada de borrascas ha alterado el pulso atmosférico de la Península Ibérica y ha devuelto a la Región de Murcia a una inestabilidad que alterna lluvias persistentes, rachas intensas de viento y bruscos vaivenes térmicos. En cuestión de horas, el mercurio ha sido capaz de saltar de los 12 a los 25 grados al mediodía, mientras los embalses del Segura recuperaban un respiro largamente esperado y el campo miraba al cielo con una mezcla de alivio y cautela, consciente de que cada episodio puede ser decisivo para la campaña agrícola.
Diciembre y enero fueron más húmedos de lo habitual y este inicio de año tiene al viento como protagonista. Aunque el sureste no ha sufrido los peores temporales, el tren de borrascas ha dejado una huella apreciable en comarcas del Noroeste, el Altiplano y el Valle del Guadalentín. La cuenca del Segura almacena 449 hectómetros cúbicos, tras ganar 94 en la última semana, y se sitúa en el 39,4% de su capacidad. Es el porcentaje más bajo del país —la media nacional ronda el 77,3% y el promedio de la última década para estas fechas es del 53%—, pero supone un alivio tras meses de preocupación y restricciones encubiertas en el regadío y el abastecimiento urbano.
Para el director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante, Jorge Olcina, lo ocurrido encaja en el contexto actual. «Nos tenemos que acostumbrar a que, en el marco del cambio climático, los tipos de tiempo cobran cada vez más energía y tienden al extremo», explica. A su juicio, esa tendencia se manifiesta «por un lado en sequías más intensas y, por otro, en episodios de lluvias abundantes como los de este comienzo de 2026».
"La gestión del agua será clave ante una variabilidad que rompe con los patrones tradicionales", dice Olcina
Olcina subraya que existe una interpretación errónea del calentamiento global. «La gente ha pensado que significaba que ya no habría frío ni nieve, y no es así», advierte. Lo que cambia, señala, es la duración de la temporada fría, cada vez más corta, aunque concentrada en episodios que pueden ser intensos. El resultado es un clima mediterráneo «un poquito más extremo», con mayor contraste y energía acumulada en la atmósfera, algo que en el sureste se traduce en alternancia brusca entre sequía y temporales que tensionan infraestructuras y suelos.
En la Región, las borrascas atlánticas de poniente no siempre dejan grandes cantidades de lluvia en la franja litoral, pero sí han beneficiado a las cabeceras del Segura y a los sistemas montañosos del interior. Ese aporte ha permitido mejorar las reservas y, además, las abundantes precipitaciones registradas en la cabecera del Tajo garantizan el funcionamiento del trasvase Tajo-Segura «al menos durante dos años», destaca el catedrático, que insiste en que el momento actual es de relativa tranquilidad hídrica para el sureste y de oportunidad estratégica.

Un árbol cae entre dos coches en la calle Rubén Darío, Infante. / Enrique Carmona
Aun así, el experto lanza una advertencia. Este episodio húmedo no invalida la tendencia de fondo hacia una mayor irregularidad. «Tenemos que estar preparados para los momentos de sequía y también para estos momentos de bonanza, para aprovechar bien las aguas y hacer un uso racional», sostiene. Porque, recuerda, la experiencia reciente demuestra que tras un periodo lluvioso puede llegar otro marcadamente seco en apenas uno o dos años, con impactos económicos y sociales notables en la Región.
Ante este escenario, Olcina llama a la acción. «Ahora es el momento de sentarse científicos, técnicos y responsables políticos y elaborar un esquema del agua con horizonte 2050», plantea. La planificación, defiende, debe incorporar proyecciones climáticas cada vez más detalladas, prever el aumento de temperaturas y la creciente irregularidad de las precipitaciones, y diseñar estrategias flexibles capaces de adaptarse a esa variabilidad sin improvisaciones.
La Comunidad afrontará la próxima semana una tregua con un marcado aumento de las temperaturas
El climatólogo aboga por sacar la ideología del debate hídrico y apostar por una planificación «científico-técnica», coordinada por el Ministerio, que contemple todas las herramientas disponibles: mantenimiento de trasvases donde sean necesarios, posibles intercambios dentro de una misma cuenca, impulso decidido a la reutilización y depuración —en las que la Región es referente nacional— y, en zonas costeras, apoyo complementario de la desalación, junto a inversiones en modernización de regadíos y eficiencia.
«Estamos en un momento de bonanza; no hay restricciones ni agobio. Precisamente por eso es el momento idóneo para planificar con serenidad», concluye. Porque, advierte, la próxima secuencia seca llegará. Y Murcia, acostumbrada a vivir entre la escasez y el exceso, necesita anticiparse si no quiere que cada borrasca vuelva a convertirse en una prueba de resistencia colectiva y en un debate estéril que se repite década tras década.
"Es solo la punta del iceberg"
La Región de Murcia encadena semanas de inestabilidad poco habituales. Tras años marcados por la sequía, el paso continuo de borrascas ha traído lluvias, avisos por viento y un ambiente cambiante que sorprende por su intensidad y persistencia. José Antonio Parodi, portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología en Murcia, subraya que estamos en un contexto de cambio climático, aunque matiza que para determinar el papel exacto de este fenómeno en episodios concretos es necesario recurrir a estudios de atribución, que permiten calcular cuánto aumenta la probabilidad o la intensidad de ciertos eventos por las temperaturas globales más elevadas.
Nunca se puede atribuir un episodio al cien por cien al cambio climático, dado que la variabilidad ha formado parte siempre del clima, especialmente en el Mediterráneo y, más todavía, en el sureste peninsular.
La actual sucesión de frentes es atípica, apunta, no tanto por el paso de borrascas en invierno, algo habitual, sino por la persistencia y por los efectos adversos asociados, especialmente el viento intenso. Respecto al aumento de la temperatura del mar, Parodi aclara que su influencia en este episodio concreto es mínima, aunque sí tiene un efecto directo en las temperaturas mínimas estivales, sobre todo en las zonas costeras, donde amortigua los descensos nocturnos.
La Aemet advierte que la intensidad de eventos extremos irá en aumento y pide prepararse
La explicación de la serie de borrascas hay que buscarla en la configuración atmosférica atlántica: el anticiclón de las Azores se ha desplazado más al sur de lo normal, dejando vía libre para que las borrascas crucen la península por latitudes más meridionales. La ‘corriente en chorro’, situada también más al sur, propicia que el viento sea más intenso a distintos niveles de la atmósfera, y la persistencia de esta situación durante tantas jornadas es lo que Parodi califica de anómalo.
El portavoz de Aemet advierte de que esta inestabilidad es un recordatorio de que el clima está cambiando y de que es necesario prepararse. Parodi distingue entre mitigación, ligada a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, y adaptación, que implica asumir que el cambio ya está en marcha y adoptar medidas preventivas para afrontar la mayor frecuencia de fenómenos extremos. «Lo que estamos viendo es la punta del iceberg», apunta, insistiendo en que la intensidad y recurrencia de estos eventos puede aumentar en el futuro. La buena recepción de los avisos meteorológicos por parte de las autoridades y la respuesta preventiva de la ciudadanía son señales de que se empieza a tomar conciencia de esta nueva realidad.
A corto plazo, la Región disfrutará de una tregua. A partir de este domingo se impondrá un tiempo más estable, con la típica dorsal anticiclónica invernal y temperaturas inusualmente elevadas para la época, que podrían alcanzar los 25 o 26 grados, cuando la media ronda los 18. Esta fase de calma permitirá cierta recuperación antes de que los modelos pronostiquen nuevas oscilaciones, aunque aún con un alto grado de incertidumbre. Las predicciones estacionales para febrero, marzo y abril, elaboradas en coordinación europea, señalan una probabilidad del 60% de que el trimestre sea más cálido de lo normal en la Región, frente a un 10% de que resulte más frío. La tendencia confirma que los inviernos en Murcia son cada vez más cálidos: enero registró anomalía positiva, con una media de 9,7 grados frente a los 8,8 habituales, y diciembre también resultó ligeramente cálido.
Parodi insiste en que, pese a la tregua temporal, la frecuencia de episodios extremos tenderá a aumentar, por lo que la Región debe anticiparse a escenarios más imprevisibles.
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