Salud animal
La saliva que habla: la innovación murciana para anticipar enfermedades en los cerdos
Un proyecto interdisciplinar liderado por la Universidad de Murcia ha conseguido un sistema con IA con un 96% de precisión para diferenciar animales sanos y enfermos

Las muestras con saliva son mucho menos invasivas para los animales. / PigMarkSaL/UMU
Durante años, la sanidad animal ha dependido de la observación experta y de procedimientos invasivos para detectar enfermedades en las granjas. Hoy, sin embargo, una esponja, un algoritmo y una muestra de saliva pueden anticipar lo que antes solo se descubría cuando el problema ya estaba encima. Desde la Universidad de Murcia, un equipo multidisciplinar ha desarrollado una herramienta pionera que promete cambiar la forma de vigilar la salud del ganado porcino y, con ella, la gestión sanitaria de uno de los sectores estratégicos de la agroindustria española.
La responsable de buena parte de esta innovación es Ana María Gutiérrez, profesora titular del Departamento de Medicina y Cirugía Animal de la UMU. Junto al matemático Francisco Javier Ibáñez, ha liderado el desarrollo de un sistema basado en inteligencia artificial y aprendizaje profundo capaz de clasificar el estado de salud de los cerdos a partir del análisis de saliva. "Llevábamos muchos años trabajando con datos de laboratorio y apoyándonos en las matemáticas para intentar explicar qué estaba pasando", explica. "Intuíamos que había patrones, pero necesitábamos un volumen grande de muestras bien caracterizadas para saber si aquello tenía sentido científico".
Ese fue el punto de partida de un proyecto nacional que durante tres años ha monitorizado granjas en distintas zonas geográficas, con un objetivo claro: definir primero qué es la normalidad. "Si no sabes qué ocurre en una población sana, con sus pequeñas fluctuaciones naturales, tampoco puedes afirmar después que un cambio se deba a una patología", señala Gutiérrez. El equipo estableció rangos de referencia teniendo en cuenta variables como la climatología, la ventilación o el manejo de las explotaciones, antes de comparar esos datos con animales afectados por distintas enfermedades.
El proyecto lleva tres años monitorizando granjas en distintas zonas geográficas

Muestra de saliva para el proyecto PigMarkSal en una granja porcina. / PigMarkSaL/UMU
El resultado superó las expectativas. El sistema alcanza más del 96% de precisión al diferenciar animales sanos de enfermos y permite, además, clasificar los procesos patológicos. "Podemos distinguir entre animales enfermos que suponen un riesgo de contagio para otras explotaciones y aquellos que presentan patologías no infecciosas", resume la investigadora. Inflamaciones, artritis, abscesos, estrés por hacinamiento, mordeduras, afecciones digestivas o respiratorias entran dentro del abanico que la herramienta es capaz de detectar con fiabilidad.
Inflamaciones, artritis o afecciones digestivas, entre las patologías que puede detectar
La clave está en la muestra elegida. Frente a la extracción de sangre, un procedimiento estresante para el ganado porcino, la saliva se presenta como una alternativa sencilla y no invasiva. "Los cerdos son animales muy inteligentes y muy comunicativos", explica Gutiérrez. "Inmovilizarlos y pincharles la yugular les genera dolor y un estrés que se contagia al resto de la granja". En cambio, la recogida de saliva aprovecha su comportamiento natural: una simple esponja despierta su curiosidad y, en cuestión de minutos, varios animales participan en el muestreo sin alteraciones.
Aunque los biomarcadores concretos forman parte de una patente en proceso de obtener la licencia, la investigadora avanza que el sistema analiza marcadores inflamatorios, de estrés oxidativo y de estrés psicosocial, ofreciendo una visión "holística" del estado fisiológico del animal. Esa mirada global es, precisamente, uno de los grandes valores añadidos de la herramienta.
El impacto potencial es amplio. Desde la mejora del bienestar animal hasta la optimización de la bioseguridad y la reducción del uso innecesario de tratamientos veterinarios. "Es también un cambio de mentalidad", reconoce Gutiérrez. "Los laboratorios están acostumbrados a trabajar con suero, pero muchos equipos podrían adaptarse fácilmente a la saliva". En países como Estados Unidos, este tipo de muestras ya se utiliza de forma habitual, y en Europa su implantación avanza poco a poco.

Los investigadores principales del proyecto, Ana María Gutiérrez y Francisco Javier Ibáñez. / UMU
Además, el sistema no se limita al porcino. El equipo ya estudia su aplicación en ganado vacuno y caballos, y no descarta su utilidad en otros ámbitos. "La metodología es compatible con otras especies y con otros fluidos biológicos", explica la profesora. Incluso en medicina humana, donde ya se están mapeando enfermedades a partir de grandes bases de datos clínicos, este enfoque podría resultar especialmente útil en niños o pacientes geriátricos reacios a las extracciones sanguíneas.
Pese a ser pioneros en España, el proyecto es fruto de un esfuerzo colectivo. "Esto no es solo una patente", subraya Gutiérrez. "Aquí hay universidades, empresas del sector productivo, de análisis de datos, nutrición animal… bioquímicos, biólogos, matemáticos, ingenieros. Y por supuesto tenemos que agradecer la colaboración del sector porcino español, porque sin su implicación no estaríamos aquí".
Ahora, el reto es dar el salto definitivo al mercado. Ya sea a través de empresas que apuesten por su desarrollo o mediante su incorporación a los sistemas oficiales de monitorización sanitaria, la inteligencia artificial murciana está lista para escuchar lo que los animales llevan tiempo intentando decir.
Colaboradores
Esta herramienta forma parte del proyecto PigMarkSaL, una iniciativa de investigación aplicada cuyo objetivo es desarrollar una plataforma analítica para la monitorización sanitaria del ganado porcino a lo largo de todo el ciclo productivo mediante el uso de muestras de saliva no invasivas. En él participan diversos equipos y entidades, con la Universidad de Murcia (UMU) como líder, junto a la Universidad Autónoma de Barcelona, la empresa de análisis AcuvetBiotech, la consultora de datos PigChamp y la empresa de producción porcina CefuSA, además de la estrecha colaboración de los ganaderos implicados en la toma de muestras. El proyecto está financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, que ha apoyado su diseño experimental y validación en condiciones reales de campo.
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