Agricultura
Alerta sanitaria y comercial en Murcia por la entrada de naranjas egipcias con residuos prohibidos
El sector teme una pérdida de confianza del consumidor y una presión a la baja sobre los precios en origen

Preocupación en el sector agrario regional por las naranjas egipcias con productos fitosanitarios prohibidos / Gonzalo Ferres / Freepik
Las alarmas han vuelto a encenderse en los puertos europeos y, con ellas, las dudas en los hogares. En plena campaña citrícola española, la detección de residuos prohibidos en naranjas procedentes de Egipto ha reabierto un debate que los agricultores llevan meses poniendo sobre la mesa: hasta qué punto los acuerdos comerciales de la Unión Europea están comprometiendo la seguridad alimentaria, la viabilidad del campo y la confianza de los consumidores.
La Red de Alerta Rápida de la UE para Alimentos y Piensos (RASFF) ha notificado los primeros lotes de 2026 con incumplimientos graves. En concreto, un cargamento de naranjas egipcias fue interceptado en Italia con 0,21 mg/kg de Chlorpropham, un herbicida y regulador del crecimiento prohibido en la Unión Europea desde 2019, con niveles que multiplican hasta por 21 el límite máximo permitido. La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) advierte de que no se trata de un hecho aislado, sino de un patrón que se repite año tras año.
Los datos respaldan esa denuncia. Solo en lo que va de 2026, Egipto acumula ya siete notificaciones por incumplimientos sanitarios en frutas y hortalizas. En 2025 se registraron 131 interceptaciones, y en 2024 se alcanzó un récord histórico de 180 detecciones en los controles fronterizos europeos. El balance de los últimos cinco años eleva la cifra hasta 672 alertas, situando al país africano entre los principales infractores.
Un riesgo que no siempre se queda en la frontera
Desde la Región de Murcia, el secretario general de Asaja, Alfonso Gálvez, reconoce que la noticia no sorprende al sector, pero sí le preocupa profundamente. A su juicio, el simple hecho de que las analíticas oficiales detecten estas sustancias ya evidencia un riesgo real. "Cuando se da positivo en una muestra es porque hay presencia de productos prohibidos, pero el verdadero problema es lo que entra sin ser detectado y acaba en la cadena alimentaria", advierte. En esos casos, subraya, el peligro para el consumidor es serio.
"El verdadero problema es lo que entra sin ser detectado", advierte Asaja Murcia
Gálvez insiste en que estas alertas no solo afectan a los cítricos egipcios, sino que tienen un efecto colateral devastador: minan la confianza del consumidor en todos los cítricos, incluidos los producidos en España y en la propia Región de Murcia. El resultado puede ser una retracción del consumo, presión a la baja sobre los precios en origen y un nuevo golpe a la rentabilidad de las explotaciones agrarias.
A ello se suma el temor al fraude en el etiquetado. Según el dirigente agrario, muchos consumidores empiezan a preguntarse si realmente están comprando producto europeo con todas las garantías o si, por el contrario, están llevando a casa fruta de terceros países mal identificada.

Protesta de agricultores contra el Mercosur en las inmediaciones de la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo. / YOAN VALAT / EFE
Sustancias prohibidas desde hace décadas
Las materias activas detectadas en los controles europeos refuerzan esa inquietud. En los últimos años se han identificado en productos hortofrutícolas egipcios insecticidas y herbicidas prohibidos en la UE desde hace más de veinte años, como el clorfenapir, el phentoate o el profenofos, además de otros vetados más recientemente como el dimetoato, el clorpirifos, el flumetralin o el propio chlorpropham. Sustancias que los agricultores europeos tienen terminantemente prohibidas, pero cuyos residuos siguen apareciendo en productos importados.
Para el sector, esta situación supone una competencia desleal evidente. Los productores europeos asumen mayores costes y controles cada vez más estrictos, mientras entran en el mercado frutas de terceros países cultivadas con productos prohibidos y, en ocasiones, con menores exigencias de inspección.
La UE ha reducido del 20% al 10% las frecuencia de los controles a las importaciones de Egipto
La indignación ha aumentado tras conocerse que la Comisión Europea ha decidido reducir del 20% al 10% la frecuencia de los controles a las importaciones de naranjas egipcias. Una decisión que, según Gálvez, va "en la dirección contraria" a lo que exigiría la situación. A su entender, existe una incoherencia entre el discurso de Bruselas sobre seguridad alimentaria y las medidas reales que adopta para facilitar acuerdos comerciales.
El responsable de Asaja Murcia considera que el acuerdo con Egipto es un ejemplo claro de una política europea que prioriza intereses geopolíticos y comerciales, utilizando al sector agrario como moneda de cambio. En este sentido, denuncia que se hayan ampliado acuerdos sin estudios previos de impacto y sin contar con los agricultores, pese al enorme potencial productivo de países como Egipto y al apoyo que incluso reciben de la propia UE para mejorar sus infraestructuras.
No solo residuos: el peligro de las plagas
Más allá de los residuos químicos, Gálvez alerta de un riesgo añadido especialmente sensible para regiones productoras como Murcia: la entrada de plagas y enfermedades. Los cortos tiempos de tránsito desde países terceros facilitan la llegada de insectos vivos que pueden actuar como vectores de patologías devastadoras para los cítricos y otras producciones vegetales. Un escenario que, de materializarse, podría suponer un desastre para la sanidad vegetal y la supervivencia de muchas explotaciones.
Ante este panorama, las organizaciones agrarias reclaman pasar de las palabras a los hechos. Entre las propuestas que están sobre la mesa figuran incrementar hasta el 50% los controles físicos a los productos procedentes de países con reiterados incumplimientos y, si las alertas aumentan, cerrar temporalmente las importaciones de esos orígenes.
Pero Gálvez también señala a las grandes cadenas de distribución, que apuestan por producto más barato de terceros países aunque no ofrezca las mismas garantías. A su juicio, esa estrategia puede ser rentable a corto plazo, pero contribuye a desmantelar un sector estratégico y a poner en riesgo la salud de los consumidores. Todo ello, añade, en contradicción con los discursos europeos sobre sostenibilidad y reducción de emisiones, mientras se importan alimentos desde cada vez más lejos.
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