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Salud

Doctor Felices: "De nada sirve tener las arterias más limpias del cementerio si tu vida está vacía"

El médico murciano José Manuel Felices desmonta la "salud perfecta" de las redes y reivindica hábitos amables, realistas y sostenibles en su nuevo libro, 'Radiografía de una vida sana', que se presenta hoy en Murcia

El radiólogo murciano José Manuel Felices

El radiólogo murciano José Manuel Felices / Juan Carlos Caval

Miriam Alegría

Miriam Alegría

El médico radiológico y divulgador José Manuel Felices, conocido en redes sociales como Doctor Felices, presenta este martes su nuevo libro en el Aula de Cultura de la Fundación Cajamurcia en pleno debate por la nueva ley sanitaria y el malestar creciente entre los profesionales de la salud. En 'Radiografía de una vida sana' propone una mirada más humana y flexible sobre la salud, alejada de la obsesión por la perfección y centrada en vivir mejor sin culpa.

En plena polémica por la nueva ley sanitaria y con un malestar generalizado entre los médicos, lanzas tu libro sobre salud. Pero antes de meternos de lleno en este proyecto tengo que preguntarte, ¿crees que se está legislando más desde los despachos que desde la realidad de las consultas?

Absolutamente, y lo ocurrido con la negociación del Estatuto Marco es el ejemplo más doloroso. Se ha cometido el error histórico de intentar regular la profesión médica sin la presencia real de los médicos en la mesa de negociación. Es una paradoja peligrosa: se firman acuerdos con sindicatos generalistas que, aunque legítimos, no conocen la especificidad de una guardia de 24 horas, la responsabilidad civil de un diagnóstico o la carga mental de tener la vida de un paciente en tus manos cuando llevas 20 horas despierto. Legislar de espaldas a la realidad clínica no solo es una falta de respeto al profesional, es una imprudencia temeraria hacia el paciente. Porque un Estatuto que no entiende que la medicina no es una cadena de montaje, es un Estatuto que nace obsoleto y condenado a desmotivar aún más al motor del sistema, que está en las consultas, no en los despachos.

Muchos profesionales hablan de sobrecarga, deshumanización y falta de tiempo para el paciente. ¿Se puede cuidar la salud —propia y ajena— en un sistema que no deja respirar a quienes están dentro?

No, es imposible dar agua de un pozo seco. Ahora mismo el sistema se sostiene no por una buena gestión, sino por la reserva ética y vocacional de sus profesionales, pero esa reserva se está agotando. Pedimos humanización, empatía y "medicina invisible" —como defiendo en mi libro—, pero a la vez sometemos al médico a una presión asistencial industrializada. Si no cuidamos al que cuida, la cadena se rompe. Un médico agotado, burocratizado y ninguneado en sus derechos laborales pierde, inevitablemente, la capacidad de conectar con el paciente. Reivindicar nuestras condiciones no es un acto egoísta, es la única manera de garantizar que cuando tú o tu familia entréis en una consulta, encontréis a un profesional lúcido, descansado y capaz de ofreceros la excelencia que merecéis.

Legislar de espaldas a la realidad clínica no solo es una falta de respeto al profesional, es una imprudencia temeraria hacia el paciente

Presentas tu libro este martes en el aula de cultura de la Fundación Cajamurcia (en Gran Vía número 23 de Murcia) y desde el principio dejas claro que no es un manual de hábitos perfectos. ¿Qué te empujó a escribirlo ahora, en este momento social y sanitario?

Lo que me movió fue un deseo acompañar con los consejos que damos, en vez de lanzarlos al aire. En redes sociales tenemos avalanchas de consejos pero… ¿nos sirven? Para nuestra boda nos hacemos un traje a medida, ¿por qué en los hábitos de nuestro día a día aceptamos un traje talla única? Veo a diario a personas maravillosas que hacen un esfuerzo titánico por cuidarse, pero que a menudo lo viven desde la angustia o la presión por hacerlo todo perfecto. Escribí este libro para decirles: "Lo estás haciendo bien, pero existe una forma más eficiente (y amable) de cuidarse". Mi objetivo era ofrecer un mapa para que el lector entienda qué pasa en su cuerpo cuando toma un mal hábito y qué cambia cuando hace uno bueno. Que tenga el poder de entender qué hábitos son los que mejor le vienen y decidir con confianza cómo vivir más sano y feliz. Quería que el lector recuperase la ilusión por cuidarse.

Dices que estás cansado de la "vida sana perfecta" que vemos en redes. ¿Qué daño está haciendo ese mensaje a la gente que intenta cuidarse de verdad?

Está creando una parálisis por análisis y mucha frustración. Si crees que para estar sano tienes que levantarte a las 5 a.m., tomar tres suplementos, meditar una hora y cortar el brócoli de una manera específica, al final no haces nada porque es inasumible. Y lo peor: te sientes culpable. El cortisol que generas por esa culpa es más dañino que no hacer ese consejo tan llamativo que un influencer lanza buscando más su beneficio que el tuyo.

Mi objetivo era ofrecer un mapa para que el lector entienda qué pasa en su cuerpo cuando toma un mal hábito y qué cambia cuando hace uno bueno

En el libro desmontas la idea de que la salud es una analítica perfecta o cumplir una lista infinita de hábitos. Entonces, ¿qué es realmente estar sano para ti?

La salud es tener la calma mental para poder disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Es ser consciente del privilegio que tenemos si nuestra cabeza puede ocuparse de problemas que tienen solución, pues significa que no tenemos problemas mayores que no la tienen. La salud es un medio para vivir, no un fin en sí mismo. De nada sirve tener las arterias más limpias del cementerio si tu vida está vacía.

¿Crees que hemos convertido el autocuidado en otra fuente de culpa y autoexigencia más?

Totalmente. Hemos convertido el cuidarse en un trabajo más. "Tengo que" ir al gym, "tengo que" comer chía... Yo propongo cambiar el "tengo que" por el "puedo". Puedo decidir entrenar, puedo decidir comer verduras... Tener pereza previamente a ir a entrenar es el privilegio de no tener otro problema mayor que te impida siquiera plantearte ir a un gimnasio. Cuando lo haces desde el agradecimiento y no desde la obligación, la culpa desaparece y aparece el disfrute.

Uno de los ejes más potentes del libro es la prehabilitación y la historia del 'León sin rabo', inspirada en tu tío Antonio. ¿Por qué era importante contar esta historia de forma tan personal?

Porque mi tío me enseñó más medicina que los libros. Él tuvo un cáncer de esófago muy duro, pero nos demostró que uno puede prepararse para la tormenta. No se quedó esperando la cirugía con miedo; se entrenó física y mentalmente. Siempre se cuidó para prevenir, con lo que disminuyó las probabilidades de enfermar. Pero cuando enfermó, lejos de pensar que no había valido de nada, apretó en su esfuerzo para prehabilitar. Con esa prehabilitación aumentó sus probabilidades de recuperar su calidad de vida para seguir disfrutando de ella. Quería homenajear esa actitud porque creo que es la clave de la salud real.

Hablas de "entrenar" para una enfermedad igual que se entrena para una maratón. ¿Qué cambia cuando dejamos de sentirnos víctimas pasivas y asumimos un papel activo frente a la enfermedad?

Cambia todo. Pasas del miedo a la acción. La prehabilitación es entrenar en tiempo de paz para no improvisar en tiempo de guerra. Si tú entrenas fuerza y cultivas tu red de amigos hoy, cuando llegue el diagnóstico (porque a todos nos llega algo), tendrás una "reserva" física y emocional para aguantar el golpe y recuperarte antes. Dejas de ser víctima para ser protagonista de tu proceso. Aumentas de manera exponencial tus probabilidades de, en caso de enfermar, mantener tu calidad de vida.

¿Crees que esta mirada puede cambiar también la forma en la que acompañamos a alguien enfermo?

Sin duda. Nos ayudará a ver a los pacientes con orgullo y aprendizaje. Esa exposición a un evento adverso nos incitará a vivir con menos miedo, más preparación y más agradecimiento. Antonio no era "un enfermo de cáncer", era Antonio poniendo su esfuerzo en seguir disfrutando de su tiempo, sus hobbies y su familia. Eso ayuda mucho a la familia y más aún al paciente.

Dedicas un capítulo entero a una frase que no deja indiferente: "No conquistas nada con una ensalada". ¿Qué hay detrás de ese título tan provocador?

Una llamada a la sensatez. No conquistas nada con una ensalada... si te la comes solo, triste y mirando el móvil, mientras tus amigos están cenando fuera y tú te has quedado en casa por "ser sano". La salud social es tan importante como la nutricional y, por suerte, pueden ir de la mano si ponemos en el centro la compañía por encima de la comida.

La salud social es tan importante como la nutricional y, por suerte, pueden ir de la mano si ponemos en el centro la compañía por encima de la comida

¿Es peor para la salud una ensalada triste frente al ordenador que una pizza compartida entre risas con amigos?

Bioquímicamente, puede serlo. La soledad y la tristeza elevan el cortisol, que es inflamatorio. La risa y la conexión social liberan oxitocina, que protege el corazón. Obviamente no digo que comas pizza a diario, pero digo que el contexto importa. Esas calorías compartidas son "calorías para el alma". Cuídate en tu día a día y disfruta de la compañía plenamente.

En redes vemos rutinas imposibles y consejos nutricionales casi rituales. ¿Estamos consiguiendo que la gente coma peor por intentar hacerlo "demasiado bien"?

Sí, esos consejos en redes sociales son peligrosos porque fomentan la ortorexia nerviosa: la obsesión por tener que cumplir con una alimentación perfecta que nos lleva a comer kiwis con piel. Nuestra responsabilidad como médicos es fomentar la salud física, pero también mental. Si puedes comprar todas las semanas en el mercado y cocinar, ¡buenísimo! Ojalá pudiera yo. En cambio, si es más fácil para ti comer frutas congeladas o verduras en bote, fantástico. El único truco de verduras que conoce tu cuerpo es comerlas.

En consulta y en redes ves a mucha gente frustrada por no poder seguir esos hábitos ideales. ¿Qué le dirías a alguien que siente que nunca llega a hacerlo bien?

Que lo perfecto es enemigo de lo bueno. Que 15 minutos de ejercicio en el salón valen más que cero minutos pensando en ir al gimnasio. Que mejor una comida fácil de hacer pero rica en vegetales que estresarse por no tener superalimentos. La adherencia nace de hacerlo fácil. La constancia le gana la maratón a la genialidad.

¿Por qué crees que lo "espectacular" funciona tan bien en redes, aunque no sea práctico ni sostenible?

Porque nuestro cerebro es adicto a la novedad y a la promesa rápida. Vende más un "pierde 10 kilos en dos días" que un "construye músculo en dos años para tener buena vejez". Pero mi trabajo como médico es ser honesto, no viral a cualquier precio.

Vende más un "pierde 10 kilos en dos días" que un "construye músculo en dos años para tener buena vejez".

Hablas de una "medicina invisible": amigos, música y lugares. ¿Por qué estos factores, tan poco médicos en apariencia, son tan importantes para la salud?

Porque hay mucha bioquímica en nuestro entorno. Volver a tu pueblo, escuchar tu canción favorita o abrazar a un amigo cambia tus niveles hormonales y de neurotransmisores, lo que induce cambios cerebrales al instante. ¡Y no sólo cerebrales, también reduce la presión arterial y mejora la inmunidad! Es medicina gratis y no tiene efectos secundarios. Conocerlo es el primer paso para usarlo a nuestro favor.

Como radiólogo ves el interior del cuerpo cada día. ¿En qué momento te das cuenta de que la salud real está muchas veces fuera del hospital?

Cuando ves una resonancia "de libro", perfecta anatómicamente, en una persona que te dice que no tiene ganas de levantarse por la mañana. Y al revés: cuerpos muy castigados por la enfermedad pero habitados por personas con una luz y una fuerza que les hace estar más vivos que nadie. Ahí entiendes que el "hardware" no lo es todo y no nos podemos quedar únicamente en la salud física.

Cuentas cómo una canción puede bajar la ansiedad en quirófano o cómo volver a un lugar querido reduce el cortisol. ¿Estamos infravalorando el poder de lo emocional?

Absolutamente. Lo tratamos como algo bonito o poético, pero es fisiológico. Si gestionamos bien las emociones, necesitamos menos fármacos para el dolor o la ansiedad. Deberíamos animar a nuestros pacientes a disfrutar más canciones y más atardeceres como complemento a los tratamientos que indicamos.

Si gestionamos bien las emociones, necesitamos menos fármacos para el dolor o la ansiedad

El concepto del "rayo verde" atraviesa todo el libro. ¿Qué te gustaría que el lector descubriera sobre su propia vida cuando llegue al final?

Que todos tenemos un motivo para cerrar el día con gratitud, incluso en los días nublados. El rayo verde es ese instante de belleza o conexión que da sentido a haber pasado un nuevo día en este mundo. Me gustaría que el lector aprenda, gracias al rayo verde, a cazar esos momentos, porque son los que hacen grande la vida.

¿Crees que muchas personas son más felices de lo que piensan y simplemente no saben verlo?

Ese es el mejor aprendizaje que me he llevado del hospital. Un día me sorprendí siendo mucho más feliz de lo que pensaba que era. Los problemas del día a día (rayar el coche, un email desagradable, una mala cara del jefe) son problemas (de mierda) que duran, como mucho, un día. Acompañar a pacientes me ayudó a relativizar lo que me pasa. Su ejemplo es inspiración para agradecer cada momento y ser consciente de que para disfrutar no necesitamos grandes momentos, sino conexión con nosotros mismos y la compañía de quienes queremos.

Si tuvieras que resumir el mensaje del libro en una frase que le dirías a alguien del barrio, ¿cuál sería?

Yo pongo la medicina y tú pones la vida: vamos a aprender a cuidarnos para disfrutar, no para sufrir.

En un momento en el que todo parece exigente, rápido y perfecto, ¿qué significa para ti cuidarse bien sin dejar de disfrutar?

Significa flexibilidad. Significa que tus hábitos de salud encajen en tu vida, con tu trabajo y tus ambiciones, y no que tu vida tenga que encajar en una retahíla impuesta por la sociedad.

Incluso cuando enfermamos, defiendes que no tenemos por qué renunciar a una vida sana y feliz. ¿Es esa, al final, la gran idea que atraviesa todo el libro?

Exacto. Estar enfermo es una lotería biológica, nos puede tocar a cualquiera. Pero tener una vida sana es una actitud. Mis pacientes me han enseñado que se puede tener una enfermedad y, aun así, tener una vida plena, llena de amor y sentido. Esa es la verdadera radiografía de una vida sana.

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