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Viticultura

Riegos de socorro y seguros agrarios, entre las demandas

Los viñedos no se han recuperado de los tres años de sequía y el sector alerta: sin medidas estructurales la pérdida de viñedo será irreversible

Alfredo Candela (DO Yecla), Carolina Martínez (DO Jumilla) y Francisco Carreño (DO Bullas)

Alfredo Candela (DO Yecla), Carolina Martínez (DO Jumilla) y Francisco Carreño (DO Bullas) / L. O.

Alejandro Lorente

Alejandro Lorente

El sector vitivinícola de la Región de Murcia atraviesa un momento delicado, marcado por problemas estructurales que van más allá de una mala campaña o de un ciclo coyuntural de precios.

La sequía prolongada, la pérdida sostenida de superficie de viñedo y la falta de rentabilidad amenazan la continuidad de un cultivo que es mucho más que una actividad económica y que cumple una función clave en el equilibrio social, territorial y medioambiental de la Región de Murcia.

En comarcas como el Altiplano, donde se concentran las denominaciones de origen de Jumilla y Yecla, el viñedo es mayoritariamente de secano y ha sufrido con especial dureza los efectos de tres años consecutivos de sequía severa. Aunque las lluvias de los dos últimos años han generado cierta esperanza, desde el sector se insiste en que no se puede hablar todavía de recuperación. «Las viñas quedaron muy afectadas tras los años de sequía y muchas no se han recuperado del todo», advierte la secretaria gerente del Consejo Regulador de la DOP Jumilla, Carolina Martínez.

La consecuencia más visible es la pérdida progresiva de viñedo. En Yecla, según datos aportados por Alfredo Candela, gerente de Bodegas Barahonda y vocal del Consejo Regulador, se ha pasado de unas 14.500 hectáreas de viñedo a comienzos de siglo a alrededor de 6.500 en la actualidad.

En el ámbito de las denominaciones de origen, donde la uva se destina mayoritariamente a vino embotellado y mejor remunerado, la caída ha sido menor, pero la tendencia sigue siendo preocupante y constante.

El abandono del viñedo tradicional implica también la pérdida de paisaje, patrimonio cultural y población rural. «Cada hectárea que se arranca es territorio que se degrada y oportunidades que desaparecen», advierten desde el sector, que alerta del riesgo de sustitución del viñedo por cultivos intensivos, mucho más dependientes del agua y con menor arraigo territorial.

«Vemos con perplejidad cómo crecen en este territorio (el Altiplano) los cultivos intensivos de hortícolas de empresas de fuera», advierte Carolina Martínez, que urge a diseñar un plan de ordenación del territorio y de usos agrícolas que «atienda a la realidad hídrica de la comarca del Altiplano, y proteja sus recursos naturales y su paisaje».

Otras de las principales reivindicaciones es el acceso a riegos de apoyo, sociales o de socorro, como herramienta para garantizar la supervivencia del viñedo en años extremos. En Bullas, su presidente Francisco Carreño insiste en que estos riegos son una medida estratégica frente a la incertidumbre climática: «La irregularidad es lo que más daño hace al agricultor, porque genera inseguridad y abandono».

Seguros agrarios

A ello se suma la necesidad de reforzar los seguros agrarios en zonas de alto riesgo climático, mejorar las ayudas al mantenimiento del viñedo viejo y reconocer de forma efectiva el valor social y medioambiental del sector.

«El vino no solo se debe medir en términos económicos; tiene una dimensión social y ambiental que no se está valorando lo suficiente», subraya Carreño, que reclama una visión más amplia por parte de las administraciones públicas.

El sector pide, además, políticas estables y decisiones a largo plazo, que superen los ciclos políticos y ofrezcan certidumbre. Sin una planificación hídrica adaptada a la realidad del territorio, sin herramientas frente al cambio climático y sin un respaldo claro al viñedo de secano, advierten, el riesgo es que el viñedo tradicional desaparezca progresivamente. Y con él, una parte esencial de la identidad murciana.

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