Viticultura
La promoción exterior del vino murciano, atrapada en la burocracia
El sector alerta de que la complejidad administrativa deja fuera a más del 70 por ciento de las bodegas de denominación de origen

La Hermana de Jumilla y sus alrededores están llenos de viñedos, el corazón de la DO. / DO JUM
Las ayudas públicas para la promoción del vino en mercados exteriores se han convertido en una herramienta estratégica para las denominaciones de origen murcianas. Sin embargo, también en un camino cada vez más estrecho, complejo y selectivo, que deja fuera a buena parte del tejido bodeguero regional. El reparto de fondos aprobado recientemente en la Conferencia Sectorial de Agricultura, en el marco de la Intervención Sectorial Vitivinícola (ISV), ha vuelto a poner sobre la mesa una paradoja que preocupa al sector: son ayudas imprescindibles, pero cada vez más difíciles de solicitar.
En la Región de Murcia, donde conviven tres denominaciones de origen de reconocido prestigio —Bullas, Jumilla y Yecla—, la promoción exterior es casi una cuestión de supervivencia. El consumo interno se estanca, los mercados tradicionales se debilitan y el crecimiento pasa, inevitablemente, por terceros países. «Estas ayudas son fundamentales para ayudar a la promoción del vino murciano, porque permiten financiar acciones que de otro modo serían inasumibles para muchas bodegas», explica la secretaria gerente del Consejo Regulador de la DOP Jumilla, Carolina Martínez.
Ferias internacionales, campañas de imagen, catas, misiones comerciales o acciones con prescriptores forman parte de un abanico de actuaciones cuyo coste es elevado y cuyos resultados, además, no siempre son inmediatos ni fáciles de medir. «No es sencillo evaluar la eficacia de cada acción, y menos en un contexto de incertidumbre geopolítica y caída del consumo mundial de vino», apunta Martínez Origone, que defiende un «mix de acciones» adaptado a cada mercado, combinando promoción institucional con acciones claramente comerciales.
El propio Ministerio de Agricultura subraya en su comunicado la importancia de estos programas como palanca para reforzar la competitividad del vino español en el exterior. Sin embargo, en la práctica, el diseño y la aplicación de las ayudas están generando un efecto disuasorio en amplias capas del sector. Así lo advirtió la consejera de Agua, Agricultura, Ganadería y Pesca, Sara Rubira, durante su intervención en la Conferencia Sectorial, al mostrar su preocupación por la falta de claridad en los criterios de moderación de costes. «Nos preocupa que los beneficiarios conozcan las reglas del juego con claridad», afirmó, reclamando al Ministerio que facilite a las comunidades autónomas herramientas comunes para aplicar estos criterios sin más dilaciones.
Una inquietud que el sector comparte plenamente. En los últimos años, la gestión de estas ayudas se ha ido endureciendo, con controles europeos cada vez más estrictos, exigencias documentales complejas y una burocracia que desincentiva a muchas bodegas, especialmente a las más pequeñas. «Los solicitantes financian el cien por cien del programa durante todo un año y reciben el 50% de la ayuda más de seis meses después de finalizarlo, con la incertidumbre de si finalmente llegará», subraya la gerente de la DOP Jumilla, que advierte de que esta situación provoca renuncias y desistimientos.
El caso de Yecla ilustra bien el alcance del problema. Alfredo Candela, gerente de Bodegas Barahonda y vocal del Consejo Regulador, pone cifras a esa dificultad: de las cerca de 60 bodegas de denominación de origen en la Región, solo 17 solicitaron estas ayudas en la última convocatoria. Es decir, apenas un 28,3% del total. Un dato demoledor que refleja cómo la complejidad administrativa está dejando fuera a más del 70% de esta parte del sector vitivinícola regional.
Candela reconoce el valor de estos fondos — «han sido fundamentales para nosotros durante años»—, pero denuncia requisitos absolutamente inviables, como la obligación de presentar presupuestos detallados de acciones que se desarrollarán con más de un año de antelación, en mercados donde la planificación a tan largo plazo es irreal. «No se trata de regalar el dinero, sino de no poner condiciones y requisitos materialmente imposibles de cumplir», sentencia.
Desde Bullas, su presidente, Francisco Carreño, coincide en el diagnóstico. La acumulación de trámites y controles acaba provocando que, por debajo de cierto volumen de ayuda, «el coste administrativo sea mayor que el beneficio obtenido». Una situación que, en el caso de los pequeños, desvía y ocupa recursos humanos de la labor esencial de las bodegas: estar en los mercados, atender a los clientes y vender vino.
Pese a todo, el sector insiste en que estas ayudas no son un privilegio, sino una inversión estratégica. «Hablamos de un sector clave para la Región de Murcia, con un enorme valor económico, social y medioambiental», recordó la consejera Rubira, subrayando el papel de las denominaciones de origen como embajadoras del territorio. Un sector que exporta imagen, paisaje y calidad, pero que necesita reglas claras, seguridad jurídica y procedimientos proporcionados para no quedar excluido de una política pensada, precisamente, para apoyar su internacionalización.
Aranceles, Asia y Mercosur mueven el tablero internacional
La internacionalización del vino murciano avanza en un escenario cada vez más volátil. A la caída del consumo global se suma ahora la incertidumbre comercial derivada de los conflictos geopolíticos, el temor a nuevos aranceles -especialmente en Estados Unidos- y la redefinición de acuerdos como Mercosur. Un contexto que obliga a las bodegas y denominaciones de origen a diversificar mercados y afinar sus estrategias para no depender en exceso de un solo destino.
Estados Unidos sigue siendo uno de los destinos prioritarios para muchas bodegas murcianas, pero también el más imprevisible. Alfredo Candela reconoce que la amenaza de aranceles genera una enorme inseguridad entre los importadores. «Hay clientes que no saben cuánto les va a costar un contenedor cuando llegue al puerto», explica, lo que frena pedidos y dificulta cualquier planificación a medio plazo.
Ante esta situación, Asia gana peso como mercado estratégico. Japón se consolida como un destino estable y de alto valor, mientras que China, pese a su actual ralentización, sigue siendo un mercado con un potencial enorme. A ellos se suman países emergentes como Vietnam, Tailandia o Corea del Sur, donde el consumo de vino crece y existe interés por productos con identidad y calidad diferenciada.
Carolina Martínez, de la DO Jumilla, destaca también mercados como Canadá y Reino Unido, que, pese a su madurez, continúan ofreciendo oportunidades para los vinos con denominación de origen. A su vez, Latinoamérica vuelve a despertar interés, especialmente Brasil, un mercado que tanto desde Jumilla como desde Yecla se señala como prioritario si se reducen las barreras arancelarias y administrativas que todavía dificultan el acceso.
En este sentido, el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur se percibe más como una oportunidad que como una amenaza para el vino. «Las denominaciones de origen estarán protegidas y eso aporta un valor añadido que el consumidor está dispuesto a pagar», subraya Francisco Carreño, presidente de la DOP Bullas. No obstante, el sector reclama reciprocidad y cláusulas espejo para evitar competencia desleal y garantizar que las exigencias que se imponen a los productores europeos sean las mismas para los países terceros.
En un mundo «un poco loco», como lo define Carreño, la constancia y la presencia continuada en los mercados se convierten en claves. Estar, insistir y mantener la marca viva es hoy más importante que nunca para un vino murciano que busca consolidarse fuera en medio de la tormenta, apoyándose en la calidad, la diferenciación y el prestigio de sus denominaciones de origen como principales cartas de presentación.
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