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ENTREVISTA

Ramón Salaverría: "Prescindir de los periodistas y poner modelos de IA es dispararse en el pie"

El catedrático de Periodismo señala que la democracia se juega hoy en el espacio cognitivo, donde la desinformación es el arma más eficaz

Ramón Salaverría, en una imagen tomada este martes durante la entrevista.

Ramón Salaverría, en una imagen tomada este martes durante la entrevista. / Juan Carlos Caval

Las nuevas tecnologías han cambiado por completo la forma de vida en sociedad y las guerras. Desde hace décadas ya se habla de un ‘sexto espacio’ o espacio cognitivo en el que los rivales se enfrentan con el propósito de torpedear los cimientos que sostienen el sistema del país enemigo. Los modelos democráticos, propios de muchos de los países que integran lo que se conoce como occidente, son los más amenazados. Aquellas naciones autocráticas, nacionalistas o ejecutoras de movimientos imperialistas que justifican con ideas de hace dos siglos —la doctrina Monroe, ahora llamada por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, como ‘Donroe’—, buscan erosionar los regímenes liberales a través de la manipulación y el engaño de su propia población. En todo este entramado entran la desinformación, los bulos y el incentivo de las ideologías radicales en detrimento del diálogo y el centrismo que promueve la forma más utópica imaginable de democracia.

Sobre esta nueva forma de conflicto y los retos que plantea para el periodismo, la política y la ciudadanía reflexiona Ramón Salaverría Aliaga, catedrático de Periodismo de la Universidad de Navarra. El profesor, miembro de la Academia Europea (MAE) y experto del Consejo de Europa en la supervivencia de los medios periodísticos, imparte una conferencia en la Universidad de Murcia (UMU) sobre la defensa democrática en el ‘sexto dominio’.

La Región de Murcia acogerá el primer centro de emprendimiento en defensa cognitiva de España. ¿Por qué es importante?

Porque las guerras han cambiado mucho. Los conflictos bélicos clásicos se dirimían mediante el armamento, en un territorio que era conocido: la tierra, el mar, el aire y el espacio en los últimos años; pero se ha transformado radicalmente, se busca influir en la opinión pública de los países adversarios para generar determinados climas de opinión que se alineen con las ideas y los intereses del atacante. Esto es lo que se conoce como guerra cognitiva.

¿Quiénes están detrás de esta nueva forma de conflicto?

Una de las características que lo distinguen de las campañas tradicionales es que los actores prefieren estar ocultos para potenciar el impacto de la manipulación. En cualquier caso, hay una serie de países que utilizan todas estas estrategias para sus intereses. A escala global son principalmente China y Rusia, mientras que, en ámbitos más locales o regionales, podríamos hablar de Israel, Irán o Venezuela.

«La Región es referencia dentro de España en la defensa del espacio cognitivo»

Todos los señalados son países abiertamente contrarios a la democracia, excepto Israel

Se podría tratar bastante la cuestión de si la autoridad actual israelí es plenamente democrática. Es un país sujeto a procesos electorales, pero en una situación de conflicto como el que tiene, desde hace unos años, particularmente con Palestina, pero también con el conjunto de los países de Oriente Medio. Tienen, digamos, una presidencia fuerte.

¿Es Estados Unidos en la actualidad un aliado de la Unión Europea en el espacio cognitivo?

Estados Unidos ha dado un giro copernicano desde la llegada de Trump. Antes de que el republicano asumiera el cargo, podíamos apreciar un claro alineamiento estratégico de la UE con el país norteamericano, a pesar de las particularidades de cada uno. Ahora, en cambio, una de las notas distintivas es la ruptura que está llevando a cabo su presidente de una serie de consensos y pactos que había. Sin embargo, a diferencia de los otros actores —Rusia, China, Israel, Irán o Azerbaiyán — que utilizan estas malas artes de la guerra, Estados Unidos lo hace abiertamente, por boca del propio Trump. Es él quien, a través de sus discursos, está intentando condicionar a unos países que considera, si no adversarios, como mínimo competidores.

Salaverría imparte una conferencia en la UMU sobre la defensa democrática en el ‘sexto dominio’

Salaverría imparte una conferencia en la UMU sobre la defensa democrática en el ‘sexto dominio’ / Juan Carlos Caval

¿Qué situación tienen la Región de Murcia y España en la defensa cognitiva?

Aunque mi ámbito es la Universidad de Navarra, me consta que, en este sentido, a través de iniciativas, cursos y formaciones en los últimos años se ha trabajado específicamente en este sector y tengo entendido que se ha convertido en una comunidad referente en esta cuestión. En un plano más amplio, en referencia al conjunto del país, España tiene una posición geoestratégica muy relevante. Por un lado, es el extremo sur de la Unión Europea y la frontera con África, uno de los puntos calientes desde el punto de vista geopolítico. Por otra parte, es un puente cultural con el conjunto de Iberoamérica. Es indudable que en ambas regiones —tanto en el Magreb como en América Latina, como vemos en Venezuela— existe una inestabilidad generalizada. Sería deseable que España tuviera protagonismo en la interpretación y la contextualización de todos estos fenómenos. Su papel debería ser más relevante de lo que tal vez está siendo.

«Es debatible que la autoridad israelí sea democrática en estos momentos»

¿Cómo se podrían promover, desde lo público, iniciativas para que las empresas pequeñas se protejan en este sentido?

Primero hay que reconocer que la ciberseguridad se ha convertido en un elemento estratégico porque hay muchos actores, en estos momentos, al acecho con acciones de todo tipo para atacar organizaciones públicas y privadas; es un asunto importante. Es verdad que las compañías más pequeñas se encuentran en una posición de clara desventaja porque no tienen la dimensión, la infraestructura ni los recursos como para desarrollar una estrategia adecuada que les blinde ante eventuales ataques o injerencias en sus bases de datos, o del resto de múltiples formas de incursión que existen. Una estrategia interesante, que se está empezando a aplicar en España, son las Sandobox o cajas de arena —en referencia a sitios de juego—. Se trata de entornos controlados donde se prueban una serie de herramientas para ponderar su potencial aplicación dentro de su trabajo cotidiano. Es una manera de que las administraciones pongan a disposición de las pymes recursos que consideran estratégicos.

Muchos señalan que este va a ser el año de la inteligencia artificial. ¿Qué podemos esperar de la IA en 2026?

Lo primero que hay que señalar es que es una tecnología que comenzó a ser desarrollada de forma muy primitiva desde los años 80 del siglo pasado, pero es en los últimos tres o cuatro años, con el lanzamiento de Chat-GPT en noviembre del 2022, que se ha producido una especie de epifanía. Por tanto, no creo que este sea el año de la IA, lo viene siendo desde hace un rato. Estamos ahora mismo en una fase de curiosidad, tras la fascinación, que será la antesala de la normalización. Es un proceso muy habitual en la adopción de transformaciones tecnológicas y que se puede apreciar muy bien con el diagrama de Gartner que muestra cuáles son las fases de adopción de una tecnología disruptiva.

«Prescindir de los periodistas y poner modelos de IA es dispararse en el pie»

¿Cómo afectará esto al periodismo?

Aquí se produce un clásico: cuando llega una nueva tecnología la primera respuesta es el temor porque ‘viene a quitarnos la silla’. Esto vale para el periodismo y para cualquier profesión que tenga a la información como núcleo central. En ciertos tipos de perfiles, sobre todo los más mecánicos donde no hay un aporte de valor sustancial, se va a producir una sustitución. Algo positivo para la profesión serían los modelos de colaboración y complementariedad. Las empresas de periodismo estarían disparándose en el pie si interpretan a la IA como una oportunidad para prescindir de los periodistas. Si lo hacen, lo único que van a conseguir es hacer su contenido indistinguible de la competencia.

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