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La pantalla de Miriam Alegría

Kihana, florista y creadora de contenido: "En España falta cultura floral y es fundamental que el florista trabaje el diseño y la emoción"

Detrás de Kihana hay mucho más que flores. Hay una forma de entender los espacios, las emociones y el tiempo. Ana ha construido una marca con identidad propia, donde la decoración floral se convierte en lenguaje y la belleza nace de la coherencia, la calma y la experiencia. En esta entrevista hablamos de emprendimiento, madurez, creatividad y de cómo crear un proyecto con alma, más allá de las tendencias

Kihana, florista y creadora de contenido.

Kihana, florista y creadora de contenido. / L.O.

Miriam Alegría

Miriam Alegría

¿Quién es Ana cuando se apagan las cámaras y deja de crear composiciones florales?

Soy una mujer muy familiar. El poco tiempo que tengo fuera del trabajo lo dedico a mi hijo, a mi marido y a mi familia. Disfruto de los planes sencillos, de los domingos en casa de mis padres con todos reunidos, mis hermanos y mis sobrinos. Para mí, el plan perfecto es una tarde de sábado o de domingo en casa, con una manta y una película en familia.

También soy una persona muy implicada con mi trabajo. Creo que para emprender y sacar adelante un proyecto es necesario tener foco, constancia y una gran pasión por lo que haces, y eso forma parte de quién soy.

Kihana tiene hoy una identidad muy reconocible y un universo propio. ¿Cuándo sentiste que tu proyecto ya no era solo floral, sino una marca con alma?

Cuando entendí que la gente no venía solo a comprar flores, sino a buscar consejo y acompañamiento. Llegaban con fotos de sus casas, con jarrones, con ideas y preguntas, confiando en nuestro criterio para crear espacios que los representaran. Buscaban algo más profundo: generar hogar y sentirse identificados con lo que les rodea.

También fue muy revelador ver a personas que venían desde lejos a conocer la tienda, a conocernos y a formarse, o incluso a personas que se han inspirado en nuestro trabajo para dedicarse profesionalmente a la flor. Ahí comprendí que Kihana había dejado de ser solo un proyecto floral para convertirse en una marca con alma.

Trabajas con flores preservadas, un concepto que todavía genera desconocimiento. ¿Cómo ha sido el reto de darlas a conocer?

Todavía existe mucho desconocimiento en torno a la flor preservada y a menudo se confunde con la flor artificial o con la flor seca. Nuestro reto ha sido darla a conocer como lo que realmente es: una flor natural cuya savia se sustituye por una sustancia conservante, que no necesita ni luz ni agua y que puede durar desde muchos meses hasta años sin mantenimiento.

Son flores que mantienen su flexibilidad, su color y su textura, con un aspecto muy natural. Mostrar que existe esta opción, más allá de la flor fresca, la seca o la artificial, y explicar todas las posibilidades decorativas que ofrece, sigue siendo uno de nuestros grandes objetivos.

Tu trabajo va mucho más allá de lo que se ve en redes o en la tienda. ¿Qué tipo de proyectos te ilusionan más hoy?

Aunque Kihana es conocida principalmente por la flor preservada y por los ramos de novia, nuestro trabajo va mucho más allá. Realizamos eventos con flor fresca, bodas, decoración de empresas, escaparates, instalaciones y proyectos de gran formato. También trabajamos con flor artificial de una calidad extraordinaria, con la que creamos techos, jardines verticales y composiciones de diseño muy especiales.

La tienda física es pequeña y está enfocada al trabajo con flor preservada, pero hoy me ilusionan especialmente los proyectos que transforman espacios y permiten desarrollar todo ese universo creativo que hay detrás de Kihana.

Tienes una comunidad muy fiel. ¿Qué crees que buscan las personas cuando llegan a Kihana?

Creo que buscan inspiración y sentirse acompañadas. En el caso de los floristas profesionales, buscan aprender, compartir experiencias y formar parte de una comunidad sincera donde sentirse apoyados y guiados.

Por otro lado, el cliente final que viene a la tienda o nos sigue en redes busca naturalidad, inspiración y aprender a mirar la decoración y la flor desde otro lugar.

De ahí nace Kihanalovers, una comunidad formada por más de 150 floristas que han realizado formación conmigo. Es un grupo privado donde compartimos trabajos, dudas, ilusión y crecimiento profesional, y que para mí tiene un valor muy especial.

Emprender no siempre es tan bonito como parece. ¿Cuál ha sido el momento más difícil de tu camino?

Emprender es precioso, pero ser autónomo es muy duro. Ha habido momentos de mucha presión y de pensar en tirar la toalla, especialmente en los inicios. Esa etapa estuvo muy marcada por la inseguridad y por el síndrome del impostor.

Con el tiempo, la experiencia y, sobre todo, la formación, esa inseguridad se va diluyendo. Aprendes a confiar más en tu trabajo, a parar cuando es necesario y a volver con más fuerza. Es un camino exigente, pero también muy transformador.

¿Crees que empezar este proyecto con madurez ha influido en tu forma de trabajar?

Muchísimo. La madurez me ha dado claridad para saber qué quiero y qué no quiero, y la tranquilidad para tomar decisiones desde otra perspectiva. Ya no trabajo desde la prisa ni desde la necesidad de demostrar, sino desde la coherencia, la experiencia y la calma. Eso me permite disfrutar más del proceso y ser fiel a mi forma de entender el trabajo.

Has formado a muchas personas. ¿Por qué es tan importante para ti enseñar y formar a otros profesionales?

Porque me nace y porque creo que es necesario. En España todavía falta cultura floral y es fundamental que el florista trabaje el diseño y la emoción, no solo la venta de flores. El valor del florista está en ofrecer algo que no se encuentra en una gran superficie: criterio, sensibilidad y una mirada profesional.

La formación es clave para diferenciarse, para crecer con seguridad y para dignificar el oficio. Enseñar es una forma de compartir lo aprendido, de fortalecer la profesión y de ayudar a otros a encontrar su propio camino con más recursos y confianza.

Tus composiciones son muy estéticas, pero también muy emocionales. ¿Qué papel juegan las emociones en tu proceso creativo?

Para mí, sin emoción no hay diseño floral. Un trabajo sin emoción se queda vacío y no transmite nada. Cada proyecto, incluso el más pequeño, tiene que decir algo: calma, fuerza, equilibrio o silencio.

Las emociones guían el color, las proporciones y todas las decisiones del proceso creativo. El diseño floral no es poner flores sin más, es crear una sensación y una experiencia que conecte con las personas y con el espacio.

¿Cómo definirías el estilo Kihana en pocas palabras?

Un estilo natural, elegante y atemporal, siempre en armonía con el espacio, el color y la luz. Buscamos decoraciones que transmitan emoción, equilibrio y calma, con un “efecto guau” sutil, donde lo poco, bien pensado y bien ejecutado, tiene mucho peso.

¿Qué error decorativo ves con más frecuencia y recomendarías evitar?

Sin duda, la saturación. Poner por poner, sin coherencia y sin escuchar lo que el espacio transmite. Muchas veces se piensa que cuanto más hay, mejor, y no siempre es así. En decoración, a veces más es más, pero muchas otras veces menos es mucho más.

También es muy común no trabajar bien el color. Cada tipo de flor —ya sea fresca, preservada, seca o artificial— tiene su propia forma de comportarse y dialogar con el espacio, y tenerlo en cuenta es fundamental para lograr un resultado equilibrado.

Después de tantos proyectos, ¿qué sigue ilusionándote como el primer día?

Cada proyecto nuevo. Sigo formándome porque me encanta ponerme en el papel de alumna y aprender de grandes maestros del arte floral, tanto a nivel nacional como internacional. Todo lo que aprendo, lo que observo y lo que me inspira la naturaleza y los espacios, lo transformo después en mi propia manera de diseñar.

Por eso cada proyecto mantiene esa chispa del primer día, especialmente aquellos capaces de transformar un espacio y crear una atmósfera nueva.

¿Qué no veríamos nunca en Kihana, aunque fuera tendencia o rentable?

Algo que no se identifique con nuestra forma de pensar, de sentir y de entender el arte floral. No copiamos tendencias ni trabajamos desde la moda por la moda. Cada proyecto nace de escuchar el espacio y de sentirlo.

Si una propuesta no encaja con nuestra manera de ver el diseño y el entorno, preferimos decir que no. La coherencia con nuestra identidad siempre está por encima de cualquier tendencia o rentabilidad.

Si mañana desaparecieran las redes sociales, ¿cómo seguiría viva Kihana?

Kihana ya tiene un camino recorrido. Las redes sociales han sido una herramienta muy importante y nos han ayudado muchísimo, pero el proyecto no depende solo de ellas. Existe una trayectoria, una base sólida y un trabajo real detrás.

Tenemos una tienda física y personas que vienen desde toda España e incluso desde otros países para conocernos, ver cómo trabajamos y formarse. Por eso creo que, aunque las redes sociales desaparecieran, Kihana podría seguir adelante, quizá a otro ritmo, pero con raíces fuertes y un proyecto bien construido.

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