Tradiciones
Animalicos del Señor bendecidos en Murcia y Cartagena: "Él me quita penas, me da felicidad completa y amor incondicional"
Cientos de dueños de perros, gatos y aves acuden en la capital de la Región y en la ciudad trimilenaria al tradicional acto por San Antón y subrayan que sus mascotas "lo entienden todo, como las personas"

Juan Carlos Caval
Dijo Mahatma Gandhi que «un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales». Con esta premisa, la Región de Murcia se puede juzgar, este 17 de enero, como oasis de amor incondicional recíproco. Amor del bueno en el exterior de la ermita de San Antón, en la capital, y en la parroquia del mismo nombre, en la ciudad portuaria, donde una marabunta de humanos se acercó para llevar, como manda la tradición, a la mascota, al amigo de cuatro patas, al peludo, al miembro de la familia, al que «solo le falta hablar», a que lo bendigan en la fecha en la que popularmente ya se acaban las Pascuas.
Hacerlo es tradición, religión y rito ancestral, porque, al final, las obras quedan, las gentes se van, otros que vienen las continuarán y la vida sigue igual, como dice la canción. En la puerta de los lugares consagrados a San Antón, atestados de canes (en su inmesa mayoría), mininos, pajaritos en sus jaulas, una tortuga, un hámster y sus humanos jóvenes y viejos, de toda calaña. No habría desentonado en este tercer domingo del año ni un Bulbasaur, ni «una perrita de raza, no fuma sin la zaza», que canta JC Reyes, ni Cristiano Ronaldo (por aquello del Bicho).
"Demos gracias a Dios por habernos elevado por encima de todas las criaturas", dice en Murcia el nuevo párroco, Ballester
El clásico «se quieren más que a las personas» se ejemplifica en casos como el de Lolo, un cachorro de cuatro meses que aguardaba delante del jardín de la Seda, en Murcia, la llegada del cura en brazos de su dueña, que se llama Lola. «Lolo y Lola», bromea. «Es muy tranquilo, muy juguetón, un bebé que te sigue a todos los lados», indica la mujer, que compara al can con «un Tamagotchi» .
Estar en la vía pública es para Lolo algo excepcional, puesto que, como no tiene aún todas las vacunas, «lo saco muy poquico», dice su ama. «Tres días antes de Nochebuena llegó, como regalo de cumpleaños», explica la mujer.

Lola sostiene a su perro, Lolo, en la puerta de la ermita de San Antón de Murcia. / Juan Carlos Caval
A su lado, Mamen Gómez López, vecina de Santa María de Gracia, lleva consigo a Coco, al que ha traído siempre «en los cincos años que tiene». El can, dice «me ha sacado de muchas». «Él me quita penas, me da felicidad completa y amor incondicional», asevera.
La mujer valora «la compañía que hace, el recibimiento que te hace cuando llegas a casa» el perro. Para recibir tamaño cariño no es necesario que se alineen los planetas, ni su amor incondicional lo emborrona Mercurio retrógrado. «Vienes un día mal y te da unos saltos de alegría que te quitan todas las penas», subraya Mamen. «Y sienten los sentimientos de los humanos», interviene María Blaya, la dueña de Noa, una perra que tiene ya 12 años y sabe «cuando te ve triste, con alguna emoción, o si estás mala».
«Yo, cuando me ve llorando, va corriendo a por un juguete para que se lo tire. Y me hincha a besos», apunta Mamen, que confiesa que está pasando por un momento regular y que Coco ejerce de bálsamo contra lo malo.

Amor incondicional en la puerta de la Ermita de San Antón, en Murcia. / Juan Carlos Caval
En una esquina está Pote, un agaporni que tiene 10 años y es el primer año que lo trae su humano, Antonio Calvo, vecino de San Antón. «Se porta bien, le gusta estar suelto. No habla, tiene silbidos diferentes. Tenía compañía, pero se murió ya. Lo pasó mal, pero se ha recuperado», dice del pájaro.
Delante del lugar, un puesto de rosas rojas «para ofrecérselas al Santo, ponérselas al trono, para que desfile la procesión» comenta Reynaldo Romero, de la Junta de Gobierno de la Real y Muy Ilustre Cofradía de San Antón, que vende las flores a «un euro una, cinco euros seis» en el exterior de la ermita a las personas que esperan.
El pequeño hámster Kiki se revuelve con calma en las manos de Sofía, que tiene 8 años. El ‘animalico’ es la primera vez que viene a ser bendecido. «Es su primera mascota», apunta Francisco Miras, el padre de la niña. «Lo hemos traído en su caja, con comida, y un juguete», manifiesta el adulto, que porta el refugio de cartón de Kiko. Pese a que el roedor está rodeado de perros (mucho más grandes que él y puede que un riesgo para su integridad), con la protección de su ama, que lo sostiene con suavidad, está seguro.
"Salvados de las aguas"
Una menos tres minutos de la tarde y hace su aparición Antonio Ballester, nuevo párroco de San Francisco Javier-San Antón. Consciente de que hay que atender muchas personas (y mucho animal), expone, didáctico, que hará varias bendiciones, a fin de que el agua alcance a todos los presentes; y pide que, una vez que haya salpicado a los primeros, hagan el favor de retirarse y dejar paso a los que se sitúan más alejados. El fin, que todos se vuelvan a casa siendo un poco más santos.
Antes, toca lectura. «Los animales fueron salvados en el arca de las aguas», detalla el cura, en referencia al diluvio universal y a Noé. «Alabemos al Creador de todo», pronuncia el sacerdote, «démosle gracias por habernos elevado por encima de todas las demás criaturas», significa. Y a lanzar agua.
"¡Echa más agua aquí, que no llega!", resuena desde el público, en otro grito clásico de esta tradición
Un hombre alza a una niña que mima entre sus manos a una tortuga y sonríe. «¡Echa más agua aquí, que no llega!», resuena, en otro grito clásico de esta tradición que, en la Región, también se celebraba, por ejemplo, en La Alberca, Valladolises, La Ñora, Lobosillo y Balsapintada, aunque especialmente en la parroquia San Antonio Abad de Cartagena.
Broche de oro en Cartagena

Loyola Pérez de Villegas
El barrio de San Antón de la trimilenaria se viste de gala para escenficar estos, sus actos principales. Primero, con la Eucaristía, oficiada por el obispo, José Manuel Lorca Planes, al término de la cual se alzó el hisopo para proceder a la tradicional bendición de animales en la plaza de la iglesia.
En el caso de Cartagena, la jornada se completa con el Baile del Vermú (en el Casino del barrio) y los platos de paella que se reparten gratis, para comer en amor y fraternidad vecinal. Todo ello, al son los ladridos de los ‘feligreses’ que son protagonistas del día.
Dicen que San Antonio Abad tenía un don para con los seres vivos no humanos: por ejemplo, dio de comer pan a cerdos salvajes, a los que nadie se acercaba, por temor, y así evitó que los puercos destruyesen las cosechas. Los ganaderos, agradecidos, comenzaron a considerarlo el patrón de sus animales. Ahora, unos cuantos siglos después, su día sigue dedicándose a estos benditos hijos de perra. Porque, como enunció Víctor Hugo, «los animales son de Dios, la bestialidad es humana».

Así ha sido la celebración de San Antón en Cartagena / Loyola Pérez de Villegas
- Natalia Corbalán: 'Esto no va de agricultores y ganaderos, va de la supervivencia de toda la sociedad
- Alerta sanitaria y comercial en Murcia por la entrada de naranjas egipcias con residuos prohibidos
- 150 vecinos armados con palos tratan de linchar al acusado de agredir sexualmente a una menor en Alcantarilla
- Estos son los ocho destinos internacionales a los que viajar desde el Aeropuerto de Covera con Ryanair este verano
- Consulta si tu médico de familia ha pedido el traslado de centro en la Región
- Detenido el conductor de un autobús escolar por agredir sexualmente a una alumna de 15 años en Murcia
- La borrasca Leonardo alcanzará su pico de intensidad este jueves en la Región de Murcia
- Comienzan las obras para salvar las dunas en seis zonas de La Manga del Mar Menor
