Pintando al fresco
Convivir
Aunque yo tengo de monárquico lo mismo que de cura, reconozco que el discurso de Felipe VI de este año me llegó al alma, porque si yo fuera el actual rey de España, el Señor no lo permita, hubiese pronunciado un discurso muy similar, sobre todo en lo que se refiere a la convivencia de los ciudadanos y al odio que los políticos están sembrando entre nosotros. Yo soy uno de los que se pregunta cada día, desde el acojonamiento en el que me desenvuelvo, cómo es posible que se haya ido creando este ambiente, provocado, animado y exaltado por esos personajillos públicos y puesto en práctica por mucho personal que se ha identificado con estas ideas extremas, contagiadas como si de la sarna se tratase, hasta llegar a un punto en el que nadie está dispuesto a ceder un poco en lo suyo para ponerse de acuerdo con el contrincante ni en la más mínima propuesta. Se trata de mantener el odio eterno a los romanos como si tuviéramos a Asdrubal –o a Anibal, que no me acuerdo bien de cuál fue– de figura referente.
Y la pregunta que uno se hace, habiendo sido testigo y parte de lo que ocurrió en este país a la muerte del dictador Franco, es dónde están esos políticos que, como aquellos, fueron artífices de la llegada de la democracia de la que no habíamos tenido noticia durante cuarenta años. ¿Ustedes se imaginan a Pedro Sánchez, Alberto Núñez Feijóo, Santiago Abascal, Ione Belarra, Yolanda Díaz, etc., sentados en una mesa? Y con un único punto en el orden del día: ‘Cómo conseguir que la gente se tranquilice’, que cada uno defienda sus ideas serenamente, que dejemos y se dejen de insultar, de enfrentarse donde quiera que vayan, de no poder sacar el tema político en una cena de Nochebuena por si un cuñado nos tira el plato de sopa por la cabeza.
Porque el rey habló en su discurso de polarización, y ese, según tengo explicado aquí y en otros sitios donde me dejan hablar, es el gran problema que como una mancha de aceite pringoso se está extendiendo sobre las cabezas de los españoles. Ya ‘los otros’ no son nuestros contrincantes políticos, unos tontucios que creen cosas que a nosotros ni nos preocupan, sino nuestros enemigos absolutos, unos seres a los que los otros líderes llaman ‘ladrones’, ‘sinvergüenzas’, ‘puteros’ y hasta «hijos de puta», según todos pudimos leer en los labios de una.
Y es más, nos quieren cambiar nuestros principios más profundos. Los de mi generación y la de nuestros hijos hemos sido criados y educados en unos comportamientos morales y éticos que estos exaltados nos quieren hacer desaparecer de las mentes. La nuestra es una civilización basada en ideas procedentes del cristianismo, visto, eso sí, desde distintas perspectivas, católicas, protestantes, ortodoxas, ateas, etc., o sea que, incluso los no creyentes o los no practicantes han, hemos, tenido unas formas de comportamiento netamente humanistas. A los de nuestra civilización se nos ha reconocido por el buen trato con los semejantes, por la ayuda a los que lo necesitaban, por el acogimiento a los que huían de otros lugares en guerra, a los perseguidos por sus ideas. Estas actitudes parecen haber quedado relegadas a unos grupos estancos, las oenegés o algunos religiosos, cuando siempre habían sido compartidas por la mayoría de los ciudadanos. Y, lo peor, algunos de estos políticos están tratando de convertir la fraternidad y la bondad ante los otros en odio asqueroso, y esto sea quizás lo más imperdonable porque está calando en la población más joven. En vez de humanismo, odio.
O sea, que qué desastre, Felipe VI, majestad. Hiciste muy bien en sacar todo esto a colación porque ya sabes cómo somos los españoles cuando nos ponen al límite, y estos están tratando de sacarnos de quicio.
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