Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Medio ambiente

El aire que respiramos: la silenciosa amenaza de los microplásticos

Investigadores de la UMU y la UPCT, junto con la Consejería de Medio Ambiente, estudian su registro y posibles efectos sobre la salud

Rosa María Peñalver (izq.), junto con Pilar Viñas, la investigadora principal del grupo de investigación Métodos Instrumentales Aplicados.

Rosa María Peñalver (izq.), junto con Pilar Viñas, la investigadora principal del grupo de investigación Métodos Instrumentales Aplicados. / Juan Carlos Caval

Alejandro Lorente

Alejandro Lorente

Cada vez que respiramos, inhalamos partículas diminutas de plástico. Es una amenaza invisible que ha empezado a llamar la atención de científicos y autoridades, no solo por su presencia en los océanos, sino también en el aire que nos rodea. En la Región de Murcia, la Universidad de Murcia, junto con la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT) y la Consejería de Medio Ambiente, está llevando a cabo una investigación pionera que busca cuantificar y analizar estos contaminantes emergentes.

Rosa María Peñalver, del Departamento de Química Analítica de la Universidad de Murcia, explica que los microplásticos son parte de una categoría más amplia de «contaminantes emergentes»: sustancias que han aparecido recientemente en el ambiente y que aún no cuentan con legislación que limite su presencia. «No hay límites, no hay estudios sobre qué niveles máximos se pueden permitir. No están legislados», aclara Peñalver. Aun así, los indicios iniciales sugieren que podrían tener efectos sobre la salud, lo que hace urgente desarrollar metodologías analíticas confiables que permitan establecer futuras normas y sistemas de control.

La investigación se centra en evaluar la presencia de microplásticos en distintas zonas de la Región de Murcia. Para ello, utilizan las redes de muestreo ya existentes de la Consejería, adaptadas para detectar estas partículas en el aire. «Nuestro objetivo es monitorizar estos contaminantes y ver si pueden incorporarse dentro de los análisis rutinarios que se realizan en aire, como óxidos de azufre, nitrógeno o metales», explica la investigadora.

Los microplásticos, según Peñalver, provienen de múltiples fuentes. Desde la erosión de plásticos agrícolas, presentes en acolchados y cubiertas de invernaderos, hasta la fragmentación de botellas, neumáticos o textiles sintéticos. Incluso edificios o muebles de plástico liberan partículas con el tiempo debido a la acción de la lluvia y el viento. Estas diminutas partículas, que oscilan entre 1 micra y 5 mm, pueden ser transportadas a grandes distancias y han sido detectadas en lugares remotos, desde la Antártida hasta las cumbres del Monte Everest.

La investigadora murciana señala que el principal desafío para estudiar los microplásticos en el aire es precisamente su tamaño: «Hace difícil tanto el muestreo como el análisis. Además, existe la necesidad de armonizar los distintos métodos para poder comparar estudios y sentar bases para la legislación futura». Actualmente, se utilizan técnicas como espectroscopía infrarroja y pirólisis, aunque todavía no se ha definido un método de referencia.

El equipo murciano también ha encontrado indicios de que la presencia de microplásticos puede ser mayor en áreas agrícolas, donde se utiliza plástico biodegradable para cubrir cultivos. «Hay un ligero aumento cerca de zonas agrícolas, probablemente vinculado al uso de plásticos en la agricultura», comenta Peñalver. Sin embargo, subraya que los microplásticos están presentes en todos los ambientes: urbanos, industriales y naturales, lo que dificulta determinar zonas específicas de riesgo.

La preocupación no se limita a la cantidad de partículas que respiramos, sino a su potencial efecto sobre la salud. Los microplásticos pueden llegar al sistema respiratorio y transportar sustancias químicas asociadas, como pesticidas o metales pesados. Aunque los estudios sobre efectos crónicos aún son limitados, se ha observado inflamación y alteraciones inmunológicas en tejidos expuestos en laboratorio. Según Yasser Morera, investigador del Instituto de Biodiversidad y Medio Ambiente Bioma de la Universidad de Navarra, un adulto podría inhalar más de 48.000 partículas microplásticas al año sin siquiera notarlo.

La investigación murciana también apunta hacia futuras correlaciones entre la exposición a microplásticos y enfermedades cardiovasculares. «Estamos en una fase inicial: estamos recopilando datos previos y comenzando medidas más profundas en distintas zonas. Queremos ver si existe correlación con enfermedades respiratorias o cardiovasculares», explica Peñalver. El equipo prevé que los próximos proyectos europeos permitan profundizar en este análisis durante los próximos tres años.

Para Peñalver, la solución a la contaminación por microplásticos no depende solo de la ciencia, sino también de la acción ciudadana y empresarial. «Reducir el consumo de plástico, favorecer el reciclaje y utilizar alternativas biodegradables son medidas clave», asegura. Además, recuerda que la industria agrícola y de envases puede contribuir al reemplazo de plásticos convencionales por versiones más sostenibles, capaces de degradarse más rápido y reducir la persistencia en el medio ambiente.

La Región de Murcia, gracias a la colaboración entre la Universidad de Murcia, la UPCT y la Consejería de Medio Ambiente, se sitúa a la vanguardia en el estudio de estos contaminantes emergentes en España. «Todas nuestras iniciativas y proyectos cuentan con fondos europeos, lo que refleja la importancia que se da a nivel continental a este problema», comenta la investigadora.

Otras comunidades autónomas y universidades españolas, como la de Santiago de Compostela, también estudian microplásticos, centrando su investigación en aire, agua y distintos compartimentos medioambientales.

El creciente interés social y científico por los microplásticos confirma que la conciencia sobre este tipo de contaminación está en aumento. Peñalver concluye: «Más que la preocupación, lo que vemos es la necesidad de establecer límites, desarrollar legislación y armonizar métodos de análisis. La ciencia nos permite comprender lo que aún no se ve, y solo así podremos proteger el aire que respiramos».

En la Región de Murcia, el aire ya no es tan invisible: las partículas de plástico flotan entre nosotros, silenciosas, pero perceptibles gracias a la investigación científica. Y gracias al trabajo de Rosa María Peñalver y su equipo, cada vez conocemos mejor su presencia y sus posibles riesgos, sentando las bases para políticas ambientales más efectivas.

Tracking Pixel Contents