Forestal
Green Boost, el proyecto que "corta árboles para conservar el monte"
La iniciativa recupera la gestión selvícola para regenerar Sierra Espuña, multiplicar la biodiversidad y convertir la biomasa en energía sostenible

Juan Fazio, David Saura y Roque Pérez / Juan Carlos Caval
El Gobierno regional ha convertido a Sierra Espuña en el epicentro de un experimento a largo plazo que mezcla historia forestal, ciencia aplicada y transición energética. Bajo el nombre de Green Boost, este proyecto busca impulsar una bioeconomía plenamente local reactivando los trabajos selvícolas que dieron forma al paisaje murciano hace más de un siglo. En el foro ‘Bioeconomía: oportunidades y desafíos’, organizado por la Consejería de Medio Ambiente con la colaboración de La Opinión, sus protagonistas desgranaron una iniciativa que, lejos de extraer valor del monte, pretende devolverle su capacidad de regenerarse.
Roque Pérez Palazón, de la Dirección General de Patrimonio Natural y Acción Climática, recordó que Green Boost es un proyecto que «empezó hace 130 años», cuando las repoblaciones emprendidas tras la devastadora inundación de Santa Teresa de 1879 dieron origen al actual bosque de Sierra Espuña. Ese legado, explicó, es el que hoy intenta preservarse mediante cortas selectivas destinadas a abrir claros y activar la regeneración natural.
«Cortamos árboles para conservarlos», sintetizó. Al abrir huecos, nacen no solo nuevos pinos —los que crecerán «para que los disfruten generaciones venideras dentro de 120 años»— sino también otras especies que multiplican la biodiversidad. Según los estudios realizados, esa diversidad «se incrementa por cuarenta» en las zonas intervenidas y, además, mejora la infiltración del agua y la calidad de los acuíferos. Otro análisis elaborado con la Universidad Politécnica de Valencia confirma que «las áreas tratadas resisten mejor la sequía».
La biomasa ofrece salida energética a un subproducto que, de otro modo, quedaría sin uso. De ahí el carácter circular del proyecto: la biomasa extraída en montes de Caravaca o Cehegín se consume en instalaciones regionales como el Hospital Virgen de la Arrixaca o las bodegas García Carrión.
El impacto económico, añadió, muestra un efecto multiplicador poco habitual en la gestión forestal: la venta de biomasa cubre ya el 50% de los trabajos, los fondos europeos aportan un 35% y la Comunidad el 15% restante. «Por cada 150.000 euros invertidos, se genera una inversión de un millón», señaló.
Juan Fazio Castel, gerente de Unión Ingeniería Forestal, contextualizó esas cifras en un territorio especialmente frágil. La Región de Murcia registra una precipitación media de apenas 340 litros anuales, con sequías prolongadas y lluvias torrenciales que erosionan el suelo. «Las condiciones no son las más idóneas», afirmó, lo que convierte a los montes en sistemas protectores más que productores. Por ello, la biomasa no puede plantearse como explotación económica independiente, sino como aprovechamiento asociado a la selvicultura que los montes necesitan para mantenerse.
De las 308.000 hectáreas arboladas de la Región, el crecimiento anual estimado de biomasa es de 145.000 toneladas; de ellas, un 30% —unas 43.500 toneladas— sería técnicamente aprovechable cada año de forma sostenible, según afirmó Fazio Castel. Y la biomasa murciana, especialmente de pino carrasco, presenta una ventaja: su baja humedad inicial (43,7%), que se reduce con rapidez gracias a la insolación, permite obtener astilla de alta calidad en poco tiempo. Esa calidad «ha disparado la demanda internacional», aunque Fazio insistió en que el reto es lograr el autoconsumo regional de las 46.000 toneladas que se generan anualmente.
En la Arrixaca, primer gran consumidor público de esa bioenergía, los avances conviven con dificultades. David Saura López, responsable de Medio Ambiente del hospital, explicó que la caldera de biomasa instalada —de 400 kilovatios de potencia— aporta más del 20% del calor necesario para el hospital y ha reducido el uso de gas natural.
Pero el cambio energético no está exento de fricciones: la logística es compleja, el mantenimiento exige más recursos, las probabilidades de avería aumentan y existen emisiones de partículas y restricciones normativas. Además, la rentabilidad económica frente al gas natural es «prácticamente despreciable». Aun así, Saura consideró que Green Boost actúa como «palanca» para superar esas barreras y, sobre todo, para combatir la percepción social de que el aprovechamiento de biomasa implica «mercantilizar el bosque».
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