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Iglesia Católica

Un sacro cortejo de belleza y devoción ilumina Murcia con la Magna Procesión

Miles de personas disfrutan de la comitiva sacra del Jubileo de las Cofradías, integrada por 15 obras de arte de Murcia, Cartagena, Lorca, Yecla, Jumilla, Alcantarilla, Águilas, Calasparra, Cieza, San Pedro del Pinatar y Mazarrón

Ana Lucas

Ana Lucas

Enunció Hermann Hesse que “la belleza no hace feliz al que la posee, sino a quien puede amarla y adorarla”. Con esa premisa en el alma, miles de personas, llegadas de diferentes puntos de la Región y del país, se arrobaron este sábado por la tarde al paso de la Magna Procesión, que partió de la Catedral de Murcia como un evangelio alzado en tronos llenos de flores bajo un cielo azul que jugó a ser de abril aunque fuese de noviembre.

Fueron 14 los pasos (15 con la Cruz Guía) los que se unieron para participar en el cortejo, en el marco del Jubileo de Cofradías organizado por la Delegación de Hermandades y Cofradías del Obispado de Cartagena. Una estela de escenas sobre tronos dorados para rememorar qué pasó, la historia más grande jamás contada (así se llamó una película sobre lo mismo de 1965), el relato de cada Semana Santa, aunque noviembre no sea el tiempo de Pasión, Muerte y Resurrección (con mayúsculas) de Nuestro Señor Jesucristo, el Mesías, el Hijo de Dios, el protagonista, junto con su madre, de tan Magna mitología hebrea.

La Coronación de Espinas del Paso Azul de Lorca

La Coronación de Espinas del Paso Azul de Lorca / Israel Sánchez

Cuatro y veinte de la tarde y Belluga ya es un hervidero de gente que aguarda, tras las vallas (en las que destaca el emblema de Murcia 1200), a que emane del templo el desfile. La Puerta del Perdón se halla en este momento entornada; a sus pies, una rampa que luce como una alfombra roja, a la espera de que den las cinco y comience el sagrado cortejo de obras de arte.

Cinco menos veinte de la tarde y ya resuenan a lo lejos (aunque cada vez más cerca) cornetas y tambores más propios de abril que de noviembre. Anderos con traje oscuro en lugar de túnica de nazareno comienzan a congregarse en los laterales de la fachada principal de la Catedral: están listos para llevar sobre sus hombros al Salvador (o a alguno de sus allegados).

Hace su entrada en la plaza un estandarte (Santísimo Cristo de la Salud de Lorca, reza en letras doradas sobre un terciopelo rojo como la sangre) y suenan los primeros aplausos. Aunque no haya caramelos ni monas con huevo, en primera fila hay niños con la faz impregnada de ilusión. La banda entra y sus componentes se giran y toman posiciones. “Esto va a empezar ya”, sentencia un paisano. La Puerta del Perdón se cierra del todo, a la misma vez que se abre la emoción del respetable. Cinco en punto de la tarde. La Puerta del Perdón se abre de golpe. Arranca el éxtasis.

Abría el desfile la Cruz Guía Buena Muerte y Estrella, de la hermandad del mismo nombre en Yecla. Justo detrás, se atisbaban ya los cirios que escoltan al grupo escultórico de La Samaritana, hermosa obra de Roque López que tienen ‘Los Coloraos’ en su sede del Carmen, en la capital. Las campanas ponen la banda sonora y los asistentes alzan sus móviles para compartir con quienes están lejos las bellezas que tienen cerca. La mujer de Samaria, Jesús y el árbol que completa el trono se alzan sobre un lecho de rosas.

La Samaritana de Roque López sale de la Catedral en la Magna Procesión de Murcia

La Samaritana de Roque López sale de la Catedral en la Magna Procesión de Murcia / Ana Lucas

Se preparaba ya bajo el dintel del templo el segundo de los pasos, La Oración en el Huerto. No la de Salzillo del Viernes Santo por la mañana, sino la de la cofradía de La Caridad de Murcia. Del Palacio Episcopal, cuyo exterior está decorado ya con dos angelotes gigantes de Navidad, se incorporan al cortejo personas vestidas de oscuro, cirio en mano, tras el correspondiente estandarte.

El Santísimo Cristo de la Columna, de la hermandad del mismo nombre de Jumilla, va atado y solo, sin sayones que lo torturen, aunque ya lo han torturado. Lo esperaba en la puerta una legión de romanos procedente de la misma ciudad del Altiplano. “Vamos con el Cristo ‘amarrao’”, apunta una joven, con guantes blancos y espada en mano. El Cristo, no obstante, se demora en salir. “Será para que no vayan todos los pasos muy juntos”, elucubra un joven llegado de Tobarra. Cuando al fin sale, una racha de viento irrumpe en la plaza y las romanas lo miran con emoción y casi conteniendo las lágrimas. Empieza a recibir vivas a su paso; de momento, es el más aclamado por el respetable que se congrega en Belluga.

El séquito romano avanza a paso lento mientras espera para salir a la calle el trono de La Coronación de Espinas, procedente de la Ciudad del Sol. Un joven surge del palacio del obispo agitando con brío en el aire el estandarte del Paso Azul de Lorca y desata los aplausos. Oscurece de forma paulatina (no deja de ser noviembre, aunque este sábado no lo parezca) y se encienden los faroles de un trono recibido al son del himno nacional.

Entre los que llevan a hombros al Rescate del Paso Blanco estaba el presidente de la Comunidad, el lorquino Fernando López Miras

La banda entona los acordes de ‘La saeta’ de Serrat y el Moneo se ilumina de verde mientras el Cristo del Rescate, del Paso Blanco, se aproxima a la Puerta del Perdón. Ya le gritan vivas sus fieles más acérrimos, los que están con él dentro del templo. Entre los que lo llevan a hombros, el presidente de la Comunidad, el lorquino Fernando López Miras.

Miras, "blanco aguerrido"

«Durante más de veinte años he llevado sobre mi hombro derecho al Santísimo Cristo del Rescate del Paso Blanco en la Semana Santa de Lorca», explicaba el jefe del Ejecutivo regional, Fernando López Miras, uno de los estantes que más miradas despertaron en la Magna Procesión. «Mira, es el presidente», comentaba una joven a su acompañante.

«Soy un blanco aguerrido, forjado ante la adversidad, porque toda mi familia es azul», declaraba a este diario en su día el presidente.

También le tocan el himno de España cuando sale, no iba a ser menos que su antecesor (ya saben lo de la rivalidad de blancos y azules). Va de pie sobre flores violetas y emerge cuando ya se atisba, tras de él, el Santísimo Cristo de la Esperanza de Alcantarilla, vestido de blanco y rojo, cargando el Madero a su espalda.

El Santísimo Cristo de la Esperanza de Alcantarilla, vestido de blanco y rojo, cargando el Madero a su espalda.

El Santísimo Cristo de la Esperanza de Alcantarilla, vestido de blanco y rojo, cargando el Madero a su espalda. / A. L. H.

Son jóvenes estudiantes de Alcantarilla los que lo portan sobre sus hombros. El Cristo camino del Calvario tiene la boca entreabierta y camina sobre claveles rojos que evocan su propia sangre derramada. Cuatro enormes cirios lo custodian en las esquinas del trono. Ya le sigue el San Juan Evangelista de San Pedro del Pinatar, con una palma en su mano izquierda. El discípulo amado no pierde de vista al Salvador y lo acompañará, cuentan las Sagradas Escrituras, en el Gólgota.

Vivas y manolas

“¡Viva el Cristo de la Esperanza! ¡Viva Murcia!”, se desgañita un joven estante de los de Alcantarilla. Del Palacio Episcopal emerge un grupo de manolas. Siete menos cuarto de la tarde y el cielo ya es azul marino casi negro, como el nombre de otra película. El San Juan llegado del Mar Menor abre la mano derecha al cielo y brilla en lo oscuro.

Preciosa es la Santísima Virgen de los Dolores de Águilas y se lleva otro himno de España (y van tres) al ser sacada de la Catedral. De lejos es difícil distinguir dónde acaba la talla y empiezan las flores redondas que parecen trepar por su trono.

El Santísimo Cristo de la Esperanza de Murcia, una de las tallas más hermosas de la Semana Santa de la ciudad, este sábado en la Magna Procesión.

El Santísimo Cristo de la Esperanza de Murcia, una de las tallas más hermosas de la Semana Santa de la ciudad, este sábado en la Magna Procesión. / Israel Sánchez

Juega en casa el Santísimo Cristo de la Esperanza de Murcia, una de las tallas más hermosas de la Semana Santa de la ciudad, el Crucificado bellísimo que cada Domingo de Ramos parte del templo de San Pedro para regocijo de todo el que se cruza con Él. Himno de España y muchos vivas cuando brotó del dintel.

Destacó por lo distinto.El Santísimo Cristo del Consuelo de Cieza es uno de los que repiten, pues también estuvo en la Magna Procesión que partió de San Antolín en 2017. Fueron comentados por los faroles rojos que iluminan su agonía. Himno nacional ya en noche cerrada del todo.

Nuestra Señora de las Angustias de Yecla es una Piedad fabulosa que no lleva estantes: lleva una batería que mueve el trono. El pañuelo blanco que cuelga de la Cruz bien podría hacer las veces de la vela principal de un velero.

Comienzo de la Magna Procesión Jubilar

Comienzo de la Magna Procesión Jubilar / Israel Sánchez

El Santo Sepulcro de Mazarrón, con Cristo muerto, recibe otro himno nacional recuerda que, como dijo Leonardo Da Vinci, “la belleza perece en la vida, pero es inmortal en el arte”. “Viva el Señor de Mazarrón”, le gritan.

El óbito del Mesías es transitorio. Acabada la muerte, comienzan las estampas de Resurrección, con Nuestro Padre Jesús Resucitado de Cartagena, obra de Juan González Moreno, a la cabeza.

El broche de oro lo pone Nuestra Señora de la Esperanza Coronada, patrona de Calasparra. Que son dos vírgenes en realidad: la primitiva va a los pies de la más nueva.

Dejó dicho Ernesto Sábato que “lo admirable es que el hombre siga luchando y creando belleza en medio de un mundo bárbaro y hostil”. Con eventos como la Magna Procesión, la Diócesis, la Iglesia, la ciudad, la Región, la humanidad, al fin y al cabo, crea una hermosura extraordinaria que va más allá de la fe. Que estremece a la urbe, a su fin de semana, a sus hoteles y establecimientos hosteleros, para recibir a la gente, al color de sus calles, al latido de su emoción en colectivo, con olor a incienso y sonido de aplausos. Lectura del Santo Evangelio según Murcia. Por los siglos de los siglos, Amén.

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