Sector inmobiliario
El ‘cohousing’, una alternativa al problema de acceso a la vivienda en la Región de Murcia
Se trata de propuestas residenciales basadas en la propiedad colectiva que buscan salirse del mercado especulativo y ofrecer estabilidad

El presidente de la Asociación Murcia Cohousing, Ginés Martínez, durante su intervención en el foro 'El reto de la vivienda en la Región de Murcia, respuestas desde Europa'. / Juan Carlos Caval
La Región de Murcia se enfrenta a un problema de acceso a la vivienda, marcado por unos alquileres cada vez más encarecidos: “Es la tercera autonomía con los salarios más bajos de España y, a su vez, en la que más sube el precio de la vivienda y la tercera en la que más incrementa el del alquiler”. Así lo puso de manifiesto Miguel Ortega, diputado responsable de Vivienda del PSRM en la Asamblea Regional, durante la mesa redonda ‘Radiografía del problema de la vivienda’, celebrada en el Foro Europeo de Vivienda ‘El reto de la vivienda en la Región de Murcia, respuestas desde Europa’, organizado por La Opinión y el Parlamento Europeo.
Frente a este contexto, comienzan a tomar forma alternativas residenciales que buscan salirse del mercado especulativo y ofrecer estabilidad. Entre ellas, el ‘cohousing’, aunque aún minoritario en España y la Región, emerge como una solución habitacional innovadora dentro del puzle de posibles respuestas.
El presidente de la Asociación Murcia Cohousing, Ginés Martínez, quien participó en la mesa redonda, desgranó las claves del modelo de cohousing, así como sus beneficios y retos.
¿Qué es el ‘cohousing’?
Martínez explicó que el ‘cohousing’ se organiza alrededor de una idea central: la propiedad colectiva. No son las personas quienes compran individualmente su vivienda, sino una cooperativa sin ánimo de lucro que mantiene la titularidad del conjunto. Los socios acceden a su hogar mediante un sistema de cesión de uso vitalicio, lo que “elimina incertidumbres propias del alquiler tradicional, como la finalización del contrato o la escalada del precio”.
A diferencia del ‘coliving’, más ligado al alquiler temporal, el cohousing aspira a la permanencia y al fortalecimiento de la vida comunitaria. Las viviendas suelen ser más compactas porque se complementan con amplios espacios comunes, concebidos para compartir servicios, actividades y cuidados.
La dimensión económica y social
La estabilidad económica es una de las principales virtudes que subrayó Martínez, quien insistió en que, al no participar del mercado especulativo, el precio de la vivienda cooperativa se mantiene constante y, con el tiempo, resulta más asequible que las opciones del mercado libre.
Apoyándose en un estudio comparativo entre alquiler y vivienda colaborativa, destacó datos que muestran diferencias significativas: vivir en el lugar deseado es 4,6 veces más frecuente en el 'cohousing', y la satisfacción con calidad, tamaño y precio multiplica por 8,3 la experiencia del alquiler. Otros indicadores refuerzan esta tendencia: la estabilidad de por vida (6,6 veces más positiva), la percepción de futuro (18 veces más positiva) o el acompañamiento frente a la soledad no deseada (6,6 veces más positivo).
Vivir en el lugar deseado es 4,6 veces más frecuente en el 'cohousing' que en una vivienda de alquiler
En términos de empoderamiento personal, la valoración es extraordinariamente elevada, y la mejora global de la calidad de vida se sitúa entre el 91% y el 93%.
El impacto ambiental positivo es otro de los pilares del cohousing. Martínez señaló que por cada casa “sostenible” de alquiler hay 6,4 proyectos de cohousing. Además, estos modelos reducen el consumo energético en un 55% y el 90% de la energía proviene de fuentes renovables. También fomentan prácticas de alimentación ecológica y de proximidad, en una proporción 7,6 veces mayor que la vivienda en alquiler.
Una alternativa aún marginal
El presidente de la Asociación Murcia Cohousing recordó que, pese a las cifras esperanzadoras, el sector es todavía muy pequeño: solo el 0,2% de la vivienda construida en España. Como referencia, mencionó Copenhague, donde este modelo representa ya el 33% del parque residencial, o Países Bajos, con cifras similares.
En la Región de Murcia, la implantación es todavía incipiente, con iniciativas como Brisa del Sureste en Murcia, el proyecto rural La Artillera en Totana o Ecohousing en Cartagena, impulsadas por cooperativas y grupos locales.
Pese a sus beneficios, Martínez admitió que existe un obstáculo importante: la aportación inicial al capital social de la cooperativa, que dificulta el acceso a personas con mayor vulnerabilidad económica.
“No es una alternativa precaria”
Ante la pregunta del moderador, Miguel Ortega, sobre el riesgo de precarización, Martínez aclaró que esa percepción “se asocia más al coliving por su temporalidad”. En cambio, el cohousing se fundamenta en procesos largos, en los que los futuros residentes participan en el diseño y financiación de los proyectos, promoviendo edificios específicamente creados para su comunidad.
Por ello, recordó que en la propuesta de decreto ley debatida en la Asamblea Regional se establecía que el cohousing no puede ser promovido por empresas privadas ni por la Administración, sino únicamente por quienes van a vivir en él.
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