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Industria

El renacer digital de la seda en la Región: tradición, ciencia y alimento para el futuro

El Imida impulsa la recuperación del patrimonio sericícola murciano mediante herramientas digitales y proyectos europeos de innovación

Gusanos de seda comiendo hojas de morera.

Gusanos de seda comiendo hojas de morera. / L. O.

Alejandro Lorente

Alejandro Lorente

El rumor del agua de las acequias y el color de las moreras aún parecen percibirse en la huerta murciana, donde durante siglos se criaron gusanos de seda al calor de los hogares. Aquellos capullos blanquecinos que un día sostuvieron la economía regional parecían haberse dormido bajo el polvo del tiempo. Hoy, sin embargo, la seda vuelve a brillar, aunque su hilo ya no se teje solo con manos artesanas, sino también con datos digitales, ADN vegetal y diversas herramientas 3D.

El Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental (Imida) ha impulsado este renacimiento desde la histórica Estación Sericícola de La Alberca, donde hace más de un siglo se estudiaban los secretos de los gusanos y las moreras. En el marco del proyecto europeo ARACNE, el centro ha desarrollado recursos tecnológicos que recuperan el patrimonio sericícola de la Región de Murcia, conectando la memoria de una industria casi extinta con las oportunidades en el sector de la biotecnología, el turismo cultural e incluso de la alimentación sostenible.

Las epidemias y la competencia extranjera hundieron el sector a finales del XIX

«El objetivo es crear un ecosistema de innovación de la seda en Europa», explicó el director del Imida, Andrés Martínez Bastida. El programa, con once socios de siete países, busca tender un puente entre el pasado y el futuro: del oficio artesanal a la ciencia aplicada.

Alma sericícola

El papel del Imida ha sido «crucial», recordó Martínez Bastida, ya que la institución custodia uno de los mayores legados históricos de la seda en España. Se han digitalizado documentos y colecciones científicas, inventariado herramientas y creado visitas virtuales en 3D que permiten recorrer los espacios donde la seda murciana escribió su historia. Todo este conocimiento está disponible, de forma abierta, en la web del Imida.

«El valor de esta digitalización —añadió— es que evita la pérdida de habilidades técnicas y culturales y permite recuperar el conocimiento necesario para el resurgir de la seda en Europa».

Pieza de la exposición 'La Seda en Murcia: Entretejiendo Historia y Ciencia'.

Pieza de la exposición 'La Seda en Murcia: Entretejiendo Historia y Ciencia'. / cienciayagua.org

Entre los recursos más innovadores destaca un museo virtual de la ciencia de la seda, con seis salas interactivas que muestran todo el proceso: desde la cría del gusano hasta el análisis del hilo. También incluye un mapa virtual de la Ruta de la Seda en Murcia, con enclaves históricos y etnográficos como la Peña Huertana de la Seda o el Museo de la Huerta de Alcantarilla.

Ciencia, genética y sabor

El Imida ha desarrollado una intensa labor científica, identificando y caracterizando variedades de moreras del banco de germoplasma BAGERIM y de distintos puntos de la Región. Además, ha realizado un muestreo genético del gusano de seda ‘Sierra morena’, raza local que se mantiene viva en sus laboratorios, y un análisis de capullos históricos para rastrear el origen de las razas autóctonas.

La industria sedera experimentó un auge imprevisto en la huerta murciana a mediados del siglo pasado.

La industria sedera experimentó un auge imprevisto en la huerta murciana a mediados del siglo pasado. / Imida

Estos estudios abren la puerta a nuevas aplicaciones más allá del textil. «Las herramientas digitales y los datos recopilados facilitan el desarrollo de biomateriales y productos derivados de la morera con fines biomédicos y alimentarios», señaló el director.

Según algunos estudios, tanto las hojas de morera como las proteínas del gusano ofrecen potencial como fuentes sostenibles de compuestos funcionales y antioxidantes, una alternativa natural para la alimentación saludable.

Un hilo que conecta siglos

El resurgir digital impulsado por el Imida rescata una historia que hunde sus raíces en el siglo VIII, cuando los árabes introdujeron la sericultura en el sureste peninsular. Durante los siglos XVII y XVIII, Murcia vivió su edad de oro: miles de familias cultivaban moreras y criaban gusanos, mientras las fábricas bullían en barrios como San Antolín o San Andrés. La seda murciana alcanzó prestigio internacional y su comercio financió obras emblemáticas como el Puente Viejo.

Las epidemias y la competencia extranjera hundieron el sector a finales del XIX. Fue entonces cuando se creó la Estación Sericícola, símbolo del esfuerzo por conservar una tradición amenazada. Hoy, ese mismo espacio renace gracias a la ciencia y la tecnología, en una nueva etapa de seda digital, sostenible y multifuncional.

La seda, tejido que unió Oriente y Occidente durante milenios, vuelve a enlazar en Murcia el pasado y el futuro. El proyecto ARACNE no solo rescata una memoria cultural, sino que la transforma en motor de innovación. Donde antes resonaban telares, hoy laten servidores y secuenciadores genéticos. Pero el espíritu es el mismo: transformar la fragilidad en belleza, y la tradición en conocimiento.

Como recordó Martínez Bastida, «la seda sigue siendo símbolo de identidad y de futuro». En Murcia, su hilo nunca se rompió del todo. Solo esperaba que alguien lo volviera a enhebrar.

¿Una seda comestible?

El Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Medioambiental (Imida) investiga nuevas aplicaciones de la seda, tanto en el ámbito alimentario como en el biomédico. Según su director, Andrés Martínez Bastida, «la aplicación de la seda como elemento comestible es una vía de investigación que estamos evaluando», aunque subraya que aún deben completarse los permisos y ensayos necesarios antes de determinar su viabilidad. Martínez Bastida explicó que en unos años se conocerá si la seda «es buena, mala o regular para el organismo». En el terreno biomédico, destacó que la fibroína, proteína principal del hilo, ya se emplea para regenerar tejidos y liberar fármacos de forma controlada.

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