Ciencia
Un investigador de la UMU, en un estudio clave para poder prevenir los ‘megaincendios’
La investigación, publicada en el Global Change Biology, analiza la importancia del llamado "rebote hidroclimático"

Incendio que se produjo en las Cuestas del Cedacero, el pasado agosto. / Loyola Pérez de Villegas
Los ‘megaincendios’ de enero de 2025 en Los Ángeles no fueron fruto únicamente de la sequía. Una investigación internacional en la que participa la Universidad de Murcia (UMU) ha demostrado que el llamado «rebote hidroclimático» -periodos húmedos seguidos de una sequía intensa- es el motor silencioso de muchos de estos desastres.
El hallazgo, que no solo tiene implicaciones para California, pues también interpela a la cuenca mediterránea, incluida la Región de Murcia, donde la amenaza de fuegos fuera del verano se vuelve cada vez más real, aporta claves para anticipar incendios extremos y mejorar los modelos de predicción y gestión, con gran relevancia en un contexto de cambio climático.

Cientos de árboles muertos en el entorno de El Valle y Carrascoy, en el municipio de Murcia. | L. O. / Juan Carlos Caval
Los incendios de Palisades y Eaton, declarados el 7 de enero de 2025 en el área metropolitana de Los Ángeles, marcaron un antes y un después en la historia reciente de California.
Treinta víctimas mortales, más de 16.000 viviendas reducidas a cenizas y 32.000 acres devastados en plena estación invernal. La imagen de las llamas arrasando urbanizaciones al pie de las colinas no solo conmocionó a Estados Unidos: también despertó inquietud en regiones como la nuestra, acostumbradas a mirar de reojo lo que ocurre en otros climas mediterráneos.
El publicado en Global Change Biology y liderado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF), con la participación de la Universidad de Murcia, ha arrojado luz sobre la raíz de esta tragedia. Entre sus autores figura Marco Turco, investigador postdoctoral Ramón y Cajal de la UMU. En el estudio se detectó una fase húmeda de hasta dos años antes de los incendios, que promovió el crecimiento vegetal, seguida por un proceso de secado de 4 a 6 meses previos a la ignición, lo que generó condiciones altamente inflamables. Una idea que cuestiona la manera tradicional de entender el riesgo de incendios. El fuego no surge sólo del calor o del viento: a veces se prepara con meses de antelación en los periodos de lluvia.
El estudio es fruto de una colaboración internacional coordinada por la investigadora italiana Francesca Di Giuseppe desde el ECMWF en Inglaterra, en la que también han participado los investigadores Joe McNorton, Jessica Keune y Alberto Moreno .
Las fases húmedas precedidas de sequía generan un «combustible» altamente inflamable
El estudio analiza incendios extremos ocurridos entre 2012 y 2025 en tres grandes ecorregiones de California: el bioma mediterráneo, los desiertos y las áreas montañosas forestales. La conclusión a la que han llegado los investigadores es que en los ecosistemas mediterráneos y áridos, como los de la cuenca de Los Ángeles, existe un patrón recurrente. Tras una fase húmeda de hasta dos años, la vegetación crece con una intensidad inusual. Meses después, cuando llega la sequía y los vientos cálidos resecan el paisaje, esa exuberancia se convierte en un polvorín.
Según explica Turco, «en ecosistemas normalmente áridos, como el de Los Ángeles, el factor limitante no es tanto que el combustible esté seco, sino que haya combustible. Si antes ha llovido mucho, hay más vegetación de lo normal. Después, con la sequía, ese material se seca y aumenta el peligro».
El rebote hidroclimático funciona, en suma, como una trampa climática: la lluvia trae vida, pero al poco tiempo deja tras de sí la semilla del desastre.
Lo que ocurre en California tiene similitudes directas en el Mediterráneo español. Climas similares, veranos prolongados y cada vez más secos e inviernos irregulares. Los expertos advierten que lo sucedido en Los Ángeles podría repetirse aquí, incluso fuera del verano.
«El cambio climático está alargando la estación de los incendios más allá del verano»
«El ejemplo de Los Ángeles es un ejemplo de algo que puede ocurrir aquí también. Tenemos que estar preparados para hablar de incendios no solo en el periodo de verano, sino también fuera de esa temporada. El cambio climático está alargando la estación de los incendios», subraya el investigador de la Universidad de Murcia.
Uno de los aportes centrales del estudio es la necesidad de incluir en los modelos de predicción variables de «memoria larga»: huellas que el clima va dejando en el ecosistema durante meses. Hasta ahora, la mayoría de los servicios operativos de prevención se apoyan en índices como el Fire Weather Index, que combinan viento, temperatura y humedad para estimar el peligro inmediato, según explica el investigador de la UMU.
Ese enfoque, añade Turco, «puede ser útil para hacer el pronóstico de hoy para mañana, pero falta la información de los rebotes hidroclimáticos previos. Incluirla puede servir para anticipar si una temporada es más peligrosa o no de lo normal».
Para una región como Murcia, donde los avisos de «peligro extremo» se repiten casi a diario en verano, esta mejora sería clave para «afinar las alertas y evitar falsas alarmas». La incorporación de variables de memoria larga podría permitir diferenciar cuándo se trata de un riesgo real y cuándo de un valor extremo dentro de lo habitual.
Misma superficie quemada
La superficie quemada desde 1980 en la Región de Murcia no ha aumentado, e incluso se ha reducido ligeramente, según afirma Turco. La explicación está en la mejora de la gestión forestal y en la respuesta social tras episodios traumáticos como el gran incendio de Moratalla en 1994, cuando una ola de calor arrasó más de 25.000 hectáreas. Sin embargo, «el clima sigue cambiando, y con él la ventana de riesgo».
El caso de Galicia
El estudio también ayuda a explicar las diferencias regionales dentro de la península ibérica. El litoral mediterráneo, con climas secos y calurosos como el murciano, comparte con California esa dependencia del rebote hidroclimático. En cambio, regiones como Galicia o el noroeste peninsular, donde la lluvia es abundante, cuentan siempre con combustible disponible. Allí lo decisivo no es tanto la fase húmeda previa, sino que una ola de calor o una sequía puntual seque el material vegetal, según advierte Turco.
El verano de 2025 en España ilustró bien esta diversidad. Tras una primavera lluviosa en el noroeste, los meses de junio, julio y agosto fueron anómalamente secos, y agosto añadió una ola de calor extrema. El resultado fue una proliferación de incendios favorecidos por la conjunción de factores. En el Mediterráneo, en cambio, el verano suele ser tan seco que el combustible se agota rápido y llega un punto de «saturación»: da igual una ola de calor más, porque la vegetación ya está completamente seca.

Marco Turco, el investigador de la UMU que ha participado en el estudio. / L. O.
Prepararse para lo inevitable
¿Está la Región de Murcia preparada para un megaincendio? Turco es prudente al respecto: «Frente a un desastre así es muy difícil estar siempre preparado. Lo que tenemos que hacer es mejorar todavía más la prevención. Y prevención significa también reducir el riesgo, que es el peligro multiplicado por la exposición y la vulnerabilidad».
Eso implica, en palabras del investigador, repensar la planificación urbanística y evitar que estas se construyan en el espacio urbano forestal, así como asumir que la supresión total de incendios es «imposible». La clave, insiste el investigador, está en «reducir la vulnerabilidad y la exposición».
Misma superficie quemada
La superficie quemada desde 1980 en la Región de Murcia no ha aumentado, e incluso se ha reducido ligeramente, según afirma Turco. La explicación está en la mejora de la gestión forestal y en la respuesta social tras episodios traumáticos como el gran incendio de Moratalla en 1994, cuando una ola de calor arrasó más de 25.000 hectáreas. Sin embargo, «el clima sigue cambiando, y con él la ventana de riesgo».
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