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Premios La Opinión

Importante de septiembre: Javier Soria, ayuda murciana en Gaza

Javier Soria ha pasado siete semanas sobre el terreno en Gaza prestando ayuda como enfermero durante el conflicto con Israel

Vuelve a España con la esperanza de que los gobiernos se impliquen y logren parar un genocidio que ha matado ya a más de 20.000 niños, el equivalente a la población de Caravaca

En enfermero murciano Javier Soria.

En enfermero murciano Javier Soria. / Juan Carlos Caval

Ana García

Ana García

El enfermero murciano Javier Soria inició su trayectoria en el ámbito de la ayuda humanitaria con Médicos Sin Fronteras en el año 2021, tras la pandemia de la covid. En este tiempo ha participado en campañas de la organización que le han llevado a trabajar sobre el terreno en Yemen, Camerún, Colombia, Mozambique, la selva de Panamá, Gaza, Sudán y Chad, de donde acaba de regresar.

Los últimos destinos son los que más le han marcado, ya que llegó a Gaza al poco de estallar el conflicto con Israel y en la zona del Chad se encontró con más de 770.000 refugiados como consecuencia del enfrentamiento en Sudán.

Este joven comenzó a interesarse por la cooperación internacional estudiando en la Universidad de Murcia (UMU), donde cursó el grado de Enfermería. En ese momento se produjo el estallido del brote de ébola de 2014 en Guinea, que poco después se convirtió en pandemia al saltar a distintos países del continente africano, Estados Unidos y Europa.

Esto le llevó a contactar con Médicos Sin Fronteras para interesarse por la forma en la que podía ayudar, pero se dio cuenta de que primero necesitaba completar su currículum. Al terminar sus estudios estuvo trabajando en Inglaterra como enfermero, aunque en la pandemia de coronavirus regresó a España para incorporarse al Sistema Nacional de Salud (SNS) y aprovechó para hacer un máster de Salud Internacional y Cooperación, lo que le llevó a entrar en la organización humanitaria en 2021.

Actualmente, Javier Soria forma parte de un ‘pool’ de urgencias, por lo que está disponible para cuando es necesario salir hacia algún nuevo destino.

"Uno de los destinos más complejos"

En un momento en el que la mirada del mundo se dirige a Gaza ante las dimensiones del genocidio que está cometiendo Israel, este enfermero murciano de 32 años reconoce que este ha sido «uno de los destinos más complejos» en los que ha estado.

La campaña en la que participó en Gaza se prolongó durante siete semanas, ya que Médicos Sin Fronteras limita a un máximo de ocho semanas la estancia en las zonas de mayor conflicto con el objetivo de proteger a sus trabajadores a nivel emocional.

"Todos los días había incidentes múltiples que obligaban a dejar a un lado la atención a otros pacientes para atender a las víctimas de los ataques"

En este proyecto Javier Soria estuvo trabajando en un hospital de Gaza y en centros de salud y su labor se centró en la atención a las personas que llegaban heridas por el propio conflicto, así como a los pacientes ingresados y con dolencias habituales. «Todos los días había incidentes múltiples que obligaban a dejar a un lado la atención a otros pacientes para atender a las víctimas de los ataques, pero la vida sigue y en una guerra también hay que prestar asistencia al resto de la población», explica el enfermero murciano.

Las siete semanas que pasó en Gaza las recuerda como una experiencia muy dura, aunque vivía en un perímetro calificado como seguro, al ser una zona humanitaria junto a la playa en la que no había posibilidad de que hubiera túneles en los que esconderse. Posteriormente, la zona segura en la que vivía Javier también ha sido atacada por Israel, que se está saltando en este conflicto todas las normas de derecho internacional sobre el respecto a trabajadores humanitarios, centros sanitarios y escolares o periodistas.

"Desde la cama veía los drones y los bombardeos"

Allí , doce compañeros compartían tres habitaciones y recuerda que «desde la cama veía los drones y los bombardeos», una situación que califica como «terrible».

El enfermero alerta de que «si no se respeta la ayuda humanitaria terminará por no poder contarse con ella» porque desde las organizaciones, como Médicos Sin Fronteras, se vela por proteger al equipo. Quienes acuden a ayudar a estas zonas son conscientes de que hay un riesgo, «pero nosotros nunca debemos ser parte del objetivo», insiste.

La situación va a peor

Pese a haber salido del país, Javier Soria sigue manteniendo el contacto con los compañeros con los que trabajó en Gaza y tiene claro que aunque él estuvo en un momento complicado, «en la actualidad es mucho más duro», ya que la red de centros de Atención Primaria ha desaparecido por completo y no existe ningún hospital que esté operativo al cien por cien. Los únicos que aún prestan asistencia están desbordados.

Uno de los problemas que se ha encontrado en esta campaña son los continuos obstáculos para distribuir el material que necesitaban. Ellos mismos ayudaban con el reparto de agua y el traslado de generadores para dar electricidad a los centros sanitarios, pero el hecho de que la fundación encargada del reparto de la ayuda esté en manos de Israel no facilita las cosas, «los hospitales trabajan bajo mínimos».

"Las últimas acciones de apoyo al pueblo palestino están bien, pero llegan tarde"

Ante esta realidad, el sanitario murciano tiene claro que las últimas acciones de apoyo al pueblo palestino «están bien, pero llegan tarde. Llevamos dos años de genocidio», insiste. Por lo que reclama más intervención por parte de los gobiernos ante esta situación. «Nosotros sólo somos médicos y enfermeros –en referencia a los trabajadores humanitarios–, no podemos parar este genocidio, son los estados los que deben trabajar para acabar y poner fin a esta situación».

Dejar a los compañeros atrás, lo más duro

Con apenas 28 años, Javier Soria se embarcó en la primera acción humanitaria de las muchas que ha llevado a cabo con Médicos Sin Fronteras. Esta le llevó a Yemen. Cinco años después puede decir que en su ‘mochila’ lleva la experiencia de haber ayudado en cerca de una decena de territorios, algunos de los cuales se encontraban en pleno conflicto, como Gaza o Sudán. En casa dejaba a sus padres y a sus tres hermanos: Juanma, José y Pedro. Pese a los riesgos que existían en estas zonas, reconoce que en casa siempre le han apoyado, «aunque vivieron con miedo mi primer destino, ya que ese territorio pintaba mal en aquel momento», explica.

Uno de los destinos que más le ha marcado ha sido Gaza, aunque reconoce que lo que más le costó de esta experiencia fue volver y tener que dejar atrás a sus compañeros. Tenía la sensación de que él regresaba a su zona de confort mientras salía de un lugar cuyo destino se complicaba por momentos.

La última campaña le llevó a Sudán y Chad, otra zona en conflicto donde la vida vale muy poco y se usa la agresión sexual como arma de guerra contra la población. Recuerda que uno de sus compañeros, que trabajaba en atención a salud mental, tuvo que ver como mataban frente a sus ojos a todos sus hermanos. «Cuando estaba en consulta quedaba en shock porque revivía todo aquello», lo que obligó a trasladarlo. Experiencias, pequeñas muescas, que quedarán siempre en su corazón.

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