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Defensa

Triunfar o morir: así se instruye a un paracaidista

El Regimiento de Infantería ‘Zaragoza’ n.º 5 de Paracaidistas abre las puertas de su acuartelamiento, en Javalí Nuevo, para mostrar su adiestramiento diario

Así se forma un 'paraca': jornada de entrenamiento con los paracaidistas de la Bandera 'Ortiz de Zárate' del Regimiento 'Zaragoza' n° 5

J.M. Lax Asís

El sol apenas empieza a despertarse en Javalí Nuevo cuando la unidad de la Brigada Paracaidista acuartelada allí, el Regimiento de Infantería ‘Zaragoza’ n.º 5 de Paracaidistas, se forma en el patio de armas. Las compañías esperan frente a su coronel, Enrique García del Castillo, para dar novedades. Después, la voz del jefe del Regimiento marca el inicio de un ritual diario: la oración paracaidista. Decenas de voces, acompasadas, resuenan al unísono, como un solo eco. El acto refuerza la cohesión del grupo. Tras la oración llegan los gritos de guerra, que culminan con el lema que define a la brigada: «Triunfar o morir». Acto seguido, se proclama uno de los diez principios de su ideario, un código que guía la vida, la instrucción y el espíritu de los paracaidistas. El de hoy recuerda sus orígenes en la guerra de Ifni, donde tuvieron su bautismo de fuego: «En Ifni se abrió el libro de nuestra historia; no escatimaré mi sangre para escribir en él páginas de gloria».

El silencio regresa al patio tras el eco de las voces. El coronel da la orden: comienza la instrucción físico-militar. Cada compañía sigue el plan de entrenamiento previsto para la jornada. Entre las 7.55 y las 9, las cinco compañías de la Bandera ‘Ortiz de Zárate’ III, perteneciente a la Brigada Paracaidista ‘Almogávares’ VI, se entregan a ejercicios destinados a mantener en plena forma a hombres y mujeres que deben estar listos para cualquier misión que el Estado les encomiende.

Su preparación tiene una particularidad que los hace únicos: el salto desde un avión. Esa capacidad de desplegarse desde el aire convierte a la brigada en una de las unidades de vanguardia del Ejército de Tierra. Para mantener ese nivel, la instrucción es constante y exigente: desde operaciones aerotransportadas y asaltos aéreos hasta las propias de una unidad de infantería ligera.

Por eso, junto al entrenamiento militar, el deporte ocupa un papel central. La rutina diaria incluye carreras continuas, sesiones de combate cuerpo a cuerpo o entrenamientos de crossfit. En una de estas estaciones encontramos al teniente Gutiérrez, de la Sección de Reconocimiento de la 14.ª compañía, conocida como ‘la Reco’. Mientras sus soldados cambian de ejercicio, explica: «Es un circuito de fuerza de alta intensidad. Dividimos al personal en ocho estaciones, y en cada una se trabaja un ejercicio funcional distinto: mancuernas, kettlebells, dominadas, cajones, neumáticos... La idea es entrenar de manera general, pero adaptada al trabajo que hacemos».

Este entrenamiento se repite dos veces por semana y se alterna con carreras por compañías, ejercicios con equipo, series o fartlek, tipo de carrera que altera ritmos. Pero no se trata solo de músculos y resistencia, como aclara el propio teniente: «Estos ejercicios buscan también cohesionar al grupo, conocerse mejor e incentivar la motivación. Así conseguimos soldados fuertes, centrados y conscientes de su cometido».

Al mismo tiempo, en la 12.ª compañía, la instrucción se centra en el combate cuerpo a cuerpo, con especial atención al jiu-jitsu y al grappling. El objetivo es saber controlar una situación de enfrentamiento directo sin necesidad de aplicar medidas letales. El teniente Ortiz lo detalla: «Empezamos con un calentamiento de movilidad articular, seguimos con ejercicios de agarre y derribo y, más adelante, entrenamos técnicas para controlar la situación con una finalización».

Estos entrenamientos se realizan una vez por semana, siempre que es posible, y se complementan con ejercicios de golpeo. Aquí no importa el rango; quienes tienen experiencia en boxeo o artes marciales mixtas la comparten con sus compañeros. «Nos apoyamos entre todos», explica Ortiz. «La entrega de quienes enseñan y la receptividad del resto hacen que la sección crezca mucho más rápido».

El entrenamiento diario consigue cohesionar al grupo, que se conozca mejor y centrarlo en hacerlo consciente de su cometido

Tras la ducha y el almuerzo, el Regimiento ‘Zaragoza’ n.º 5 continúa con el adiestramiento militar. Cada compañía tiene un cometido específico: las de fusileros se centran en el combate directo; la de mando y apoyo reúne a la plana mayor y a las secciones especializadas: morteros, reconocimiento, transmisiones y defensa contra carros; y la de servicios, la número quince, se ocupa de que todo lo material funcione: mantenimiento de armamento, vehículos y equipos, la sanidad e incluso la cocina de campaña durante maniobras.

Campo de instrucción

En este día, la 13.ª compañía tiene programada una sesión en el Campo de Instrucción Paracaidista y de Aerotransporte, conocido como Cipae. Allí, el entrenamiento se enfoca en lo que define a la unidad: lanzarse desde el cielo para estar listos, en cuestión de minutos, donde la misión lo requiera.

Divididos nuevamente por estaciones de trabajo, donde unas enseñan a recoger el paracaídas, otra para aprender a adoptar la postura de toma a tierra (ya que la velocidad de caída es de cinco metros por segundo), una tercera sirve para practicar el equipamiento individual, con mochila y armamento, y una última ayuda al adiestramiento de preparación de cargas.

El teniente Vicario, de la Sección de Armas de Apoyo, la ‘sapo’, cuenta en qué consiste esta confección de carga: «Hay material que excede el límite de peso con el que un saltador puede lanzarse de un avión. Es por ello que preparamos lo que se llama una carga ligera, es decir, que no exceda los ciento cincuenta kilos, como por ejemplo un mortero medio, que en conjunto suma unos 50 kilos». Estos embalajes se acolchan con cartón en forma de panal de abeja para amortiguar el golpe y, una vez en el suelo, el personal de la sección que salta tras el paquete se encarga de recogerlo y equiparse con el mismo para cumplir su misión.

En el campo de tiro, el teniente Kasner practica con la sección de morteros un ejercicio de fuego de fusilería en estático a una distancia de quince metros del blanco. El objetivo de este ejercicio es el de realizar un cambio de cargador de emergencia: «Para la realización de este ejercicio utilizamos ocho cartuchos distribuidos en cuatro cargadores, dos cartuchos por cada cargador. Ejecutarán una secuencia de dos disparos y, cuando se queden sin munición, realizarán un cambio de cargador de emergencia para introducir el siguiente cargador y así hasta consumir la munición», señala.

Es llevar poca munición en cada cargador para que exista la obligación de hacer ese cambio de cargador. El teniente Kasner explica que la finalidad de este ejercicio «es adquirir mediante la repetición esa destreza que vamos a necesitar durante el combate para cambiar el cargador de forma rápida cuando la situación lo requiera». "Solo se puede conseguir este objetivo si lo repito una y otra vez durante la instrucción del día a día. Al mecanizar el movimiento, la memoria muscular hace que, en una situación de estrés, no haya que pararse a pensar, sino que se realice de una forma directa e instintiva».

Una vez realizada la secuencia de los ocho disparos, se dirigen a los blancos para comprobar los impactos, para corregir las miras en caso de ser necesario o la postura de los caballeros o damas legionarios paracaidistas (CLPs o DLPs), nombre de los soldados de la unidad.

Zona de combate

La 12.ª compañía está realizando su instrucción en la zona de combate en población donde, por pelotones (ocho componentes), se adiestran en la ‘limpieza’ de edificaciones construidas para simular el combate en zonas urbanizadas. Es en este tipo de adiestramientos donde la unidad debe actuar de la forma más cohesiva, pues estos combates son en tres dimensiones y en cada palmo se puede encontrar un enemigo, por lo que los pelotones se mueven como un solo hombre, sin dejar ni un hueco sin cubrir, para proteger su seguridad y lo que es más importante, la de sus compañeros.

Mecanizar los movimientos hace que, en una situación de estrés, no haya que pararse a pensar, sino que se realiza de una forma directa e instintiva

Teniente Kasner

Esta unidad, la Bandera de Infantería ‘Ortiz de Zárate’ III, Regimiento de Infantería ‘Zaragoza’ n.º 5 de Paracaidistas, tiene experiencia en misiones internacionales. Sus componentes se han desplegado dos veces en Bosnia y Herzegovina (1993 y 1996), en Kosovo una vez en el 2000, hasta en cuatro ocasiones en Afganistán (2004, 2008,2010 y 2012), dos en Irak en 2015 y 2021, una en Mali en 2018 y la misión ‘Libre Hidalgo’ en el Líbano en 2023. Es por esto por lo que el trabajo en misiones en el extranjero no le es ajeno.

Tras la instrucción diaria, los Caballeros y Damas Legionarios Paracaidistas acaban su jornada a las tres de la tarde. Tras dar novedades nuevamente, esta vez de que todo se ha realizado con normalidad y sin incidencias, se despiden del capitán de su compañía formada frente al edificio que los alberga y son libres de descansar, en las habitaciones del acuartelamiento o en sus casas hasta el día siguiente, aunque, como recuerdan en la unidad, siempre listos para cualquier situación que los requiera, porque un paracaidista del Ejército de Tierra es paracaidista las 24 horas del día y su misión acababa cuando están preparados para la siguiente.

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