Entrevista
Pascual Pérez-Paredes: "Estamos a un paso de incluir a ciudadanos europeos en los discursos de odio"
La UMU lidera el proyecto ‘Freedom Of Movement At Play’ con el que intenta ofrecer un discurso alternativo al que triunfó en el Reino Unido en 2016 y que provocó el ‘Brexit’, una ruptura en la Unión Europea que podría volver a suceder en otros países

El catedrático de la UMU Pascual Pérez-Paredes. / L. O.
Pascual Pérez-Paredes, catedrático de Lingüística Aplicada y Lingüística inglesa en la Universidad de Murcia (UMU), trabajaba en Cambridge como investigador en 2016, año en el que los británicos decidieron salir de la Unión Europea (UE) tras votar en referéndum. «Al principio, no daba crédito. Luego, fui entendiendo que había intereses geopolíticos y económicos detrás de toda esa gran mentira», cuenta a La Opinión desde Hong Kong, donde se encuentra ahora realizando una estancia.
Aquella ruptura marcó a un grupo de investigadores europeos, liderados por Pérez-Paredes, que se embarcaron en un proyecto Erasmus+ que gira en torno a la generación de discursos alternativos a los que provocaron el ‘Brexit’ y a favor del derecho a la libertad de movimiento en el territorio europeo. Sus resultados se presentarán oficialmente el próximo 25 de septiembre en el Parlamento Europeo de la mano del eurodiputado Marcos Ros.
¿Le están pidiendo la revancha a los ideólogos del ‘Brexit’?
Pensamos que era importante poner de nuestra parte para poder ofrecer discursos alternativos a través de un corpus de entrevistas; en concreto, 100, a ciudadanos europeos que viven fuera de su país.
¿Ha salido bien el experimento?
Las entrevistas están marcadas por trayectorias personales que son realmente apasionantes. Son historias de adaptación y muchas de ellas son conmovedoras. Por ejemplo, en nuestro corpus español, tenemos testimonios de emigrantes rumanos que vinieron hace muchos años, con sus antiguos permisos, antes de que Rumanía entrase en la UE. Muchos años después, son sus hijos, que son españoles, los que han participado en estas entrevistas.
¿Qué cuentan?
Hay temas muy recurrentes, como el del aprendizaje del idioma. Se preguntan si merece la pena o si es bueno pasarle a sus hijos su lengua materna o, simplemente, dejar que aprendan el idioma del país. Al final, las lenguas con cierto estatus o utilidad económica sobreviven mejor, como el inglés. Las barreras burocráticas son otros asuntos de los que hablan mucho.

Pascual Pérez-Paredes expuso esta semana los resultados del proyecto al rector de la UMU, José Luján. / UMU
¿Qué espera de la presentación del proyecto en Bruselas?
El objetivo es reunir a una serie de personas interesadas en esos temas y poder comunicarles no solamente las conclusiones académicas, sino ofrecerles un volumen con los materiales pedagógicos que hemos creado para que cualquier escuela o universidad pueda usarlos en un futuro.
Después del Brexit, ¿sigue en riesgo esta libertad de movimiento en Europa?
Si me hubiera preguntado antes del Brexit, le hubiera dicho que no. Lo veía imposible, pero eso fue lo que pasó. Desgraciadamente, hoy en día sigue habiendo estereotipos contra ciudadanos de la propia UE, principalmente, hacia algunos países del este. Tenemos muchísima evidencia en la literatura científica. Los relacionan con maleantes o como personas que no son de fiar.
¿Solo del este?
Bulgaria o Rumanía, principalmente. No podemos olvidar que son ciudadanos de pleno derecho de la UE. Son personas que viajan o emigran, aunque realmente no son emigrantes porque, simplemente, están ejerciendo un derecho de movilidad reconocido.
Generalmente, estos discursos de odio se centran más en ciudadanos extracomunitarios.
Pero estamos a un paso de que también se incluyan en esos discursos a los propios ciudadanos europeos, en tanto en cuanto algunos de ellos pudieran ser fácilmente marginables o estereotipables. Ya pasó.
"Hay muchas fuerzas económicas que quieren una Europa dividida, atomizada y pobre"
¿Eso pasó con el Brexit?
Durante más de una década, las portadas de la mayoría de periódicos del Reino Unido se dedicaron a señalar a los ‘EU citizens’. Se dijo, por ejemplo, que los receptores de ayudas sociales eran fundamentalmente ciudadanos de la UE. Nos culparon del colapso de la sanidad británica. Al final, esas mentiras calaron profundamente.
¿Quién quiere acabar con nuestros derechos de movilidad?
Hay fuerzas de diversa índole, ideológicas y económicas, que ven en Europa un peligro. La UE es un proyecto de unidad política y económica imperfecto pero, en definitiva, también es el espacio de mayor seguridad y prosperidad que hemos conocido en muchísimas décadas. Existen muchos agentes interesados en una Europa dividida, atomizada y pobre.
¿Dará el Brexit marcha atrás?
La semana pasada tuvimos unas jornadas en Granada con más de 130 ponencias, presentaciones y mesas redondas. Acudieron también activistas británicos que persiguen crear un espacio de diálogo que permita recuperar la libertad de movimiento en el Reino Unido. Quién sabe... Ahora hay una nueva generación de jóvenes que no saben que hubo un tiempo en el que una de sus opciones a la hora de encontrar trabajo y desplazarse era el Reino Unido. Es importante que estén alerta porque, al igual que allí se llevó a cabo una difamación del ciudadano europeo por intereses geopolíticos, puede ser que pronto estemos en una situación muy parecida con otros ciudadanos europeos.
Nueve temporadas sobre libertad de movimiento
FOM@PLAY es una recopilación de cien entrevistas con ciudadanos europeos que viven en Italia, Francia y España. En total, son 90 horas de grabación. «Imagine una serie de Netflix con nueve temporadas. Pues eso es lo que hemos hecho, básicamente», explica el director del proyecto.
Para poder ver y escuchar estas entrevistas, el proyecto creó una página web, fomatplay.eu, en la que cualquera puede ingresar después de registrarse.
Entre los entrevistados está Viktoriya, una ciudadana nacida en Rusia que se vio obligada a emigrar por la situación política de su país y, especialmente, porque había trabajado como periodista: «Comprendí que se estaba volviendo peligroso». En la actualidad, vive en Italia.
Adrián S. es otro de los entrevistados. Rumano, vive en Salamanca y reconoce que aún no ha enseñado su lengua materna a su hija. «No queremos que hable con acento; si lo tuviera, no encontraría trabajo ni en un hotel», explica.
Anthony, irlandés que lleva viviendo en España casi cuarenta años, lamenta que no tenga derecho al sufragio activo en las elecciones a la Presidencia del Gobierno. «Es injusto», señala. Y Celia, española, lamenta que en el país vecino, Francia, note «reticencias» en el trabajo cuando notan su acento.
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