Desafío climático
El cambio climático empuja a los vinos murcianos a reinventarse
Nuevas técnicas de poda, cruces experimentales, cambios de orientación de viñedos y cubiertas vegetales: estrategias para afrontar la sequía extrema

Trabajadores de la vendimia, o peones, se encargan de la recolección de la uva para la vinificación en Bullas. / DOP Bullas
El sector del vino en la Región de Murcia enfrenta los retos del cambio climático, que se manifiestan en el aumento de las temperaturas, sequías prolongadas y fenómenos meteorológicos extremos. Se trata de una de las causas por las que en los últimos 25 años la Región ha perdido más de la mitad de sus viñedos, de 45.000 hectáreas a principios de siglo a sólo 21.000.
Para mantener la calidad de la uva y del vino, los viticultores han tenido que hacer una fuerte inversión para adaptar las técnicas de cultivo, desde la poda y el manejo del suelo hasta la selección de variedades resistentes y la gestión eficiente del agua. Al mismo tiempo, las bodegas han apostado por la sostenibilidad, implementando energías renovables y procesos con menor impacto ambiental, con el objetivo de preservar la identidad y prestigio de los vinos murcianos.
Carolina Martínez Origone, secretaria gerente del Consejo Regulador de la DOP Jumilla, explica a La Opinión que el cambio climático está afectando «de manera significativa» a los viñedos y bodegas de la Región. Según Martínez Origone, el aumento de las temperaturas y la prolongación de los periodos de sequía obligan a los viticultores a adaptar sus trabajos para garantizar que la uva y el vino cumplan los requisitos de calidad de la denominación de origen.
En un contexto donde la mayoría de las viñas son de secano, la adaptación del manejo agrícola resulta fundamental. Martínez Origone señala que técnicas como la poda corta, respetuosa con el flujo de savia, el manejo del suelo para mejorar la retención de agua y el control constante de la maduración de la uva permiten vendimiar en el momento óptimo y mantener la calidad.
La tinta Monastrell, variedad autóctona, sigue siendo la principal apuesta de los viticultores por su resistencia al calor y a la sequía. No obstante, algunas bodegas están explorando de manera experimental cruces de Monastrell con otras variedades desarrolladas por el Imida, como Gebas, Mirtya, Calblanque y Calnegre, para evaluar su comportamiento ante el cambio climático.
La escasez de agua representa uno de los mayores desafíos del sector. Martínez Origone advierte que, aunque la mayor parte del viñedo es de secano, resulta cada vez más urgente autorizar riegos de socorro o de apoyo, para garantizar también la supervivencia de las plantas. «Es una demanda del sector a las distintas administraciones con competencias en materia de agua, y que, por el momento, no se ha visto atendida», lamenta.
Al mismo tiempo, observa con preocupación cómo aumentan cultivos de uva de mesa u hortícolas, que consumen grandes cantidades de agua, en la comarca del Altiplano, «y a su vez niegan cantidades mínimas de agua para regar el viñedo de uva para vinificación».
El manejo del viñedo se ha adaptado también para proteger las cepas del calor extremo. Se aplican podas en verde para equilibrar la masa vegetal, ensayos con cubiertas vegetales para mejorar la retención de agua y, en nuevas plantaciones, se busca orientar los viñedos al norte, aumentar altitudes o ubicar los viñedos en umbrías más frescas.
En cuanto a los seguros agrarios a juicio de Martínez Origone, resultan «insuficientes, caros y poco adaptados a los fenómenos climáticos extremos».
En las bodegas, la sostenibilidad se ha convertido en una prioridad para la DOP Jumilla. Muchas instalaciones utilizan energías renovables, reutilizan aguas y materiales, y buscan reducir la huella de carbono. Algunas bodegas de Jumilla cuentan con la certificación internacional International Wineries for Climate Action, que reconoce su compromiso medioambiental.
El aumento de costes ligado a estas medidas de adaptación se refleja en el precio final del vino, aunque Martínez Origone sostiene que los vinos murcianos ofrecen una de las mejores relaciones calidad-precio del mundo. Resalta que la calidad e identidad de los vinos de Jumilla se mantienen gracias al esfuerzo de viticultores y bodegas, y que la crítica especializada nacional e internacional reconoce la singularidad de estos caldos.
Finalmente, Martínez Origone anima al consumidor a elegir vinos de Jumilla como una manera de apoyar la sostenibilidad, la tradición y la cultura del territorio. Según sus palabras, consumir estos vinos no solo garantiza calidad, sino que también contribuye al cuidado del medio ambiente y al desarrollo de una viticultura responsable y respetuosa con la historia de la región.
Reclaman riegos de socorro para sobrevivir
Francisco Carreño, presidente del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bullas, señaló que el cambio climático es una variable externa que no se puede controlar y que los periodos prolongados de sequía han afectado gravemente a los viñedos murcianos. Carreño se mostró escéptico ante las nuevas variedades de uva resistentes al calor y la sequía, señalando que los cambios en los cultivos requieren décadas y no ofrecen una respuesta inmediata a los problemas actuales. En este sentido, hizo referencia a los tres años de sequía extrema que ha padecido la Región y que ha dejado al sector en un 30% de producción. «Si llegamos a tener un cuarto malo habríamos desaparecido», aseguró.
Según Carreño, la situación del viñedo está marcada por una selección natural: las zonas más secas y duras desaparecen primero, mientras que las que cuentan con algún recurso de agua logran sobrevivir al estrés hídrico, «y aquí la administración podría intervenir de manera sencilla, autorizando riegos de socorro o sociales».
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