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Entrevista | Yaiza Perera Periodista especializada en la prevención del suicidio

"Si queremos conseguir ese efecto contagio de esperanza, tenemos que darle voz a los supervivientes"

La periodista especializada en la prevención del suicidio es una de las impulsoras de Once Vidas, el proyecto de El Mundo que surge de la necesidad de romper con el silencio y visibilizar la realidad del suicidio

Yaiza Perera.

Yaiza Perera. / El Mundo

Javier Vera

Javier Vera

¿Qué le llevó a dar vida al proyecto Once Vidas, una vez detectada la necesidad de visibilizar un problema tan real como silenciado como es el suicidio?

Fue a raíz de una toma de conciencia a nivel personal. Durante una sesión en un grupo de comunicación no violenta, en ese espacio de escucha comprensiva y sin juicios, una de las compañeras se abrió a contarnos que su hijo había muerto por suicidio cinco años antes. Me sobrecogió cómo ella expresaba que no podía hablar de lo ocurrido en su entorno, por eso agradecía tanto que le diéramos esa oportunidad en ese momento. De alguna manera me sentí cómplice de ese silencio y esa soledad que sufren los supervivientes, que es como se conoce a los familiares de quienes mueren por suicidio, al verse señalados y enjuiciados. Fue un punto de inflexión en mi vida, no solo a nivel personal sino también profesional. Escribí entonces mi primer reportaje sobre prevención del suicidio, abordando el duelo de los supervivientes, y en ese contacto con profesionales de este ámbito, la mayoría de psicólogos me mostró su confianza en el periodismo como agente de prevención. Una auténtica sorpresa porque hasta entonces teníamos completamente interiorizado que lo más responsable como periodistas era no informar sobre el suicidio. Fue un acto de desaprendizaje, y ante el papel fundamental que tenemos los medios de comunicación, ese compromiso con la sociedad, le propuse a Joaquín Manso, director de El Mundo, poner en marcha un proyecto en el que se abordase cada arista del suicidio de una manera profunda.

¿Por qué es tan importante dar voz a estos supervivientes en este tratamiento responsable del problema?

El hecho de que no cuenten con ese espacio de escucha y se sientan enjuiciados por la sociedad, es muy importante que ellos puedan expresar todo lo que han experimentado, es una cuestión de humanidad. Desde la comprensión, ayudarles a eliminar la culpa, que es una de las emociones que más pesan en el duelo de un superviviente. Escucharles cobra aún más importancia porque, en el caso de que una persona con ideación suicida lea o escuche el testimonio de un familiar que ha perdido a una persona querida por suicidio y queda totalmente devastada, puede hacerle pensar que esa carga que supone y ese descanso que va a proporcionar cuando ya no esté, se convertirá en un dolor demasiado intenso trasladado a su familia. Las investigaciones además demuestran que lo que tiene mayor impacto a nivel emocional en una persona con ideación suicida es escuchar a otras personas que ya han superado casos similares, así como a los propios familiares. Si queremos conseguir ese efecto contagio de esperanza, tenemos que darle voz a los supervivientes. Pero tenemos que tener en cuenta que nos debemos acercar a ellos con mucha delicadeza y sensibilidad, porque se trata de un colectivo vulnerable, y el objetivo es trasladar su mensaje, no el nuestro.

¿Qué reacciones han recibido por parte de los protagonistas de esta realidad en estos casi tres años de proyecto?

Somos muy afortunados de haber podido conocer a personas que son maestras de vida, por la manera que afrontan el dolor o la generosidad con la que se vuelcan para cuidar de otras personas. Se sienten realmente escuchados, y más allá de los reconocimientos que el proyecto ha recibido y que reafirman que estamos en el camino correcto, el mayor reconocimiento es que esas personas que llevan tanto tiempo sufriendo en soledad se sientan atendidas. Es una experiencia transformadora porque te terminas vinculando con todas esas personas. Trabajamos con una realidad que puede parecer oscura pero que está llena de luz por toda aquella gente con la que te cruzas. Sus voces se escuchan cada vez más lejos y más alto.

¿Y cómo abordar una temática tabú como el suicidio cuando afecta a un colectivo también estigmatizado en ocasiones como el de las personas con discapacidad?

La discapacidad es una realidad muy heterogénea, que afecta a personas de diferente forma y con necesidades y dificultades muy diversas. Los medios de comunicación tenemos que ayudar a comprender la realidad de las personas con discapacidad, y ayudar a entender a la sociedad como puede implicarse para aliviar esos factores de riesgo que conlleva el estigma por el que se ven afectados, como la soledad, la violencia o la exclusión. Ante ello, podemos dar una imagen positiva de la discapacidad, mostrar las capacidades que tiene esa persona, ayudar a comprender sus necesidades y darles voz, porque son personas que están normalmente invisibilizadas. Debemos darles voz, y que sean ellos los que expliquen sus necesidades para que podamos comprenderlos. Ayudemos a fomentar la inclusión social y a que la sociedad tenga esa mirada atenta frente a la discriminación, esa también es nuestra responsabilidad. Si nosotros eliminamos el dolor que supone para una persona con, por ejemplo, un trastorno mental grave, el aislamiento, la soledad y el rechazo, estamos contribuyendo a prevenir el suicidio. Y otra labor fundamental de los medios de comunicación es denunciar todas aquellas carencias del sistema en apoyo a estas personas, esa ausencia de medidas que puedan ayudar a estas personas a disfrutar de una mayor inclusión social y laboral.

¿Cuáles diría que son las principales pautas para tratar esta realidad con rigor, profesionalidad y sensibilidad desde los medios de comunicación?

Lo primero que tenemos que hacer es formarnos. A partir de ahí, seguir teniendo en cuenta que hablar de suicidio genera un efecto imitación, porque podemos ser un factor de riesgo, pero también de prevención. Debemos pasar del suceso en sí a abordar esa realidad de una manera más profunda. Pararnos a pensar si el caso de suicidio en concreto es noticiable, si es de interés público, o si detrás del mismo hay un desencadenante social confirmado, como puede ser el acoso escolar o los desahucios, pero en esos debemos tener cuidado porque podemos caer en la simplificación, porque el suicidio es multifactorial. En cuanto a las pautas en sí para su tratamiento, nunca debemos explicar el método con el que alguien se quita la vida ni especificar el lugar. Incluir los recursos de ayuda, como los teléfonos, también es básico en el tratamiento de la información, sobre todo en una posición de lectura preferente.

¿Cuánto se ha avanzado en los últimos años al respecto?

Poco a poco vamos interiorizando más esas pautas antes mencionadas, pero seguimos siendo factor de riesgo. Y el riesgo se multiplica porque los canales también se han multiplicado. Nos seguimos formando y aún quedan prácticas por eliminar por completo, a veces dadas por la búsqueda de rentabilidad, sensacionalismo o simplemente inconsciencia. Sí que se ve una diferencia enorme en el tratamiento de la prevención del suicidio, sobre todo en la voz que se le da a los supervivientes. Pero el reto es que todo ello no se vea vinculado a un día o una percha informativa, que cualquier excusa nos valga para hablar del suicidio.

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