Importante del mes de septiembre
Muriel Romero: de vuelta en la 'casa' de la danza
La coreógrafa murciana ejerce desde el pasado día 1 como nueva directora de la Compañía Nacional de Danza, donde inició su carrera como bailarina y a donde regresa ahora para "devolver todo lo aprendido" con una propuesta renovadora

Muriel Romero / Laura San Segundo
A Muriel Romero le ha cambiado la vida. Dice que, aunque no tiene hijos, cree que a ella le ha pasado como a esas madres primerizas que aseguran que la llegada de un pequeño retoño lo ha puesto todo patas arriba. Pero, como la mayoría de ellas, derrocha ilusión. Lo dice en casi cada una de sus respuestas, como una coletilla: «Pero estoy muy contenta». Y el ‘pero’ aquí no es negativo, sino necesario; es el que le pone los pies en la tierra: «Aquí se trabaja mucho y muy rápido».
Habla de la Compañía Nacional de Danza, la «CND». Se refiere a ella por las siglas, pero no desde el institucionalismo, sino desde la familiaridad. Y no es para menos: es su tercera etapa en esta «casa» (la suya). Como bailarina, firmó allí su primer contrato profesional: tenía apenas 16 años y como directora ejercía la rusa Maya Plisétskaya, última mujer en ostentar dicho cargo hasta el pasado 1 de septiembre. Años después –después de partir en busca de ampliar su formación en Europa–, regresó de la mano de una leyenda de esta disciplina como Nacho Duato. Era 1995.
Ahora, más de veinte años después, está de vuelta, pero de una manera diferente: siguiendo la estela de Plisétskaya, Duato y de su predecesor, el madrileño Joaquín de Luz. «Es una forma de devolver lo aprendido», dice, pero reconoce que poco o nada tiene que ver esta experiencia con las dos anteriores: «una cosa es ser bailarina y otra muy diferente es ser la directora. La responsabilidad es importante», asegura. Y añade: «pero estoy muy contenta».
Reconoce que las primeras semanas –comenzó el curso el mismo 1 de septiembre– le costaba dormir, pero que, poco a poco, «cada uno va encontrando su sitio, el lugar que le corresponde». Y ‘culpa’ de ello tanto a su equipo –Mayda Islas es su directora adjunta– y al de la CND, que desde el primer día, incluso antes, le ha puesto las cosas muy fáciles: «Me he pasado todo el verano trabajando para entender cómo funcionan los diferentes departamentos de la compañía, y aunque estaban de vacaciones, mucha gente se molestó en ofrecerme la información que necesitaba. Nos han recibido con una generosidad inmensa», asegura la murciana, agradecida.
Por supuesto, ella hizo los deberes y ahora está dispuesta a «trabajar, trabajar y trabajar 24/7» para la compañía; «incluso me he venido a vivir cerca de la sede para no perder tiempo en metros y autobuses y poder así estar concentrada al cien por cien en dirigir, gestionar y, por supuesto, crear para la CND», añade. Porque sí, ponerse al frente de una institución como esta es una responsabilidad, «pero la responsabilidad no es ‘miedo’, es ‘acción’»: «Por supuesto que hay nervios –sobre todo el otro día, durante la presentación, con cuarenta periodistas–, pero estoy con ganas de aportar, dispuesta a darle a la CND lo que creo que merece y con muchísima ilusión. De hecho, mucha gente me dice: ‘¡Ánimo!, y yo les digo: ‘¡Si estoy superanimada!’», señala entre risas.
Un proyecto "ambicioso y realista"
La noticia de su nombramiento como nueva directora de la compañía saltó a la prensa el pasado 9 de julio, una fecha importante para ella, ya que ese día se cumplieron dieciséis años de la muerte de su madre. Ella es la razón principal por la cual se inició en el mundo de la danza siendo todavía una niña. También su padre, matemático, físico y químico, pero con una gran sensibilidad musical: «En casa escuchábamos mucha música clásica, sobre todo a Chopin. Tengo esa suerte; es algo que me han transmitido desde la cuna», añade.
También recuerda el momento de la llamada. «Nos dijeron que nos iban a llamar, y allí estaba yo, en el sofá de casa, esperando. Eran las siete y media de la tarde y le dije a mi novio, Pablo Palacio: ‘No me llaman’», pero sí lo hicieron. El nombre que escogiera su interlocutor al otro lado del teléfono es irrelevante, porque quien hablaba era el destino. «Había una voz en mí que me decía que presentara un proyecto para dirigir a la CND, y claro que tenía dudas, pero me dije: ‘Que el ‘no’ no sea tuyo’», rememora. Después de una primera criba y dos entrevistas, fue que ‘sí’.
Cree –aunque no puede asegurarlo– que lo que ha convencido al consejo artístico de la compañía y a la dirección del Inaem es que el suyo es un proyecto «ambicioso, pero realista», y que pretende «tender puentes y sumar repertorio, así como nuevos lenguajes coreográficos» a la compañía. Y tiene sentido, si tenemos en cuenta su trayectoria como coreógrafa freelance o con el Instituto Stocos, con el que pocos días antes de que saltara la noticia estuvo en Murcia, en el Centro Párraga. «Creo que refleja mi versatilidad como artista», reflexiona la murciana, que siempre ha apostado por las nuevas tecnologías y por el encuentro de la danza con otras disciplinas.
De hecho, adelanta que pretende convertir la compañía en una suerte de hub, de laboratorio en el que «el cuerpo sea el vórtice», y del que participen tanto coreógrafos consagrados como emergentes, como sus propios bailarines y otros artistas, desde compositores a performers. «Que la CND no sea una burbuja aislada, que esté abierta a quien quiera colaborar con nosotros», resume la murciana, para quien esta debe ser «la compañía de todos, y la cuna de nuevas miradas para el mundo de la danza». Por ello va a trabajar a destajo, las 24 horas del día, si hace falta, pero «contenta» (ya saben).
Una visión moderna, feminista y diversa
Dice Muriel Romero que ella ve la danza «en su mayoría»: «Nunca me he quedado en la casilla de salida», afirma. Por eso, parte de su propuesta tiene que ver con abrir el abanico de la CND más allá de los estilos que van del clásico al contemporáneo. Habla de vanguardias y de artes performativas, incluso de experimentación, pero aclara: eso no va reñido con las reposiciones, especialmente de piezas como Romeo y Julieta y Carmen, parte del repertorio histórico de la compañía. No obstante, afirma tener un «ojo muy crítico» a este respecto: «¿Qué necesidad hay de hacer una versión actualizada de La bella durmiente? ¿No hay otras historias? Claro que haremos estos clásicos, pero como se plantearon en su momento y en su contexto. Y, a partir de ahí, valorar también la nueva creación, entender que estamos en el siglo XXI y que debemos tener una mirada multidisciplinar», señala Romero, quien tira de una metáfora pictórica para ilustrar su filosofía: «No hay nada de malo en disfrutar con Velázquez, pero eso no está reñido con ir a ver un Picasso o pasarte por ARCO».En este sentido, la nueva directora de la compañía afirma que su criterio a la hora de seleccionar las nuevas obras que represente su compañía tiene que ver única y exclusivamente con la calidad. Lo dice al respecto de la visión «feminista, inclusiva y diversa» que defendió en rueda de prensa el pasado miércoles, y que mantiene en su charla con este periódico: «La danza tiene que estar conectada con la sociedad», dice, y es casi una obligación para la CND atender sus demandas. «Por suerte, en España tenemos mujeres de gran trayectoria que nunca han tenido abiertas las puertas de esta casa (cosa que no pasa en otros países...), y vamos a darles una oportunidad», asegura.
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