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IV Jornada de psicología y suicidio

Pilar Martín: "El suicidio no es un problema de salud mental, es un problema de salud pública"

La vicedecana del Colegio Oficial de Psicología de la Región advierte de la necesidad de más inversión pública en los planes de prevención

La vicedecana del Colegio Oficial de Psicología de la Región de Murcia, Pilar Martín, este martes.

La vicedecana del Colegio Oficial de Psicología de la Región de Murcia, Pilar Martín, este martes. / Juan Carlos Caval

La vicedecana del Colegio Oficial de Psicología de la Región de Murcia, Pilar Martín, fue la encargada de ofrecer las conclusiones de la IV Jornada de Psicología y Suicidio. En su intervención destacó que «la conducta suicida es un fenómeno universal en el que parece seguir existiendo más enigma que conocimiento», aunque «gracias al trabajo profesional, a la investigación, al estudio, se han puesto sobre la mesa algunos factores importantes, y sabemos que poner palabras al sufrimiento alivia el malestar y facilita la recuperación, y de alguna manera ese ha sido siempre el lema principal de estas jornadas».

Martín repasó los principales temas que se trataron en esta cuarta edición de las jornadas organizadas por La Opinión de Murcia y el Colegio Oficial de Psicología.

«A lo largo de la mañana hemos hablado del suicidio como fenómeno estigmatizado y silenciado», comenzó Martín. «A partir del siglo XVIII hay un cambio de paradigma y la medicina reclama el estudio de la conducta suicida vinculándolo a la psiquiatría», lo que nos permite, explicó, «entender por qué en gran parte el suicidio se ha considerado una responsabilidad individual», lo que ha provocado que «reflexionemos poco sobre el suicidio como un fracaso colectivo».

«También se ha abordado el comportamiento suicida como un problema social», continuó Martín. «No es un problema de salud mental: es un problema de salud pública», y como tal, «requiere el esfuerzo de todos los políticos y de toda la sociedad». A pesar de ello, «todos los planes de prevención salen del Ministerio de Sanidad». «Ayer se presentaba esa intención de un plan nacional sobre prevención del suicidio», prosiguió. «Estaba la ministra de Defensa, el ministro de Justicia… Pero la primera que tiene que dar un paso adelante es la ministra de Hacienda, el de Economía, porque si no hay dinero para sacar adelante esos planes, estamos haciendo poco», sentenció Martín.

«Ya decía Durkheim que la principal medida de prevención es la cohesión social», por lo que «se ha insistido en la importancia de la integración social», señaló la vicedecana del COPRM.

Otro de los temas principales de las jornadas fue «la dimensión cultural del suicidio». A este respecto, Martín señaló que «en gran medida, somos más competitivos, hedónicos, individualistas, con un exacerbado culto a la tecnología, a la felicidad impuesta», y manifestó que «el éxito social hoy es difícilmente compatible con el éxito sano». Asimismo, se refirió a la superficialidad de los vínculos interpersonales actuales, ya que «buscamos relaciones humanas, no conexiones humanas», por lo que llamó a prestar más atención al sufrimiento de los que tenemos cerca.

En cuanto a la dimensión política, otro de los temas que se abordaron, Martín afirmó que «es importante volver a situar la salud mental como un derecho y huir de su mercantilización, de esa despolitización del malestar y del sufrimiento que ha hecho que se desvíe el foco de atención hacia la persona».

«En definitiva», continuó Pilar Martín, «las muertes por suicidio se pueden prevenir», y «para ello es importante diseñar e implementar estrategias que recojan la complejidad de la conducta suicida y de su naturaleza multicausal. Además, para atender el fenómeno en toda su dimensión (social, cultural, clínica, etcétera), se requiere de un enfoque multidisciplinar y coordinado, apoyado principalmente en la prevención primaria (promoción y protección de la salud). También en la detección precoz y por supuesto en la atención a la conducta suicida».

En este sentido, señaló, «las estrategias de prevención tendrán que ser globales (concienciación, sensibilización, etcétera), pero también específicas, en función de los grupos de población a quienes van dirigidas, en particular a los grupos más vulnerables».

«Hablar de conducta suicida», concluyó Pilar Martín, «salva vidas, sensibiliza a la población y ayuda a reducir el estigma, facilita la petición de ayuda y moviliza los recursos disponibles, siendo el apoyo social una pieza clave para la persona que sufre».

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