Eduardo y Alberto Saldaña | Fundadores del estudio de videojuegos y realidad aumentada
Sons of a Bit: Portal a otra realidad en el bolsillo
El mundo virtual puede aislar, pero también puede conectar a las personas entre sí y con el entorno. Eso quiso demostrar el estudio murciano con ‘Kluest’, y lo consiguieron con creces: el mundo de la realidad aumentada tiene los ojos puestos en Sons of a Bit.

Los hermanos Eduardo y Alberto Saldaña, al frente de Sons of a Bit, con el Auggie por ‘Kluest’ en Llano de Brujas. / L.O.
La aventura de Sons of a Bit comenzó en un piso de Llano de Brujas. En esa casa, Alberto y Eduardo Saldaña se lanzaron, en 2013, a fundar la empresa que a principios de julio recibió el que se considera el ‘Oscar de la realidad aumentada y virtual’.
Allí, en los Auggie Awards de California (en la exposición internacional AWE USA 2024, la más importante del género), gigantes como Niantic (Pokémon Go) y Vertigo (Arizona Sunshine), a la vez influencia y competencia para los murcianos, vieron cómo Alberto y los suyos recogían el premio al mejor videojuego de Realidad Aumentada (AR) y Virtual (VR) del mundo en 2024. Es decir: Kluest, el proyecto al que se lanzaron hace seis años y en cuyos ‘teasers’ se reconoce la Plaza de Santo Domingo, el tranvía, la Universidad de Murcia, el Cuartel de Artillería y el Teatro Romea, es el mejor videojuego inmersivo que uno pueda encontrar. Que tiemble Pikachu.
Pero decir que Kluest es un videojuego sería no pasar de la primera pantalla. En primer lugar, porque ante la cuestión de por qué «está reñido salir a la calle y consumir contenido digital», decidieron derribar ese muro y animar a los usuarios a relacionarse con el entorno. Y en segundo lugar, porque la semántica de la palabra se les queda corta: lo que los hermanos Saldaña y su equipo han confeccionado es una plataforma de contenido de realidad virtual que cuenta, ahora mismo, con más de dos mil experiencias –así las llaman–, de todo tipo, que «mezclan el mundo digital y el mundo físico». Ellos mismos lo definen como «el YouTube de la realidad aumentada».
Llenar el mundo de contenido
Para ubicarse mejor en su mapa, tanto metafórico como real -¿o virtual?–, se puede resumir Kluest en que tiene tantas posibilidades como usuarios hay. «El mundo es muy grande, y llenarlo de contenido que tenga sentido será muy complicado», explica Alberto, CEO de la compañía. Por eso, ellos dan las llaves del reino a los usuarios. Desde rutas turísticas interactivas hasta yincanas personalizadas por la ciudad, pasando por avatares que viven aventuras en las calles del barrio y personajes históricos que te enseñan los lugares que les rodean. Y todo ello, gracias a la cámara del móvil y a la habilidad del estudio murciano.
Ellos crearon el mundo al que da el portal de ese ‘espejo negro’ del que nadie se despega, y luego hicieron creadores a los jugadores para llenarlo de «contenido espacial»: objetos, historias y personajes «integrados en el espacio» generados por ellos mismos. Un gran proyecto nacido con la intención de ir más allá de ellos.
Sons of a Bit ha conseguido con Kluest, por tanto, ser el primer «agregador», la primera «plataforma de contenido de realidad aumenta». Como un gran catálogo de esta tecnología en la palma de la mano: justo donde quieren estar.
Un premio cada vez más caro
«No hace falta saber programar ni nada: es tan sencillo como colocar un punto en el mapa dentro de la propia aplicación», explica. Y ellos se colocaron rápidamente en otro mapa, concretamente en el de los grandes del entretenimiento inmersivo. Ya fueron finalistas de este mismo galardón en 2020, pero les quedaban vidas para seguir jugando y 2024 ha sido su año: se coronaron ante los mejores, «un auténtico subidón».
«Es un premio que año tras año, digamos, se pone más caro: es más difícil, porque cada vez hay empresas más grandes», cuenta. Más grandes que la suya, pero no mejores.
Ha pasado poco tiempo, pero ya se notan los resultados de haberse lucido en ese gran escaparate. La «sorpresa» del Auggie les ha permitido abrir una tercera ronda de inversión y las descargas se han disparado: «Si buscas en la App Store ‘metaverso’ salimos los primeros», cuenta ilusionado.
La magia de Kluest es que es un ‘juego infinito’ al que aún le queda mucho recorrido –cuentan que siempre escuchando el feedback que les dan los usuarios, que cada vez pasan «más minutos», según los datos que manejan, en esta aplicación que les escucha, crece con ellos y les permite dar rienda suelta a su imaginación en un mundo que es todo lo real que permite un móvil–, por lo que podrán disfrutar de su logro desde dentro del propio proyecto y reinvertir esa nueva atención en seguir desarrollándolo.
Y uno de esos escalones a conquistar en un futuro es la monetización del contenido, avanza Alberto. Si ya hay quien consigue un salario bailando en TikTok o haciendo vídeos de recetas en YouTube, no es descabellado que Kluest pueda ser una fuente de ingresos. «Si alguien crea una experiencia de muchísima calidad, queremos que reciba un beneficio a cambio, que incluso pueda dedicarse profesionalmente a ello», proyecta. Puede sonar marciano, pero señala que el modelo funciona y está probado, como con el caso del gigante Roblox.
Sons of a Bit, desde la Región de Murcia, ha sorteado los entresijos de una industria que hace unos años era «opaca» y se centraba en lo «físico». Ellos han tejido, píxel a píxel, un nuevo entramado de realidad que une, crea, entretiene y sorprende en todo el mundo.
Una pasión hecha píxel a píxel desde Murcia
Alberto y Eduardo crecieron en un hogar en el que las ‘pantallitas’ desfilaban por la puerta de entrada gracias a su padre –y desgracia de su madre, que ante cada nueva nueva incorporación exclamaba «¡Otra maquinita más!»–. «Amstrad, Spectrum, Commodore, consolas de Nintendo, de Sega...» han hecho que Sons of a Bit beba de muchísimas influencias de todas las generaciones, cuenta Alberto echando la vista atrás. Entre ellas hay juegos que son –o deberían ser, mejor dicho– «patrimonio de la humanidad», esos que «rompen con lo anterior y abren un mundo de posibilidaes». El que les dio el empujón para lanzarse al mar de la aventura ditigal de bolsillo fue Pokémon Go, un concepto que les enamoró. Un lustro de su trayectoria lo pasaron en el campus de la UMU, en el Centro Europeo de Empresas e Innovación de Murcia (CEEIM), pero la pandemia les hizo que ver que el teletrabajo era posible. Ahora, Sons of a Bit lo forma un equipo deslocalizado de casi veinte personas y, del mismo modo que su plantilla no entiende fronteras, tampoco lo hacen sus aspiraciones. Ya son más de veinte los países que Kluest tiene en su mapa, pero la misión ahora es «cargar el cohete de gasolina» para que el empujón del Auggie les permita cruzar el charco. Lejos quedan esas primeras ‘betas’ que fueron, en realidad, hace tan solo cuatro o cinco años, pero son conscientes de que lo que están haciendo es «dificilísimo»: «Cuanto más sabemos, más nos damos cuenta de lo complicado que es mantener una comunidad viva». Y lo hacen. Y desde Murcia.
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