Agua

Las depuradoras de la Región reciben 10 vertidos de "alta carga contaminante"

En 2023 se registraron 278 incidencias de vertidos a alguna de las estaciones depuradoras de aguas residuales

Las EDAR pudieron solucionarlo con tratamientos y no hubo riesgo para la población

Imagen del proceso de decantación en la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Torre Pacheco.

Imagen del proceso de decantación en la Estación Depuradora de Aguas Residuales de Torre Pacheco. / Israel Sánchez

Jose Antonio Sánchez

Jose Antonio Sánchez

Las depuradoras de la Región de Murcia no solo garantizan la reutilización de más de 120 hectómetros cúbicos de agua al año, también son la última muralla para evitar que las malas prácticas de determinadas empresas, que vierten sus residuos tóxicos al alcantarillado, acaben causando un perjuicio a la población y al medio ambiente.

En total fueron 10 las Estaciones de Depuración de Aguas Residuales (EDAR) las que recibieron vertidos tóxicos de «alta carga contaminante» durante 2023, año en el que también se registraron 278 incidencias. «Calificamos como vertido de alta carga el que sobrepasa los 1.100 miligramos por litro de Demanda Química de Oxígeno (DQO). Este parámetro nos indica las necesidades de oxígeno para su correcta eliminación», explica Agustín Lahora, responsable técnico del Departamento de Vertidos de la Entidad de Saneamiento y Depuración de la Región de Murcia (Esamur).

Las depuradoras urbanas a las que llegaron estos vertidos fueron las de Molina de Segura, La Unión, Archena, Ceutí, Jumilla, Calasparra, Bullas y las dos de Fortuna, aunque desde Esamur aclaran que en todo momento las EDAR fueron capaces de contrarrestar esos tóxicos, neutralizarlos y evitar así los riesgos para la población.

«Las EDAR están dimensionadas para hacer frente a los vertidos, además disponen de mecanismos de control y regulación para adaptar el proceso al tipo de agua que reciben en cada momento, por ejemplo, aumentando la aireación que recibe el agua», dice un Lahora que recuerda que incluso en las zonas con más industrias, las depuradoras están diseñadas con un tratamiento de doble etapa que las protege de vertidos intensos que les pudiesen llegar de forma puntual.

Pese a que estén preparadas, la realidad es que un vertido de muy alta intensidad podría afectar al proceso biológico que usan las EDAR para depurar el agua, aunque no es el caso de la Región: «Este no es el caso de Murcia, donde la industria predominante es la agroalimentaria, cuya agua tiene una composición compatible con las depuradoras urbanas siempre que reciban un tratamiento en origen».

Por otra parte, una incidencia es una «simple comunicación» de que ha llegado un vertido que no es habitual. «La mayor parte de ellos no suponen ningún problema, aún así, se analiza su composición y se investiga su procedencia», explican desde Esamur, que siempre comunica a los ayuntamientos este extremo por si pudiera constituir un incumplimiento de la autorización o de la ordenanza municipal de vertidos.

Mayor coste

Una de las realidades que dejan estos vertidos industriales es que sí aumentan la factura de la depuración de agua. «Lo que sí implican los vertidos es un incremento de los costes de depuración, puesto que hay que emplear una mayor cantidad de energía y de reactivos para su tratamiento, también pueden producir un deterioro en los equipos, lo que obliga a reponerlos con mayor frecuencia, y esto también supone un mayor coste», explica Lahora.

El responsable del Departamento de Vertidos, eso sí, puntualiza que la «mayor parte de los vertidos son puntuales y de corta duración», así como que su origen suele estar relacionado con averías u otros imprevistos, pero que «se solucionan con bastante rapidez». Generalmente, los vertidos están ligados a la industria de elaboración de alimentos, que es la que si olvidarse de la industria química o metalúrgica, así como de otros sectores minoritarios. Como el del reciclaje y la gestión de residuos, «cuyas aguas nunca deben verter al alcantarillado».

Motivo por el que lo más importante es la prevención en origen y la concienciación del sector industrial regional, del que destacan una gran colaboración en el momento en el que, con trabajo conjunto, las empresas acabaron implementando las medidas para la protección medioambiental. «No obstante, actualmente esta actividad está altamente tecnificada y disponemos de sensores de medición en continuo de la contaminación situados en lugares estratégicos, que nos informan en tiempo real de lo que está sucediendo y también nos envían alarmas cuando sucede algo fuera de lo normal», concluye Agustín Lahora.

Prevención industrial

Las grandes empresas murcianas cuentan con procesos de depuración previos al vertido al alcantarillado, las conocidas como EDARI (Estación de Depuración de Aguas Residuales Industriales) que consiguen que el agua sea como la que sale de las viviendas, por lo que puede ser tratada sin problemas en las depuradoras sin ocasionar ningún tipo de problema de funcionamiento. Así que el agua industrial recibe un doble tratamiento, primero en la propia industria y después en la EDAR urbana, por lo que se adapta para que pueda ser reutilizada como un recurso hídrico más.

El 83% del agua industrial que llega a la red está tratada

Esamur realizó durante 2023 un total de 920 visitas a empresas industriales para garantizar que la industria aplica los tratamientos adecuados, que están marcados por ley, y asegurar así que el agua llegue en óptimas condiciones a las EDAR para que se pueda depurar correctamente. Es el servicio de inspección de Esamur el que realiza esta labor de control, que consideran que es prioritaria.

Dentro de la industria tienen detectado qué sectores son los que más vierten: el 37% del volumen corresponde a las empresas conserveras, un 25% al sector de la alimentación y un 13% al de las bebidas. Por lo que el 75% se concentra el sector alimentario. Aunque ese porcentaje aumenta, dado que a estos le sigue, con un 12%, el del aceite, las carnes y los lácteos. Lo que se hace durante una inspección es comprobar qué tipo de actividad de desarrolla en el establecimiento, qué tipo de usos se le da al agua y qué tratamientos se realizan antes del vertido, puesto que tienen que aplicar los tratamientos necesarios para cumplir la normativa.

Desde Esamur explican que el 83% del volumen que se vierte al alcantarillado recibe un tratamiento adecuado, ya sea biológico o físico-químico, otro 10% recibe un pretratamiento y 7% del agua industrial no recibe ningún tratamiento antes del vertido al alcantarillado. Estas inspecciones son la herramienta fundamental para asegurar el buen funcionamiento y para hacer cumplir el principio de «quien contamina paga» que inspira toda la legislación sobre la depuración de aguas, residuales o industriales, de la Unión Europea.

Sin competencia sancionadora, pero con un corrector

El principal problema con el que se encuetran en Esamur es que no pueden sancionar a las empresas contaminantes, porque ellos no tienen la competencia sancionadora. Esta competencia es de los ayuntamientos, con los que se comunican cuando se pruducen estos vertidos. Lo que sí pueden hacer es aumentar la factura a las empresas, porque disponen de un coeficiente corrector del canon de saneamiento que está ligado a ese principio de la Unión Europea de «quien contamina paga». Este coeficiente se aplica a las industrias en función de la contaminación que aportan y se refleja en el importe de la factura del agua. Se trata de un «magnífico mecanismo preventivo y, al mismo tiempo, persuasivo, ya que incentiva a las industrias para que implanten tratamientos y sean cuidadosas con la depuración en origen», explican desde la empresa pública de depuración. Las inspecciones y visitas que realizan a la industria son principalmente para ajustar ese coeficiente corrector y comprobar el funcionamiento de las instalaciones de depuración mediante un análisis del agua que vierten al alcantarillado y que finalmente llega a la EDAR urbana. Por último, desde Esamur recuerdan a toda la población que en los hogares no se debe usar el inodoro para tirar aceites, medicamentos o pinturas, ni toallitas u otros elementos que puedan ocasionar problemas de atascos en el saneamiento.