Reportaje

Adiós al último reducto de paz de la Asamblea Regional

Tras el mes de julio echa el cierre la cafetería que da servicio a los trabajadores y diputados del Parlamento autonómico, ya que se termina la concesión y la nueva licitación quedó desierta. Pepe Campillo, que lleva por allí desde los años ochenta, pone fin a una etapa confiando en que «va a ser para mejor».

Pepe Campillo, en su cafetería.

Pepe Campillo, en su cafetería. / Ivan Urquízar

Jaime Ferrán

Jaime Ferrán

Con las ganas de irse de vacaciones, es posible que sus señorías de la Asamblea Regional no se hayan percatado de lo que está a punto de suceder en su centro de trabajo: el mes que viene se quedan sin cafetería, el último reducto de paz de un Parlamento en el que el ambiente de las sesiones plenarias se ha vuelto irrespirable.

El motivo es muy sencillo. El 28 de junio vence la concesión de servicios y Pepe Campillo, que lleva desde 1984 sirviendo cafés y otros menesteres a los diputados, no se presentó para la nueva licitación. Desde la Cámara le han pedido que aguante el mes de julio, ya que se ha habilitado para seguir trabajando en las comisiones. «Estoy muy agradecido por el tiempo que he pasado aquí y me voy muy contento, pero es que trabajar como autónomo es complicado y me apetecen nuevos retos. Creo que va a ser para mejor», explica a esta Redacción.

«Unos 80 céntimos», dijo Zapatero que costaba un café en el programa ‘Tengo una pregunta para usted’, en el año 2007. Eso era porque pensaba en el precio de la cafetería del Congreso. Las tarifas de este tipo de establecimientos vienen marcadas por el contratante, por lo que el adjudicatario «tampoco es que gane mucho», cuenta el todavía encargado de la cafetería.

El problema no es solo que se vaya Pepe, sino que detrás de él no viene nadie más. La Asamblea convocó un nuevo concurso y la licitación quedó desierta, tal y como aparece en el Perfil del Contratante.

No es la primera vez que la Asamblea se queda sin cafetería, recuerda Pepe, que comenzó echando una mano a su padre, que era el que regentaba el negocio, en los años ochenta, con Manuel Tera Bueno en la Presidencia del Parlamento autonómico. «Al acabar la EGB, me vine a trabajar, hasta que murió mi padre, en 2002». La cafetería cerró tan solo unos días después de su defunción por la realización de unas obras. «Al menos, él nunca llegó a enterarse», dice.

Prosiguió su carrera en la hostelería por otros derroteros, como en el Club Náutico de las Islas Menores, en donde trabajó ocho años. «En 2016 volví a presentarme al concurso de la Asamblea, pero no lo gané». De todas formas, fue contratado por la empresa adjudicataria. Aquellos encargados lo dejaron y en 2018 volvió a salir la cafetería a licitación. Ahí sí que ganó Pepe.

Han pasado cuarenta años desde que puso el pie por primera vez en la Cámara. «He conocido a todos los presidentes», comenta, y, casi seguro que también ha coincidido con todos los diputados y diputadas. Son, al menos, 45 por legislatura, y ya van once.

«El trabajo que se hace en la Asamblea ha cambiado mucho en todo este tiempo», admite. Aunque deja claro que los parlamentarios «sí trabajan», al contrario de lo que dicen las malas lenguas, confiesa que «hay menos plenos, por lo tanto, menos actividad».

Entre otras cosas, esto es así debido al cambio en el reglamento de la Cámara, por el cual se acortaron los tiempos de intervención de los oradores. «He vivido plenos aquí que se alargaban hasta las dos de la madrugada», asegura.

Eran otros tiempos. Los convulsos años ochenta y noventa en la Región, cuando la reconversión industrial se llevó por delante miles de empleos en Cartagena. «Era raro el día en el que no hubiera algo: una protesta, una manifestación... sin contar el incendio», declara.

Los expedientes de regulación de empleo de la Empresa Nacional Bazán y los cierres de la Sociedad Minera y Metalúrgica Peñarroya y Fertilizantes Españoles, que dejaron en la calle a más de 15.000 personas en Cartagena, fueron la chispa de un cóctel molotov que entró por la ventana de la Asamblea un 3 de febrero de 1992.

«Más normal era que nos encerraran aquí los manifestantes y no pudiéramos salir», relata. Ya es casualidad que este mismo año, en febrero, un nutrido grupo de agricultores cercara todo el complejo, impidiendo a todos los diputados y trabajadores de la casa salir.

Pepe Campillo no esconde que va a echar de menos la cafetería. «Me llevo todos los buenos momentos, las celebraciones, incluidas bodas de funcionarios, cumpleaños y, en los últimos años, sobre todo, jubilaciones».

Seguro que a él también le van a echar de menos. «Me llevo bien con todo el mundo, da igual el grupo político, hablo con todos», afirma.

Considera que la cafetería es un «lugar de relajación y convivencia» en el bullicioso parlamento. «Muchos diputados se han podido tirar los trastos a la cara en la tribuna, pero luego vienen aquí y en la barra de bar tienen otro tono y llegan a acuerdos», desvela.

Se podría pensar que el encargado de un bar debería conocer más de un secreto de sus clientes más ocasionales, al menos, por estar en la barra mientras dos personas hablan de trabajo. Pepe niega la mayor. «Cuando llevas tanto tiempo en la hostelería, no escuchas, es imposible estar pendiente de las comandas y de quien dice qué», comenta. O dice la verdad o es un buen confidente.

Pedro Antonio Ríos (III Legislatura), Rosa Peñalver (IX), Juan Durán (VI), Pedro Vargas (II), Carlos Llamazares (III) o Miguel Navarro (I, II, III, IV) son solo algunos de los nombres que pronuncia con una sonrisa cuando se le pregunta de diputados de los que guarda buen recuerdo. «Son tantos...».

El alcohol

«Antes se bebía mucho», reconoce Pepe. No es que haya vivido borracheras en la cafetería, sino que en los tiempos en los que estaba permitido, los diputados hacían un óptimo uso de su derecho.

Pero, como se prohibió fumar, también se prohibió el consumo de bebidas de más de 16 grados. Por esta norma, durante años no se pudo servir un asiático en la Asamblea. En Cartagena. «Tuve que convencer a la Mesa de la Asamblea de que se quemaba el licor para que me levantaran la restricción», asegura.

Quién sabe si Pepe se animaría a presentarse al nuevo concurso si mejoran las condiciones...