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Entrevista | Maravillas Hernández Letrada, docente y primera decana del Icamur

Maravillas Hernández, pasión y ética en los tribunales

Natural de Cehegín, el próximo jueves se convertirá en la única mujer al frente del Ilustre Colegio de Abogados de Murcia en sus 183 años de historia gracias a la profesionalidad mostrada en los juzgados, en la propia institución y en el aula

La actual vicedecana y decana electa del Ilustre Colegio de Abogados de Murcia, Maravillas Hernández López.

La actual vicedecana y decana electa del Ilustre Colegio de Abogados de Murcia, Maravillas Hernández López. / Juan Carlos Caval

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«Ética», «deontología», «rectitud» y «amor» por una labor que trasciende lo profesional. «Es un estilo de vida», asegura Maravillas Hernández López (Cehegín, 1967) al hablar con orgullo de su oficio, la abogacía. Un pilar del Estado de Derecho cuya función social aborda no pocos obstáculos en estos tiempos de polarización que alcanzan a la judicatura. Ahora, esa niña que siempre escogía el papel de letrada cuando jugaba a defender al más débil con la ley, la palabra y la oratoria, tiene por delante numerosos desafíos representando al gremio en la capital del Segura.

Porque el próximo jueves 6 de junio, a las 19.00 horas, Hernández López tomará posesión como decana del Ilustre Colegio de Abogados de Murcia (Icamur), el octavo de España con casi 4.500 miembros. Una institución fundada en 1838, y que, por vez primera en sus 183 años de historia, contará con una mujer al mando. Hecho al cual quita relevancia al preponderar «el talento y la visión personal» sobre el género. Un mérito, el suyo, con una repercusión que va más allá de lo femenino. «Creo que quería ser abogada desde antes de nacer», manifestaba a La Opinión la electa, hija de un agricultor y de una cocinera escolar, en horas previas de su holgada victoria en las urnas frente al mediático Pedro López Graña.

«Somos abogados normales, los problemas de los colegiados son los de mi equipo y los míos», recalca Hernández López al analizar los resultados, después de su discreta campaña. Si bien los votantes también supieron valorar su larga trayectoria en la entidad de la que es profunda conocedora, en la cual inició su membresía en 1994 al licenciarse en Derecho por la Universidad de Murcia (UMU) mientras compaginaba las pasantías con la Escuela de Práctica Jurídica.

Creo que quería ser abogada desde antes de nacer, asegura la electa, hija de un agricultor y de una cocinera escolar

Tras abandonar De La Peña Abogados luego de un decenio, bufete que le enseñó «a respetar a los compañeros, a los clientes, a los tribunales y a mí misma», amén de profundizar en su idilio con el oficio, volvió en 2003 a su Cehegín natal ya embarazada de su hija Sofía para abrir en el centro de la localidad González & Hernández Abogados, con un socio, no sin complicaciones. Aunque su pequeña, actual estudiante de Medicina, no sería el único hito de ese año: entró en la Junta de Gobierno del colegio, presidida por Pedro Luis Sáez, a modo de diputada séptima. Ya, con Francisco Martínez-Escribano, ascendería a tercera y, en esta última legislatura, a vicedecana.

Casada en 1996 con un profesor de Educación Física, su compromiso con el Icamur le ha obligado a sacrificar tiempo con su familia y el despacho. «Es absolutamente gratificante ayudar a los colegiados, no tiene precio», afirma, aun abundando en los «desvelos personales» que acarrea.

La Comisión de Honorarios de la organización fue testigo de su desempeño. Al igual que la de Deontología, que llegó a encabezar y a la cual sigue ligada. No es para menos, pues define la materia como «la imagen de la abogacía», una máxima que repite a su alumnado de dicha asignatura del máster oficial para el ejercicio de la UMU. En la pública imparte, junto a su otrora docente Fernando Castillo, Derecho Procesal en el grado, una de sus pasiones. Y deja claro que si su agenda de decana se lo permite, continuará dando clases, contribuyendo así a la instrucción de los letrados del mañana; una juventud de la que se confiesa admiradora «por su energía, agilidad mental, destreza con las nuevas tecnologías…». 

Hernández López sabe que el listón en el decanato está muy alto. Ella misma tilda de «magníficos» los mandatos de Martínez-Escribano. «Puso en valor el colegio con transformaciones a todos los niveles con una excelente gestión». Y recuerda la pandemia como una de las situaciones de mayor complejidad. «Se racionalizaron los casos; pero, pese al confinamiento, la acción de la justicia no se detuvo, por lo que debíamos salir a la calle», evoca, agradeciendo a las fuerzas de seguridad el apoyo prestado al Icamur aquellos días.

Como coordinadora de prácticas externas del colegio tiene muy presente que los estudiantes acabarán convirtiéndose en colegas dentro y fuera de los juzgados. Por ello, cuando le preguntan sobre qué cualidades debe poseer un abogado -aparte de aconsejar «obrar poniendo la totalidad del empeño y con rectitud»-, ella responde: «Primero, ser buena persona; el resto viene por añadidura». Y agrega que en el Icamur «todos pueden aportar mucho, sean hombre o mujer».

Entrega e integridad son los valores abanderados por Hernández López. Con ellos, se ha ganado el respeto de sus homólogos y el honor de liderar el Colegio de Abogados de Murcia durante un lustro, siendo reconocida, con permiso -o mejor dicho, con la venia-, por esta cabecera como Importante del mes de mayo de 2024. 

Retos de «la profesión más bonita del mundo»

Maravillas, llamada así por su madre y su abuela, como la patrona de Cehegín, es consciente de la «enorme responsabilidad» que se le viene encima, por lo que se ha rodeado de diputados «jóvenes, con distintas sensibilidades y muy preparados».

La conciliación, la transformación digital, el apoyo a los nuevos letrados, una pasarela RETA «con sentido común» para lograr jubilaciones decentes o paliar las dificultades de los casi mil abogados del turno de oficio del Icamur -entre ellas, la demora en los pagos por parte de la Administración de Justicia-, son algunos de los asuntos a los que Hernández López dará prioridad tan pronto jure el cargo.

Además, como ya adelantó durante los comicios al decanato, luchará por visibilizar y dignificar «la profesión más bonita del mundo» -dice parafraseando a Voltaire- e incrementar la influencia del colegio no a la manera de un grupo de presión, sino «indicando nuestro criterio donde se elaboran las leyes».

«Ahora toca estar a la altura de las expectativas», enfatiza Hernández López, a sabiendas de que tiene por delante grandes retos a los cuales dar respuesta con «ilusión» y un bagaje forjado en los tribunales, en la academia y en más de dos décadas como integrante de la Junta de Gobierno de una institución que es su casa y la de todos los abogados de Murcia. 

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