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Medio ambiente

La nacra pierde casi el 99% de su población en el Mar Menor

Las sucesivas crisis ecológicas desde 2016, un parásito, depredadores y bacterias han mermado las colonias de este bivalvo, del que calculan que hay entre 1.000 y 1.500 ejemplares

Dos ejemplares de nacra, junto alos restos de otro individuo, en el Mar Menor. Javier Murcia

La nacra del Mar Menor vivió un proceso de colonización y asentamiento en la laguna salada desde los años 80, tras la apertura del canal del Estacio. Esta vía de conexión con el Mediterráneo favoreció la entrada de este molusco que hasta entonces aguardaba frente a La Manga, en extensas colonias que hoy no existen. La albufera fue y en parte sigue siendo un importante reservorio de nacras en una costa mediterránea que ha visto morir a la gran mayoría de ejemplares por un patógeno. Sin embargo, la historia trágica de este bivalvo en el Mar Menor comienza con el colapso ambiental de 2016.

La elevada concentración de fitoplancton por la sobrecarga de nutrientes en el agua impidió que la luz llegara a las zonas más profundas de la laguna. Todo lo que estaba a más de tres metros de profundidad murió, y con toda esta biodiversidad también se marcharon las nacras, el 90% de ellas; de una población que se llegó a estimar en 1,7 millones de ejemplares, quedaron no más de 4.000 en una banda costera muy estrecha.

Hoy en día, los datos más actualizados hablan de que este molusco ha perdido casi el 99% de su población por las sucesivas crisis ecológicas que ha pasado la laguna en los últimos seis años. Los modelos de distribución hablan de que hay entre 1.000 y 1.500 nacras, de las cuales están georeferenciadas casi 900. «Y seguimos contando ejemplares muertos cada vez que salimos a hacer censos», señala Francisca Giménez Casalduero, catedrática de Zoología de la Universidad de Alicante y directora del Centro de Investigación Marina de Santa Pola, además de trabajar en proyectos de conservación como el Life Pinnarca y Recupera Pinna.

Ejemplar juvenil de nacra con el caracol ‘Hexaples’.

«En el episodio de anoxia de 2021 hubo una mortandad general. Hubo colonias donde detectamos un 8% de pérdidas pero en algunos puntos llegó al 30%». Lo dice alguien que, junto con grandes expertos, entre otros, de estos animales como Francisco Gomariz, del Instituto Universitario del Agua y del Medio Ambiente de la Universidad de Murcia, o Emilio Cortés, director del Acuario de la UMU, ha escrito en varios artículos de investigación la crónica negra del bivalvo más grande de la costa española.

El 90% de los ejemplares supervivientes se concentran en una estrecha franja superficial de la laguna, en puntos muy concretos que los investigadores prefieren no señalar para evitar posibles daños. En 2020 se calculó que las nacras se hallaban en el 1,50% de la superficie del fondo marino, unas 200 hectáreas, cuando tres años atrás abarcaban 120 hectáreas más.

«La continua inestabilidad del sistema debido a la eutrofización, el vandalismo, la extracción ilegal de ejemplares sanos y la extracción intencionada de ejemplares por parte de algunos pescadores furtivos amenazan la supervivencia de la especie», aclaran estos investigadores en un estudio publicado recientemente y que es la continuación de una serie de investigaciones en torno a este molusco. «Las soluciones sugeridas, como el dragado de los canales de conexión, podrían disminuir la salinidad al permitir la entrada de agua del Mediterráneo, lo que favorecería la propagación del patógeno y la desaparición de los ejemplares supervivientes». En este punto, Giménez Casalduero deja claro que «nunca» la apertura de los canales favorecería el problema de la eutrofización, y va a más: «En cuestión de semanas desaparecerían todas las nacras, y ya están catalogadas en peligro de extinción».

El Acuario de la UMU avanza en cerrar el ciclo reproductor

La nacra es, para Emilio Cortés, director del Acuario de la UMU, una de las especies más difíciles con las que ha trabajado. En 2017 comenzaron los trabajos y hasta ahora ha sido complejo lograr en cautividad el mantenimiento de este bivalvo. «Ahora parece que hemos avanzado y podemos conseguirlo». Hay esperanza, traslada el investigador, quien ha tenido que cambiar los protocolos este verano «y ahora nos vemos más preparados para próximos eventos de reproducción». El objetivo está en cerrar ese ciclo vital. «Hemos tenido varios eventos de este tipo, pero siempre nos hemos quedado al borde del asentamiento de juveniles en los acuarios». En la fase de metamorfosis de larva a juvenil, el ejemplar termina por morir. «Ahora hemos encontrado una pequeña dosis de esperanza para abrir una puerta a la recuperación de especie con la cría en cautividad».

Depredadores y extracciones

El gusano invasor Hydroides tuvo su papel en 2017 protagonizando otro evento de mortandad de ejemplares. La rápida formación de costras de tubos de carbonato cálcico terminó bloqueando las valvas del molusco, «impidiendo su normal actividad hasta provocar su muerte».

Las lluvias de ese mismo año redujeron drásticamente la salinidad de la laguna, hasta el punto de cruzar la línea roja que suponía la infección parasitaria del patógeno Haplosporidium pinnae, llegado del Mediterráneo, donde ha matado a la gran mayoría de las nacras. De hecho, la investigadora asocia a esta llegada del parásito a través de las Encañizadas a la desaparición en 2018 de las colonias de este bivalvo en esa zona y en Lo Pagán. La posterior subida de la salinidad volvió a ofrecer un escudo a los ejemplares vivos.

En el último informe sobre la situación de la nacra en el Mar Menor que maneja la Consejería de Medio Ambiente, los investigadores de la UMU y la Universidad de Alicante destacan que desde 2016 a 2020, hasta un 8% de ejemplares han desaparecido «debido a acciones de vandalismo y furtivismo con extracción ilegal de ejemplares sanos, arranque de ejemplares intencionada o accidental debido a mala praxis de algunos pescadores». En los sondeos de estos investigadores se han llegado a localizar instrumentos artesanales para extraer nacras de forma furtiva, como en la isla Perdiguera.

Las nacras que habitaban los fondos de las Encañizadas o Lo Pagán han desaparecido por la infección del parásito

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Nuevas vidas, pero amenazadas

La mala suerte de este molusco no acaba aquí, ya que pese a que se han encontrado nacras que emiten gametos y juveniles en puntos concretos de la laguna que se han asentado en el fondo marino, estos se enfrentan a la depredación de un caracol (Hexaplex trunculus), que termina por matarlos. A las larvas, la presencia de bacterias en la columna de agua también termina por hacer inviable su vida.

La nacra puede llegar a medir entre 0,80 y 1,20 metros, se han llegado a encontrar ejemplares en la laguna con 30 años de vida, pero la presión de tantos impactos ambientales ejercida sobre este bivalvo ha terminado por influir en el tamaño de los individuos, según apuntan los estudios recientes.

El deterioro de la calidad ambiental afecta directamente la efectividad reproductiva de este animal, señala la investigadora de la UA. «Siendo claros, hasta que no termine el problema del Mar Menor seguirá habiendo un goteo de muertes en la población de nacras».

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