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La Opinión de Murcia

Economía

La Región pierde más de mil explotaciones ganaderas en diez años

El encarecimiento de suministros, la falta de relevo generacional y la alegalidad de muchas granjas son las principales causas de este descenso

Cerdos en una explotación porcina de Lorca. | SOLETE SLOW PHOTOGRAPHY

Dice Alfonso Galera, presidente de la Federación de ovino y caprino de Fuente Álamo, que no hay futuro para la ganadería. O, al menos, «no en estas condiciones». Y los datos le dan la razón: según los últimos registros publicados por el Instituto Nacional de Estadística, la Región de Murcia ha perdido en diez años más de mil explotaciones ganaderas. Por las 3.119 que existían en 2009, en 2020 se podían contabilizar 2.025. El descenso es similar en cuanto a la cabezas de ganado, donde se ha pasado de 6,8 millones a 4,2, un 37,6 por ciento menos.

El descenso es especialmente sangrante en lo relacionado al ganado avícola. En 2009, la Región contaba con 790 explotaciones. En 2020, con 25. Esto se traduce en 3,3 millones de animales menos, de 4,6 a 1,3 . También es especialmente pronunciada la caída en los terrenos dedicados al ganado porcino. El descenso es, concretamente, del 37,2 por ciento: de las 955 fincas se ha pasado a 600. Sin embargo, el número de cerdos ha aumentado un 44, 7 por ciento. Este hecho se debe, apuntan desde las asociaciones, a los procesos de concentración de animales en granjas de grandes dimensiones.

Según el INE, las cabezas de ganado han descendido en la Comunidad un 37,6 por ciento en una década

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Las causas de esta curva descendente apuntan a varias razones. «Se puede resumir en una incertidumbre constante para cualquiera que se dedique o pretenda dedicarse a la ganadería», explica Alfonso Gálvez, secretario general de Asaja (la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores) en la Región de Murcia.

La tendencia a «volver al entorno rural» durante la pandemia, en dique seco

Las asociaciones ganaderas vieron con buenos ojos «una especie de corriente que se dio durante el confinamiento en el que muchos jóvenes hablaban de volver a los entornos rurales y dedicarse al sector», explica Alfonso Gálvez. «En un momento como ese -continúa-, la posibilidad de volver, de alguna manera, a una profesión como esta y gozar de una libertad que no se encuentra en el entorno urbano, e, incluso, la idea de ser sus propios jefes se antojaba muy atractiva».

Sin embargo, las cuentas siguen sin salir: «Cuando te pones a hacer cuentas, los números no salen, no hay un contexto real que favorezca esa decisión, y esa tendencia se ha quedado en nada», reflexiona el secretario general de Asaja.

«En primer lugar -continúa-, el ‘boom’ inmobiliario dejó muy tocado al sector. Fueron años de mucha recalificación de terreno, y en mucho de ese terreno había granjas que con la revisión de todo eso han quedado en la alegalidad, lo que supone una constante traba a la hora de invertir para modernizar las instalaciones, por ejemplo».

Un punto común en cualquier análisis del sector pasa por el encarecimiento de la electricidad, combustibles, y piensos. «Dedicarse a la ganadería y obtener beneficios es prácticamente un milagro», explica José Miguel Marín, presidente de COAG-IR. «Y eso que en la Región se suele aprovechar mucho subproducto de la industria alimentaria, como las cáscaras de la naranja o las hojas de la alcachofa, para alimentar ganado -dice Gálvez-, pero siguen siendo cantidades insuficientes para amortiguar el golpe».

«Dedicarse a este sector y obtener beneficios es prácticamente un milagro», dice José Miguel Marín, de COAG

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La falta de relevo generacional es otra causa de la tendencia a la baja en la ganadería. «Hay que tener en cuenta que lo habitual en este mundo es trabajar 365 días al año -razona Gálvez-, y eso no atrae a nadie». Alfonso Galera habla de «jóvenes con vocación ganadera»: «Existen, pero se les ponen demasiadas trabas para poder dedicarse a esto. Para empezar, las subvenciones no les suponen prácticamente ninguna ayuda. Por mucha vocación que tengas, si el mercado no responde, lo acabas dejando».

Otro aspecto en el que coincide la mayoría de asociaciones ganaderas es el de la falta de terreno. «El continuo crecimiento poblacional se acaba traduciendo en más y más desarrollo urbanístico, y eso impide que haya territorio suficiente para que esta ganadería sea rentable», concluye.

El sector se encuentra inmerso en «un gran proceso de concentración»

José Miguel Marín, de COAG, apunta que en los últimos 20 años la distribución del terreno ganadero experimenta «un cambio de tendencia»: «El sector está inmerso en un gran proceso de concentración». Según él, es la única manera de rentabilizar la actividad. «En la Región ahora mismo hay seis o siete empresas que integran a los antiguos ganaderos tradicionales». «Esto -continúa-, por un lado liquida completamente el concepto de explotación familiar tal y como lo conocíamos, pero, por otro, es preferible que se siga manteniendo, aunque sea así, una especie de tejido ganadero que permita vivir a esas mismas familias a que las empresas instauren grandes instalaciones de explotación».



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