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La Opinión de Murcia

Social
Antonio Casado Mena Abogado, economista, empresario y escritor

"Ya hemos comenzado a ser capaces de leer los pensamientos"

La nueva obra del autor cartagenero ofrece un extenso repaso de la evolución humana para analizar el futuro que nos aguarda

Antonio Casado posa con su nueva obra, ‘Breve historia de la especie humana’ | L.O.

«Es necesario saber de dónde venimos, para tratar de averiguar a dónde vamos». Esa es la premisa que plantea el cartagenero Antonio Casado en su última obra, Breve historia de la especie humana, escrita junto a María Zabay y que salió a la venta el pasado mes de febrero.

¿Cómo surgió la idea de escribir esta obra?

Porque estamos en un momento de catarsis. Estamos infectados por un virus y una guerra en Europa que ha colapsado el mundo y sus sistemas políticos, económicos y sociales. ¿Adónde vamos? Difícil de saber. Lo que parece evidente es que nos adentramos en una crisis sanitaria-económica-política-social-espiritual de primer orden, que ha trastocado violentamente nuestras vidas y de la que inevitablemente sobrevendrán grandes cambios.

¿Cuál cree que será el devenir de los regímenes políticos?

Ya lo vaticinábamos en nuestro libro y lo estamos viendo en la Rusia imperial, en China y en otros países: está emergiendo en parte de la población el anhelo de tener la figura de un «hombre fuerte» en el poder que gobierne al margen del Parlamento y de las elecciones democráticas. Vuelve el imperialismo y volverá el caudillaje. El ser humano necesita dioses y los hombres fuertes son poco menos que dioses para la sociedad, siempre ella sedienta de justicia, al mismo tiempo colérica y capaz de dibujar paraísos de esperanza.

¿Y el de las religiones?

Más allá de que uno sea creyente, agnóstico o ateo, hay una realidad innegable: las religiones han estado presentes en la conciencia del ser humano desde su origen y han condicionado la historia de la humanidad y seguramente la seguirán condicionando. El ser humano es un ser espiritual y no creo que vaya a dejar de serlo, aunque ahora hable del universo y no se arrodille tanto ni de la misma forma ante Dios.

En su obra plantea la reflexión de si existe o no el libre albedrío, ¿qué opina usted?

Nosotros creemos que la libertad moral y la física están muy condicionadas. Vivimos sujetos a normas, condicionados por creencias, moralidades o inmoralidades. Incluso, no somos libres ni de pensamiento, víctimas de un sistema movido por los bombardeos de la prensa y el ‘inbound marketing’. Aun en las democracias, el libre albedrío es más una ilusión que una realidad. Lo podemos constatar en esta pandemia en la que nos ha sumido la covid-19. ¿Dónde ha quedado la libertad de movimiento en países como España?

Respecto a los avances tecnológicos que comenta en el libro... ¿De verdad cree que sea posible conectar el cerebro con Internet?

Sí, claro. Están trabajando tanto Facebook, como Google, como Microsoft, en esa línea. Se están haciendo pruebas con monos. Google ha mapeado un milímetro cúbico de cerebro, o sea el mapa cerebral humano en 3D más perfecto que jamás haya existido, mostrando conexiones dentro del cerebro humano. Va a existir una diferencia entre los hombres que tengan implantado una cantidad u otra de microchips o nanorobots, atendiendo al número y a la calidad de los mismos.

¿Qué avances tecnológicos le parecen más increíbles para el desarrollo de la raza humana?

Lo más increíble está por venir y será precisamente lo que marcará el gran punto de corte, entre el hombre y el hombre robot (’cyborg’). Ya hemos comenzado a ser capaces de leer los pensamientos del otro, ojo al dato.

En su obra aborda el concepto de amortalidad.

Todo lo que se hace hoy en medicina es una anécdota comparado con los avances que se avecinan: revestimiento del envejecimiento, prevención de las enfermedades mediante lectura genética, dar visión a los ciegos, dotar de mayor capacidad a los órganos, músculos y huesos, o reconfigurar el ADN para subsanar enfermedades. Los pasos dados por la ciencia, la tecnología y la medicina parecen acercarnos, no a la inmortalidad, pero sí a la amortalidad. No se podrá garantizar la inmortalidad, habrá muertes por accidentes y suicidios, pero no por enfermedades.

¿Le parecen morales o inmorales estos avances?

Los que saben de estas cosas (filósofos, teólogos, biólogos, y científicos) tendrán que saber poner límites claros a este progreso. El gran salto, que va a suponer una gran transformación del hombre, no es algo que tengamos que decidir individualmente, debe ser una gran decisión de la sociedad en su conjunto y a nivel internacional.

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