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La Opinión de Murcia

8M - Día Internacional de la Mujer

Eva Hernández: "Solo la unión es capaz de dotar de verdadera fuerza a pequeños actos de rebeldía"

La galerista murciana reconoce que el mundo de las galerías siempre ha estado dominado por la mujer, pero su experiencia como historiadora le ha demostrado que durante siglos, el arte ha sido territorio hostil para ‘ellas’

La historiadora del arte y galerista Eva Hernández.

LA OPINIÓN DE MURCIA escoge a a ocho mujeres de la Región que desarrollan su actividad profesional en ocho actividades diferentes como portavoces del pensamiento femenino en la conmemoración del 8M.

Fue durante una década directora de la revista La Máquina Contemporánea y, en la actualidad, dirige su propia galería en Murcia: Two, quizá la más rupturista y provocativa de la ciudad. Además, desde hace algo más de un año se dedica a recuperar en El efecto Matilda –sección quincenal alojada en las páginas de Cultura de este periódico– la vida de algunas de esas artistas olvidadas (casi sepultadas) por la historia del arte. Y, por si fuera poco, es miembro de la junta directiva de la OMEP (Organización Murciana de Mujeres Empresarias Profesionales y Directivas). Con ellas, con sus compañeras, pasará Eva Hernández este 8M; un día que, dice, «debería ser festivo. Pero, para todos, también para los hombres».

Usted es licenciada en Historia del Arte, con lo que imagino que su amor por lo plástico viene de lejos. Pero ¿cuándo entra en el mundillo de las galerías?

Pues justo cuando terminé la carrera. Yo solía ir mucho a la antigua galería Clave a ver exposiciones, con lo que no tardé en conocer al que era entonces su director, Antonio López. Y un día, durante una visita, me comentó que estaba buscando a alguien para empezar a trabajar allí.

¿Ya entonces pensaba en convertirse en galerista?

No es algo que me hubiera planteado, la verdad. De hecho, diría que la mayoría de los que estudian Historia del Arte lo hace sin pensar más allá de la universidad. Los que nos metemos en esta carrera lo hacemos por pasión, porque nos gusta; porque, si lo haces pensando en las salidas profesionales... Sin embargo, cuando Antonio [López] me propuso trabajar con él lo vi claro. Eso sí: nada más entrar en Clave me di cuenta de lo muchísimo que me quedaba por aprender... La gente no se imagina el trabajo que lleva montar una exposición...

Que no es poner una alcayata en la pared y colgar un lienzo más o menos recto.

Ni muchísimo menos. Hay mil cosas a tener en cuenta..., y la mayoría de ellas son cuestiones que solo se aprenden ‘tocando cuadros’. Luego hay otras que directamente te las tiene que enseñar alguien que sepa, para lo cual necesitas encontrar a una persona lo suficientemente generosa como para compartir ese conocimiento contigo (lo que no es fácil). Yo tuve suerte.

Y hoy dirige su propia galería, como ocurre con otras cuantas mujeres de su generación en Murcia (igual sois mayoría...). ¿Esto era así cuando empezó?

Pues, fíjate: siempre se ha dicho que las galerías han estado históricamente dirigidas por mujeres. De hecho, si buscas los nombres de quiénes mandan en las principales galerías españolas –e incluso los de quienes impulsaron las primeras salas de nuestro país– verás que este es un sector que se ha articulado siempre en femenino. Pero en el mundo del arte hay situaciones muy distintas... La inmensa mayoría de los museos tienen a hombres en los puestos directivos, y en lo referente a los propios artistas, las mujeres siguen siendo minoría (al menos, en cuanto a representación). Por suerte, en la actualidad hay asociaciones y movimientos (de historiadoras, críticas, creadoras, etc.) que presionan para que esto cambie. Y algo se estará haciendo bien, porque en los dos últimos años hemos visto como espacios de referencia como El Prado han empezado a sacar de sus sótanos obras de mujeres que tenían olvidadas.

«Algo se estará haciendo bien cuando en los dos últimos años hemos visto El Prado han empezado a sacar de sus sótanos obras de mujeres»

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Desde luego, si algo ha dejado claro en sus artículos [El efecto Matilda] es que el arte ha sido, durante buena parte de su historia, un territorio hostil para la mujer... ¿Lo sigue siendo?

No tanto; se ha avanzado mucho. Ahora hay coleccionistas que solo compran obras de mujeres, por ejemplo. Todavía queda mucho camino por recorrer, es evidente, pero al menos ahora nadie les discute su libertad para poder ser artistas (que, aunque parezca algo muy básico, esto no ha sido así hasta hace muy poco tiempo...). Basta con irse a las críticas que se hacían de ellas en prensa en el siglo XIX, incluso en el XX: eran humillantes. Lo primero que se decía es si eran guapas o feas; una dependencia de lo físico de la que, por cierto, todavía nos cuesta un poco desprendernos... Pero, además, siempre se les echaba en cara que hacían una obra muy «blanda»; e incluso cuando alguien se encontraba con una pieza que desprendía cierta sensibilidad se solía decir aquello de «este cuadro está hecho por una mujer». ¡Pero es que tampoco les dejaban pintar otras cosas! Si no hacían paisajes o bodegones se las tachaba de locas; por eso hoy la mayoría de las artistas hacen una obra muy reivindicativa.

Luego... ¿estamos en el buen camino?

Hay intención y ganas de arreglar aquellos viejos errores, está claro, pero creo que, en general, se están llevando a cabo acciones... tímidas. Un ejemplo: el otro día hablaba en mi artículo de Tatiana Jablonska, en cuyo entierro el presidente ucraniano, Viktor Yushchenko, le prometió a su hija que crearían un museo para mostrar la obra de su madre. Era 2005 y, a día de hoy, sus pinturas siguen en un almacén.

Ahora que menciona El efecto Matilda... Es obvio que un aspecto clave a la hora de afrontar estas reivindicaciones es saber de dónde venimos, conocer historias como la de Jablonska. ¿Qué ha aprendido repasando las vidas de estas artistas?

Pues mira, una cosa muy importante. Cada una de estas mujeres emprendió por su cuenta una lucha imposible contra el sistema..., y en muchos casos eso les costó la vida. Eran batallas individuales, en las que estaban solas, sin saber que había más artistas en su situación (porque es superllamativo como, en el fondo, todas buscaban lo mismo: en este caso, la libertad para ser artistas). Por eso, fue en el momento en el que se unieron cuando esos pequeños actos de rebeldía dispersos empezaron a tomar verdadera fuerza. 

«La unión hace la fuerza». 

Igual suena a cursilada, pero es cierto. Fíjate: yo me he dado cuenta de esto también desde que estoy en la OMEP, donde hemos creado una especie de red de apoyo y ayuda mutua que excede a lo profesional.

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