Los contratos de tarifa plana o consumo estimado de las comercializadoras de electricidad han disparado las reclamaciones contra las eléctricas en 2021, según se recoge en el informe que este martes ha presentado Thader Consumo. Las empresas de telefonía recibieron más de la mitad de las quejas contra las compañías de servicios, aunque van perdiendo peso.

Las reclamaciones tramitadas por Thader Consumo el pasado año aumentaron un 12%, según el balance que ayer dio a conocer la presidenta de la organización, Juana Pérez. El número de quejas presentadas ha subido de 3.114 a 3.516.

Las consultas atendidas rozan las 9.800 y suben también un 12% en relación al año anterior.

El 57% de las quejas corresponde a los servicios y suministros, mientras que un 42% están motivadas por la compra de productos. La alimentación solo genera el 1%.

La telefonía ha provocado el 53% de las quejas contra los servicios. Vodafone acapara el 55%, debido a la subida de precios que aplicó en primavera. Movistar ocupa el segundo puesto, con el 30%, mientras que Orange recibe el 10% y Más Móvil entra con el 5%.

A su vez, la electricidad ha ganado terreno y ha alcanzado el 35% de las reclamaciones. Según explicó Juana Pérez, han aumentado especialmente las demandas de los consumidores que tienen un contrato con tarifa plana o consumo estimado. Aunque creían que su tarifa estaba blindada contra las subidas que se han producido en la segunda mitad del año, algunas compañías han dejado de realizar lecturas del contador y han remitido un recibo estimado, que han completado al cabo de los meses con otra factura correspondiente al mismo periodo del año. «El problema en esos casos es que no se sabe a qué precio han facturado ese consumo», indicó. Añadió que «las alarmantes subidas del precio de la luz en origen no auguran nada bueno para 2022».

Endesa encabeza las quejas contra las comercializadoras, con el 34% (26 puntos más que en 2020), seguida de Iberdrola (25%), Audax (23%), Naturgy (9%) y EDP (8%). Juana Pérez criticó también las artimañas y la agresividad de las campañas para captar clientes, con una la letra pequeña «difícil de leer», que oculta las penalizaciones en caso de abandono de la compañía.