El 25 de noviembre es una fecha señalada en el calendario por la importancia que tiene reivindicar la seguridad y el respeto a las mujeres. Este día nació en repulsa del violento asesinato de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, tres activistas políticas asesinadas en República Dominicana el 25 de noviembre de 1960 por dictamen del dictador Rafael Trujillo, del que eran opositoras. Tras muchos años de reivindicaciones en este día, en 1999 la ONU declaró el 25 de noviembre Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, siendo esa fecha a su vez un homenaje en recuerdo de las tres hermanas asesinadas.

Desde entonces, cada vez más gobiernos estatales se han ido sumando a la lucha por la erradicación de la violencia de género, convirtiéndose en los últimos años en un tema recurrente sobre la mesa para debatir y sobre el que trabajar. Sin embargo, no podemos dejar de lado uno de los factores más importantes en esta lucha: la educación en valores.

Cada vez más colectivos y asociaciones solicitan que se incluya un temario específico sobre prevención de violencia de género en los centros de estudios. Según un estudio que recoge el Barómetro Juventud y Género 2021 realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, el 20% de los jóvenes cree que este tipo de violencia es «un invento ideológico». El número de jóvenes que tiene esta opinión ha ido en aumento, llegando a posicionarse en el doble que hace cuatro años.

En este sentido, muchos centros escolares están incluyendo charlas y talleres preventivos. Es el caso del Instituto de Educación Secundaria Eduardo Linares Lumeras de Molina de Segura, que estos días ha llevado a cabo el taller ‘El amor en tiempos de redes sociales’. Esta iniciativa, que se enmarca dentro de las actividades contra violencia de género que realiza el Ayuntamiento de este municipio, ha sido llevada a cabo por la Asociación de Mujeres Jóvenes de la Región de Murcia (MUJOMUR) con el objetivo de identificar conductas de violencia en los medios más utilizados por los jóvenes.

En un canal en el que son comunes praxis como difundir fotos privadas, el taller conciencia a los jóvenes del peligro que conlleva enviarlas y difundirlas, llegando a incurrir en el último caso un acto delictivo. Además, se hace hincapié en cómo esto puede desencadenar en una relación tóxica, en la que la persona que maneja la información puede recurrir a chantajes y amenazas, directa o indirectamente, mediante la creación de perfiles falsos.

Con este fin, muchos jóvenes también emplean los teléfonos móviles para realizar una vigilancia extrema a sus parejas, coartando así su libertad y empezando a andar un camino que puede desencadenar en actitudes aún más graves.