La historia de la Sección de Orientación del Servicio de Empleo y Formación (SEF) especializado en atención a víctimas de violencia de género es todo un «éxito», reconoce Fuensanta Munuera, subdirectora de Empleo. Sin embargo, añade que es un «desastre para la sociedad» que hayan atendido desde 2010 a casi 5.500 mujeres «y que cada año se incorporen 500 más al protocolo».

Son motivos más que suficientes para que se siga luchando desde el SEF contra la violencia machista a través de la «inserción socio laboral de sus víctimas», explica Marisa López Aragón, directora general de este organismo, que siente «orgullo» por el hecho de que esta Sección de Orientación vaya a recibir el jueves la distinción 25N.

25 orientadoras laborales, una por cada oficina de empleo, desarrollan un protocolo de actuación para que las víctimas de la esta lacra puedan encontrar un trabajo y recuperar sus vidas a través de «formación y diseñándoles itinerarios personalizados», comenta López Aragón.

Como indica Ana María Meroño Méndez, coordinadora del protocolo, desde el SEF se trabaja de forma coordinada con los Centros de Atención Especializada para Mujeres Víctimas de Violencia (CAVI). «Cuando aparece una víctima y es atendida, nos las derivan porque es importantísima su inserción».

Desde ese momento se establece un «vínculo» con la orientadora laboral, que ni siquiera se pierde cuando la mujer desempleada encuentra trabajo. «La mayoría continúa con el protocolo pasados diez años» y siguen acudiendo a ellas «cuando tienen dudas en sus respectivos empleos», afirma.

Empresas

Las empresas son un elemento clave para el éxito de este proyecto y por eso desde la Sección de Orientación les piden que «apuesten por estas mujeres». Como cuenta la directora general, existe una iniciativa estatal que se llama ‘Empresas por una sociedad libre de violencia de género’ que engrosa a más de 130 compañías que se comprometen a insertar en el mercado laboral a las víctimas de violencia de género y que están especialmente sensibilizadas con este problema.

Sin embargo, y aunque cada año se suman más al convenio, Munuera echa en falta más apoyo. «Muchas piensan que contratar a una mujer víctima de violencia va a ser una carga, que van a ser menos productivas, pero no tiene por qué ser necesariamente así». En este sentido, desde el SEF se tramita una oferta y se encarga de hacer una preselección.

«Además, hay incentivos a la contratación de esas mujeres», subraya López Aragón, que insiste en la «falta de sensibilización, educación en los colegios, y más recursos al Servicio de Empleo para poder seguir mejorando».

También considera que el Servicio de Orientación funcionaría mejor si se permitiera más «flexibilidad» con la formación. Explica que, hasta el momento, esta ha de ser «reglada», que es más cara, mientras que muchas mujeres necesitan una atención individualizada, «formar a cada una con lo que necesita».

Un solo expediente

Ascensión García Rosauro, jefa de la Sección de Orientación, pone en valor que «el SEF tiene un proceso de mejora continua». En el protocolo de atención a víctimas de violencia machista se trabaja de forma que SEF forme parte de un «servicio integral que evita la revictimización». Es decir, a cada una de estas mujeres se le abre un solo expediente. «A veces, hasta son las orientadoras las que se desplazan de la oficina para que la mujer no salga del espacio que conoce».

La directora de este organismo recuerda que hay una comisión de coordinación a la que se han incorporado los sindicatos con el único fin de «mejorar» en el servicio. «Nadie rechaza la colaboración en un tema como este, pero lo difícil es articular un sistema que funcione».

En este sentido, explica que en el SEF se les da a las víctimas de violencia de género «una discriminación positiva en una gran variedad de políticas activas». Es decir, «es personal prioritario para acceder a todo. Y funciona, que es lo importante».

Españolas, con bajos estudios y más de 35 años

«Las víctimas de violencia de género no tienen bandera ni perfil», afirma Fuensanta Munuera. «Son mujeres afectadas, con muchas carencias», insiste. No obstante, matiza que las que acuden a una Oficina de Empleo sí tienen rasgos comunes.  

En este caso, estas mujeres son mayoritariamente españolas (el 69%), tienen un nivel bajo de formación (más del 60% no tienen la ESO), tienen más de 35 años (más del 60%) y son paradas de larga duración (más del 60% llevan más de un año sin trabajar).

El alto número de mujeres nacionales se explica, sobre todo, porque hay que tener los papeles en regla. No obstante, desde la Sección de Orientación atienden a más de veinte nacionalidades distintas, principalmente marroquíes, ecuatorianas y colombianas. 

Por otra parte, Marisa López Aragón señala que la incorporación al mercado laboral de paradas de larga duración «es complicada porque muchas pierden la perspectiva» y les hace falta formación para «actualizarse». 

Ana María Meroño subraya que «cualquier mujer es vulnerable por el hecho de ser víctima de violencia de género»; no obstante, lo son más si, «además, se está desempleada, se tienen que asumir cargas familiares y sin ningún apoyo». 

Pese a los problemas a los que se enfrentan, tienen un porcentaje altísimo de inserciones que roza el 70%. «Asisten a cursos y a actividades formativas que les proporcionan herramientas para trabajar», comenta Meroño.