El informe de Médicos del Mundo ‘La prostitución como forma de violencia de género’ estima que alrededor de 350.000 mujeres, de las cuales el 80 % son extranjeras en situación irregular, ejercen la prostitución en España. En la Región de Murcia, el Comité de Apoyo a las Trabajadoras del Sexo (CATS) atiende cada año entorno a 1.600 personas. Una de sus mediadoras, Linda Porn, con veinte años como trabajadora sexual a sus espaldas, defiende la prostitución como medio de vida y, más allá de exigir la legalización de su actividad, exige «derechos».

¿Ejerce usted la prostitución libremente?

Yo pertenezco a la clase trabajadora. No entiendo eso de ejercer libremente un trabajo, sino que trabajamos por necesidad. Si no lo hacemos, difícilmente podremos pagar el alquiler y las facturas y las madres no podrían criar a sus peques. Si ejercer libremente es no estar en tráfico, pues sí; y ejerzo el trabajo sexual porque es lo que más se adecua a mi condición de madre soltera. Así puedo dedicar tiempo a mi hija sin estar en situación de precariedad.

¿No es problemático ser madre y trabajadora sexual?

He tenido problemas con los Servicios Sociales precisamente por eso. Para criar a un hijo sin ayuda se necesita trabajar doce horas al día. Cuando parí, volví a ser camarera. Sufría, llegaba cansada a casa para dedicarle tiempo a mi hija y encima no llegaba a fin de mes. Eso es una injusticia tanto para los niños como para las madres. En el trabajo sexual me bastaba con dedicarle cuatro horas diarias y luego podía llevar a mi hija al colegio y ayudarla con los deberes. Eso sí, hay que aguantar el estigma.

«Nos quieren en talleres de costura para que hagamos los vestidos de las señoras burguesas por 3 euros la hora»

¿Está diciendo que es más llevadero ser trabajadora sexual que camarera?

Yo no pretendo ganar las perlas de la Virgen. Pretendo pagar el alquiler y las necesidades de mi hija y las mías sin estar superexplotada. No quiero vivir para trabajar y este empleo me lo permite. La mayoría de la clase trabajadora no puede decir lo mismo.

Este Gobierno está trabajando en la ley ‘solo sí es sí’, que incorpora la tercería locativa, que persigue a quienes les alquilen habitaciones, por ejemplo.

Aquí vale el consentimiento de todas menos el nuestro. Con la tercería locativa, si alquilamos una habitación para trabajar es delito. Dicen que no están en contra de las trabajadoras sexuales y que no somos delincuentes, pero quieren perseguir a las personas que nos facilitan el trabajo. Es absurdo. Quieren que la gente crea que nos están salvando, pero son unas putófobas.

Linda Porn, trabajadora sexual: "¿Cómo vas a prohibir a dos adultos que establezcan una relación de sexo económica?" Eva Moya

¿A quién se refiere con putófobas?

A quienes nos ponen la zancadilla. Es una guerra contra nosotras. Nos quieren cerrar el negocio porque lo dicen ellas. Hay una imposición de clase. Cómo una puta va a decidir por sí misma.

También quieren perseguir al cliente.

Es como si al levantar la persiana de mi tienda me encontrara a dos policías que impidieran entrar a todo el mundo. Me llevan a la ruina. Ellas dicen ‘sin cliente no hay trata’ y nosotras decimos ‘sin cliente no hay plata’.

¿Cómo pueden acabar si la ley sigue adelante?

Como quieren que acabemos: marginalizadas, calladas y jodidas. Buscan que entremos en sus caudales de ofertas laborales, que son indignas, como los talleres de costura, para que hagamos los vestidos de las señoras burguesas y puedan decir que se lo han comprado a una víctima de trata.

«Me gustaría que mi hija tuviera la libertad de hacer lo que quiera»

Linda Porn no es el nombre real -evidentemente- de esta mexicana, que lleva en España 18 años y tiene una hija de 16. Empezó a trabajar como meretriz en su país natal, «cuando me subía a la barra americana». Estudiaba teatro y migró a Europa para desarrollar su carrera como artista. Mientras continuaba con sus estudios, no perdió el contacto con la prostitución, actividad a la que ya le ha dedicado la mitad de su vida en países tan dispares como Alemania, Irlanda, Bélgica, Reino Unido, Italia y, por su puesto, España.

Su hija sabe a lo que se dedica. «Tiene que saberlo porque vive dos vidas: una fuera y otra conmigo porque las prostitutas somos muy rechazadas. Cambiándome el nombre protejo del estigma al resto de mi familia». Aunque piensa que sigue siendo una «utopía», Linda no pierde la esperanza de que algún día una regularización de su modo de vida le otorgue derechos laborales que permita a sus compañeras dejar de estar «tan vulneradas». 

Con un futuro así para las prostitutas, asegura que le gustaría que su hija «tenga la libertad de hacer lo que quiera hacer, pero si quiere ser trabajadora sexual, que tenga derechos».


Muchas personas piensan que es más indigno vender el propio cuerpo que vender vestidos.

Por tres euros la hora. ¿Eso es digno? No viviré en la precariedad porque lo digan esas señoras. Y no vendo mi cuerpo, ofrezco un servicio. Aquí hay un problema que tiene que ver con el catolicismo y algunos sectores conservadores que quieren condicionar la sexualidad de las mujeres. No entiendo por qué se ve tan claro con el aborto y no con el trabajo sexual. Yo no necesito ser salvada, lo que quiero son derechos, que no se me estigmatice y que no le hagan ‘bullying’ a mi hija porque soy una puta.

Desde el PSOE aseguran que la gran mayoría de mujeres que ejercen la prostitución son víctimas de trata. Si usted no lo es, habrás visto muchas.

En mis espacios de trabajo no he visto ninguna, pero sí en el activismo. El informe GRETA (Grupo de Expertos de Acción contra la Trata de Seres Humanos) del Consejo de Europa o Amnistía Internacional afirman que son tres de cada diez mujeres las víctimas de trata. O sea, que no son la mayoría.

«Unas dicen ‘sin cliente no hay trata’ y nosotras decimos ‘sin cliente no hay plata’»

¿Puede el mercado de trabajo regularizado actual asumir a todas las trabajadoras sexuales que quedarían desempleadas?

El trabajo sexual es plata para el país. Prohiben mucho, pero hay problemas estructurales como la Ley de Extranjería, la desigualdad de la mujer frente al hombre y la no regularización del trabajo doméstico que provocan la feminización de la pobreza.

Si la abolición no es solución, ¿cree que habría que caminar hacia la legalización?

Más que la legalización, queremos derechos, como han hecho en Nueva Zelanda. Allí, si se trabaja con terceros, tiene que existir un contrato con derecho a bajas, cotización, etc. Si se es autónoma, se cotiza para una buena jubilación y se tiene derecho a hacer una ‘colectiva’, o sea, alquilar una casa y regentarla entre un grupo de trabajadoras sexuales.

Si abolen la prostitución, ¿vendrá después la industria del porno?

Ya les están atacando también. Yo me pregunto por qué no hablamos también de la industria del matrimonio o de las temporeras de Huelva. ¿Por qué no hablamos de las internas? Hay tanto maltrato y explotación...

¿El matrimonio?

El trabajo sexual es una institución patriarcal, igual que el matrimonio. Hablemos también de maridos y esposas.

¿Y no cree usted que hay que luchar contra un sistema patriarcal que oprime a la mujer?

Otorgando derechos a las trabajadoras sexuales nos podremos empoderar en nuestros trabajos. No pertenecemos a una institución patriarcal por las propias fantasías de los hombres, ya que las mujeres también las tenemos. La mayoría de nuestro trabajo es cumplir esas fantasías.

Pocas frases tan manidas como ‘la prostitución es la profesión más antigua del mundo’. Siendo así, ¿se puede acabar con ella? ¿Van los murcianos, por ejemplo, a olvidarse de ella por una ley?

Por supuesto que no. Aquí establecemos relaciones entre adultos y no se puede prohibir algo así. Lo único que se va a conseguir es reforzar el estigma y potenciar esta actividad, a la que van a dotar de más morbo. No tienen ni idea de lo que es la sexualidad.

¿Hay mujeres que ejercen por elección? 

Organizaciones como la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (Apramp) defienden desde hace años que las mujeres que ejercen la prostitución no lo hacen por elección propia. «Nosotros no vemos a una mujer que elija estar ahí, vemos que hay una mercantilización de cualquier ser humano», opina la directora de Apramp, Rocío Mora, que asegura que el 98% es víctima de trata y explotación sexual, con lo que solo el 2% lo haría sin coacción y por elección.

Mora urge a aprobar una ley de trata que dé protección a estas mujeres, no las considere delincuentes sino víctimas y sí penalice al proxeneta. «Hay que acercarse a la realidad y dar soluciones; las soluciones están puestas sobre la mesa, creo que hay que legislar; perder el tiempo entre regular, abolir o prohibir al final me parece que no es tener ninguna gana de avanzar», incide Mora.

«¿A las que no tienen papeles las van a meter en un CIE y las van a deportar?», preguntan al presidente del Gobierno

Afirma que los partidos tienen que llegar a un acuerdo y que la abolición protegería a las mujeres y no daría «manga ancha» a las personas que las mercantilizan. «En estos momentos cualquier persona puede abrir en su casa un prostíbulo», recalca.

Sin embargo, para la secretaria general del Sindicato de Trabajadoras Sexuales (Otras), Concha Borrell, cerca del 93% de las mujeres que ejercen la prostitución lo hace porque quiere. De hecho, subraya que si hubiera más del 90% de mujeres obligadas «cabría preguntarse qué pasa con los servicios policiales de este país» que no lo solucionan, e insta a la ministra de Igualdad, Irene Montero, a reunirse con ella para presentarle a «las miles» de mujeres que están en el sindicato y no quieren hacer otro «trabajo» que no sea el de la prostitución.

En este sentido, pregunta al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, qué va a hacer con las 400.000 mujeres que se van a quedar sin empleo si se opta por abolir la prostitución: «¿Dónde las van a recolocar?, ¿las que no tienen papeles las van a meter en un CIE y las van a deportar?, ¿cuál es el plan?».