Al otro lado de la vía, en las Alamedas, se sitúan los colegios de San José, José Robles, San Fernando y Muñoz Barberán, a los que cada día acuden los niños del centro de la ciudad. Unos 1.500 escolares, con edades comprendidas entre los 3 y 12 años, tienen que salvar las vías del tren en su ir y venir desde sus casas a su escuela. «La mayoría son del centro de la ciudad, pero también acuden del barrio de San Cristóbal. Y otros son de zonas como San Fernando o la Virgen de las Huertas, pero son menos. Calculamos que algo más de mil son los que cada día se ven obligados a cruzar las vías», asegura la concejal de Educación, Antonia Pérez.

Lo hacen por los pasos a nivel de la Alameda de Cervantes, la de la Constitución, de Ramón y Cajal y Fajardo el Bravo. Se ven obligados a esperar que pase el tren para continuar su recorrido de camino al colegio o a sus hogares. En el centro, solo hay una posibilidad para evitar pisar las vías del tren y es cruzar por el subterráneo bajo la estación de Sutullena. Existe otro bajo el Puente de Hierro, a la altura del Monasterio de clarisas, pero apenas es utilizado por los escolares porque lleva a la Ronda Sur, lo que haría el recorrido mucho más largo y complicado con zonas donde no hay acera junto a la carretera y varios cruces de la calzada con gran flujo de tráfico, sobre todo pesado.

Avisos en hora punta

A hora punta, la hora de ir a clase, la presencia de pequeños junto a las vías es importante. Es cuando los trenes se hacen notar con mayor intensidad, haciendo sonar su pitido para alertar a la población infantil de que están cerca. En cuanto salen del Puente de Hierro, tras salvar el cauce del Guadalentín, comienzan a pitar. A pocos metros de cada paso a nivel repiten la maniobra y hasta llaman la atención encendiendo los focos de sus máquinas.

Mucho antes, los pasos a nivel avisan de la presencia de los trenes con señalización luminosa acústica. Únicamente los de Cervantes y Fajardo el Bravo cuentan con semibarreras automáticas, por ser de doble uso, para vehículos y peatones. El paso a nivel de la Alameda de la Constitución, uno de los más transitados por los escolares, es el de mayor flujo ferroviario, ya que en sus inmediaciones se encuentra la estación de Sutullena.

En este lugar no solo hay que esperar el paso de los trenes de Cercanías o largo recorrido que entran y salen de la estación, sino también los cambios de vía que se producen y que obligan a los trenes a pisar el paso a nivel de la Constitución y, en ocasiones, el de Cervantes.

Las obras de la alta velocidad «deberán plantear unos accesos adecuados», apunta la edil de Educación a preguntas de LA OPINIÓN, que señala que si se realizan elevados para salvar las vías «deberán hacerse con rampas para permitir el tránsito de niños en carritos o sillas de ruedas».

Muchos se muestran preocupados por que no se mantengan todos los pasos actuales durante las obras. «Sería lo deseable, porque tú sí puedes desplazarte unos metros más, pero con niños es más complicado, porque se cansan», afirma Laura García, abuela de Isabel y Juan. A su lado, Jadiya señala que su recorrido cada mañana se inicia en el barrio de San Juan y que su paso obligado es el de la Alameda de la Constitución. «Espero que no nos quiten este, porque es el más cómodo y uno de los que más utiliza todo el mundo. También pasamos por él cada tarde para ir al parque».

El que cruza las vías bajo la estación se Sutullena se cierra cuando llueve con intensidad. «Ocurre muy de cuando en cuando, pero entonces tenemos que irnos hasta la Alameda de Cervantes o el de la Constitución, porque se llena de agua», asegura Carmen Torroglosa, que acompaña a sus nietas María del Mar y María de las Huertas.

En el centro, casco antiguo y barrios altos, están los colegios Casa del Niño, con unos 200 escolares; y los concertados, Madre de Dios, de las Mercedarias; y San Francisco, con más de un millar. Y la cifra de los que acuden a las Alameda -donde se encuentra el Parque infantil Pediatra Diego Pallarés Cachá- en sus ratos de ocio se multiplica cada tarde. Y, en estos días, mucho más por el tránsito continuo hacia el recinto ferial del Huerto de la Rueda, con motivo de la feria, y la próxima semana de Ifelor, para la celebración de la Feria de Artesanía de la Región de Murcia.

A la espera del pasillo verde

Los pasos a nivel desaparecerán con la llegada de la Alta Velocidad, lo que beneficiará a la ciudad. Las pretensiones son que el espacio que ocupaba la vía se convierta en «un pasillo verde», como apuntó el alcalde, Diego José Mateos. Este aseguró que la ciudad, «partida en dos», en estos momentos, resolverá uno de sus principales problemas: el del tráfico que cada día se paraliza al paso de los trenes en vías tan fundamentales de acceso y salida del centro, como la Alameda de Cervantes. «Es una barrera histórica que desaparecerá. Como también lo era la rotonda de San Antonio, que tras la construcción del subterráneo hará mucho más fluido el tránsito hacia la Ronda Sur, la carretera a Águilas y la entrada y salida de la ciudad», concluyó.