Atefah (29 años) y Taibah (25) Hassani son dos nuevas vecinas de Lorca. Llegaron hace dos semanas a España en un avión fletado por el Ministerio de Asuntos Exteriores. No tenían más opción que abandonar su país, Afganistán, tras convertirse en un auténtico infierno del que aún se están recuperando.

Ninguna de ellas lleva la cabeza cubierta en Lorca. En Afganistán sí que lo hacían porque tenían una Constitución islámica «que había que respetar», pero ahora reconocen que están «mucho más cómodas».

Originarias de Mazar-i-Sharif, llevaban cuatro años viviendo juntas en Kabul. Eran mujeres independientes. Atefah trabajaba para una organización humanitaria llamada Bayat Foundation, dirigiendo proyectos de ayuda a la población afgana. Taibah, la menor, finalizó sus estudios de medicina y estaba a punto de hacer sus exámenes para obtener su título.

«Éramos felices. Por supuesto que, cada cierto tiempo, sufríamos atentados y ataques suicidas pero, a pesar del caos, salíamos todos los días a trabajar para hacer de nuestro país un lugar mejor», comenta Atefah.

"Vivíamos dos mujeres en un apartamento, sin ningún hombre. Esto ahora es inaceptable para los talibanes"

Pero «todo cambió en un abrir y cerrar de ojos». El 15 de agosto, los talibanes, los mismos que regían el país antes de la guerra, tomaban la capital del país. «No esperábamos para nada que se hicieran con el poder en cuestión de un día», aseguran. Las noticias internacionales les hicieron creer que Kabul caería en noventa días. «Y aún así, no pensamos que fuera posible». A fin de cuentas, Atefah y Taibah tenían 9 y 5 años, respectivamente, cuando llegó la democracia a Afganistán. «No estábamos preparados para un cambio tan grande», insisten. La hermana mayor recuerda que ese día salió a la calle para hacer unos recados: «De repente, todo el mundo empezó a gritar, a correr, las tiendas comenzaron a cerrar. Me quedé en shock. Pregunté qué pasaba y me dijeron que los talibanes ya habían llegado a la ciudad».

Confiaban en que Kabul aguantaría con la ayuda de la comunidad internacional. «Estábamos equivocadas», se lamentan.

Sienten que los países occidentales les «traicionaron», pero también sus propios gobernantes. «Nos dejaron atrás después de veinte años defendiendo los derechos humanos y la democracia, y ahora los talibanes han acabado con todo. Ahora no tenemos nada».

Atefah Hassani, trabajando en Kabul para la Fundación humanitaria Bayat.

La salida

Quedarse en Kabul no era una opción para ninguna de las dos, sobre todo para Atefah, que por trabajo mantenía «estrechas relaciones con americanos» y otras organizaciones extranjeras. Además, su cuñado había sido miembro del Parlamento hacía cuatro años y terminó abandonando el país e instalándose en Turquía tras ser amenazado. «Los talibanes terminarían enterándose de estos vínculos familiares y nos castigarían por ello». Pero había otro motivo más para huir. «Vivíamos dos mujeres en un apartamento, sin ningún hombre. Esto es inaceptable para ellos», apuntan.

"Habíamos oído que los europeos no hablan mucho con refugiados, pero los lorquinos son muy amables"

La primera semana bajo el poder talibán lo pasaron encerradas en su casa: «Ni siquiera me fiaba del portero del edificio. Cada vez que llamaban a la puerta me asustaba. Si daban con nosotras nos llevarían a cualquier lado, o nos pegarían o nos violarían».

Ante el peligro, Atefah pidió ayuda a todos sus colegas de distintas ONG internacionales para salir del país. «Women4Afghanistan nos puso en contacto con el Ministerio de Asuntos Exteriores de España, que nos envió una carta el día 22 muy generosamente en la que nos decía que se nos permitía entrar en el aeropuerto».

Ahí empezaba la parte más difícil: «Teníamos miedo de ir allí, ya sabíamos lo que estaba pasando. Somos jóvenes, estábamos solas y había muchos controles de talibanes. Pero teníamos que hacerlo. Dejamos todo, cogí mi ordenador y mis documentos y nos fuimos».

El taxi ni siquiera las pudo acercar al aeródromo por la avalancha de afganos que iban en la misma dirección. Por el camino, las hermanas se encontraron con un talibán armado. «Te juro por Dios que no voy a dejar que lleguéis al aeropuerto», les espetó, obligándolas a dar la vuelta y a esconderse hasta que se hizo de noche. «Entonces volvimos a movernos y horas más tarde llegamos a las puertas del aeropuerto, que estaba cerrado. Por la mañana, rogamos a los soldados americanos que nos dejaran pasar, pero no abrieron la puerta», explica Atefah. «No habíamos comido ni bebido nada en las últimas 24 horas. Estaba totalmente deshidratada. Había gente empujándose y hacía mucho calor. Nunca olvidaré un momento en el que sentí que me estaba ahogando y levanté la cabeza para coger algo de aire entre tanta multitud», recuerda con angustia. Agotadas, volvieron a casa para descansar y ducharse. «Al día siguiente lo intentamos otra vez».

"Nuestro pueblo vive bajo un Gobierno de hombres con las manos manchadas de sangre y nos van a tener enfrente"

En esta ocasión, Taibah fue golpeada por uno de los talibanes apostados en los controles de llegada al aeropuerto. «Había tanta gente, que prohibieron a todo el mundo levantarse. Solo podíamos avanzar gateando. Me levanté para descansar y tomar aire y me pegaron hasta que caí al suelo».

Por suerte, esa segunda noche consiguieron entrar en las instalaciones por una puerta distinta a la del día anterior, donde las esperaban soldados españoles: «Fueron muy amables desde el primer momento. Nos cuidaron y por fin nos sentimos a salvo», explican con una sonrisa en la cara. Aún así, tuvieron que esperar dos días más dentro del aeródromo, sin probar prácticamente bocado, hasta que les llegó el turno: «Despegamos hacia Dubái y allí nos cambiamos a otro avión con rumbo a Madrid. Lo habíamos conseguido».

Lorca, su nuevo hogar

A día de hoy Atefah se sigue tratando problemas digestivos provocados por los casi cuatro días que pasó prácticamente sin comer ni beber y a pleno sol. «Me voy a poner bien», tranquiliza a su hermana pequeña.

A salvo en Lorca, estas jóvenes se mueven entre la tristeza por la gente que han dejado en Afganistán y el agradecimiento al Gobierno español: «Nos han facilitado un apartamento, comida y ropa».

Pero no se van a quedar de brazos cruzados. Para empezar, ya se han marcado como prioridad aprender español. «Queremos trabajar y estudiar duro. Es la manera de devolver al mundo y a España lo que han hecho por nosotras», explican. Mientras tanto, siguen la actualidad de lo que pasa y tienen claro que van a seguir luchando por los derechos de las mujeres y de la población de su país desde Lorca. Sobre todo, Atefah, que, con experiencia en ONG, está en contacto continuo con entidades que defienden los derechos humanos. «No podemos aceptar que nuestro pueblo vaya a vivir bajo el Gobierno de hombres con las manos manchadas de sangre. Son terroristas y nos van a tener enfrente».

67 afganos en la Región de Murcia en manos de Cruz Roja y Cepaim

En la Región de Murcia hay en la actualidad un total de 67 refugiados afganos. La Fundación Cepaim y Cruz Roja son las organizaciones encargadas de velar por el bienestar de los llegados a finales de agosto.

Atefah y Taibah están en uno de los apartamentos de Cepaim. «Tienen trabajadores que se preocupan constantemente por nosotras», afirman. Pero no tienen contacto solo con ellos, sino que las hermanas ya han conocido a otros vecinos, como profesores, estudiantes, enfermeras... «Los lorquinos son muy amables. Habíamos oído que los europeos no son muy dados a hablar con refugiados, pero en España nos cuidan mucho desde el principio, sobre todo en Lorca. Estamos haciendo amigos», aseguran.