Apolo tiene tres años y desde el pasado día 16 de julio trabaja con la Benemérita en la Región. «Es una donación de un chico de Santiago de la Espada, en Jaén. Su mayor ilusión era que su perro fuera para la Guardia Civil», relata el cabo primero Emilio José Palomares Martínez, responsable del Servicio Cinológico de la Guardia Civil de la Región de Murcia.

«Es un perro que se ha evaluado para ser pasivo en personas: el marca pasivo, se sienta cuando localiza una sustancia. Su servicio puede ser en los vis a vis de la cárcel, en la inspección de un autobús… Un bus, que suele llevar a bordo a unas 40 personas, se examina en minuto y medio», apunta Palomares, que destaca que «Apolo resultó apto y ya está en servicio operativo». Ahora es uno de los diez canes que trabajan en la V Zona, con los siete guías especializados, cinco en Murcia y dos en Cartagena, donde se ocupan también de la zona de playa.

Los inteligentes canes, junto a unos de sus guías humanos, reciben a LA OPINIÓN en la Comandancia. Israel Sánchez

Palomares, responsable de estos inteligentes animales, recibe a LA OPINIÓN en las instalaciones de la Comandancia, en Vistalegre, donde los integrantes del Servicio Cinológico tienen un espacio expresamente adaptado para ellos. Ahí los canes viven y descansan cuando no tienen que estar al pie del cañón en la calle.

Los animales pertenecen a tres grupos: los que buscan estupefacientes (seis canes), los que detectan explosivos (tres) y los que localizan y rescatan a personas desaparecidas (uno).

Miles de actuaciones

En el conjunto de España, la Guardia Civil cuenta con 330 perros, 146 de ellos especializados en la detección de drogas, 113 de explosivos y 71 de seguridad y rescate, con datos de 2020, año en el que los agentes de cuatro patas participaron en más de 2.500 rescates y auxilios y 8.314 servicios relacionados con el tráfico de drogas en todo el país. Además, también participaron en más de 18.300 servicios de detección de explosivos y 145 de detección de tabaco, gracias a los cuales se han aprehendido casi 10.000 cajetillas en lo que va de año.

Preguntado por cómo es el día a día de un perro oficial del Instituto Armado, Palomares detalla que es importante «sacarlo al campo, para que se esparza y corra». Además, los profesionales del Servicio Cinológico están «en contacto previo con las unidades», ya que «nos demandan servicios desde la cárcel, en el aeropuerto...», comenta. Se ponen en marcha también dispositivos de verificación de vehículos, en el que el animal trabaja, siempre en compañía de su guía. 

Los inteligentes canes, junto a unos de sus guías humanos, reciben a LA OPINIÓN en la Comandancia. Israel Sánchez

El cabo primero manifiesta que en El Pardo (Madrid), donde está emplazada la Escuela de Adiestramiento de Perros (que fue el primer centro de adiestramiento de perros policía en España, después vendrían el resto de escuelas policiales y del Ejército), hay formación más especializada: para que los animales busquen cadáveres, armas o dinero, por ejemplo. Estos canes se desplazan a la Región de Murcia en el caso de que sus servicios sean necesarios.

Acerca de la edad de los canes, apunta que «si se coge de cachorro, mucho mejor». A partir de los ocho meses o un año es cuando los animales tienen más «valentía, sociabilidad y ganas de jugar», características perfectas para convertirse en un miembro del Cuerpo. Y es que, como tiene claro el responsable del Servicio Cinológico de la Región de Murcia, «cualquier perro que quiera jugar, hacer un trabajo a cambio de su pelota, es válido para trabajar» con la Guardia Civil. Lo que presenten inseguridad y apatía no valen.

«Un gato nunca nos lo hemos planteado», sonríe Palomares, que cuenta en su equipo con pastores alemanes y belgas, que son «incansables», un par de labradores, un cocker y un perro de aguas.

Una jubilación digna

El vínculo que se crea entre humano y animal es muy fuerte. «A Chuzo lo cogí con dos meses y medio, estuvo en plena convivencia con mi familia», dice Palomares sobre uno de sus perros, especializado en detectar drogas. Chuzo, uno de los canes que recibe a este diario, lleva la vocación de servicio en la sangre: es hijo de un perro de explosivos y una perra de seguridad y rescate.  

Los inteligentes canes, junto a unos de sus guías humanos, reciben a LA OPINIÓN en la Comandancia. I. Sánchez

«Se jubilan a los ocho o nueve años, la edad de jubilación la marca el guía, una vez que nota que a su perro le cuesta llegar al vehículo o a la cinta del aeropuerto. Cuando el guía está pensando en cambiar su perro, a este se le adopta o se lo queda el propio guía, la mayor parte de las veces. Una jubilación digna para que el perro acabe sus días dignamente», manifiesta el experto.

Acerca de cómo terminó ocupándose de estos ‘agentes’ de cuatro patas, el cabo primero deja claro que «mi vocación real era ser guardia civil, me he criado en un cuartel, yo estaba destinado a esto». En cuanto a su dedicación al Servicio Cinológico, explica que «siempre me han gustado los perros, en un momento dado solicité el curso, estudié para ello, fui apto… y llevo 16 años». «No he querido ascender ni cambiar para estar día a día con los perros», sentencia al respecto.

«Lo mejor es estar con ellos, el día a día. Cuando tú día a día es estar con los animales, si te gustan y te llenan, es lo mejor. Luego conseguir objetivos, como haber contribuido que una partida de droga no llegue a las calles», remarca Emilio José Palomares.