Desde Fundación Ingenio queremos ir desgranando nuestro decálogo de falsos mitos sobre agricultura. Y uno de ellos tiene que ver con la agricultura ecológica y la agricultura de precisión. En muchas ocasiones se hace una comparativa entre ambos y se antepone uno al otro, cuando realmente se trata de conceptos muy distintos.

La RAE define agricultura ecológica como una agricultura desarrollada conforme a reglas, dirigida a garantizar su compatibilidad con la explotación racional de los recursos naturales y la conservación ambiental.

Esta agricultura ecológica supone un parte importante de los cultivos que se tienen actualmente en la Región de Murcia y es signo de calidad y compromiso con el medio ambiente en el Campo de Cartagena. Según últimos datos reflejados por el Consejo de Agricultura Ecológica de la Región, en 2018 se tuvo un total de 80.000 Ha en producción ecológica.

Una de las empresas del Campo de Cartagena que lleva a cabo este tipo de agricultura es Camposeven. Su director general, Adolfo García, recuerda la tendencia del mercado a consumir cada vez más este tipo de productos, aun teniendo un precio superior a los productos de cultivo convencional. Esta diferencia de precio es la consecuencia de las restricciones que tiene el cultivo bio, por ejemplo, a la hora de combatir plagas y enfermedades, que se traducen inevitablemente en un coste para el productor y por ende, para el consumidor. «Si no hay una diferencia de precio, directamente no se puede hacer bio», señalaba García.

Por tanto, estamos hablando de un producto con características específicas, cuya producción hace un uso óptimo de los recursos naturales y no emplea productos químicos de síntesis.

Hablamos de un escenario muy distinto a agricultura de precisión, la cual se entiende como la aplicación de nuevas tecnologías de la Información (TIC) y comunicación a tareas agrícolas, con el fin de mejorar la productividad de los cultivos, hacer un uso eficiente de los recursos naturales y disminuir el impacto medioambiental.

Actualmente, sabemos por experiencia y por la cantidad de datos y estadísticas que se tienen, que sin la digitalización, automatización o tecnificación de todos los procesos implicados en la cadena de producción de alimentos es imposible mantener la rentabilidad y la producción necesaria para alimentar a una población creciente a un ritmo exponencial.

Por tanto, el cambio de nuestros sistemas de producción agrícola a una agricultura de precisión, tanto si es cultivo convencional como si es ecológico, será vital en los próximos años para asegurar el abastecimiento mundial, la seguridad alimentaria y la protección del entorno.

Quisiera recordar que el artículo 27 de la actual Ley 3/2020, de recuperación y protección del Mar Menor habla de implantar una agricultura sostenible. Lo que evidencia que la zona regable del Campo de Cartagena se caracteriza por la práctica de este tipo de agricultura sostenible y de precisión. Nos encontramos ante las zonas de producción agrícola más tecnificadas de España, pioneros en el uso del riego por goteo y un sector profundamente concienciado con el medio ambiente, dada su cercanía al Mar Menor.

España ha sido uno de los países líderes en la modernización del campo, el control climático de las producciones, el control del riego y la fertiirrigación, tanto al aire libre como en invernadero.

En concreto, la Región de Murcia se ha convertido en un referente mundial en materia de ahorro de agua, control preciso de aporte de fertilizantes, ahorro energético, tratamiento de aguas recuperadas o salinas. Aquí se usan sistemas de sensorización, automatización y monitorización contrastados desde hace un tiempo por agricultores, productores, centros de investigación y universidades.

Aun así, el campo no para y son muchos los estudios que se están llevando a cabo en este área para seguir avanzando en sostenibilidad. Por tanto, cuando hablamos tanto de agricultura ecológica, como agricultura de precisión, nos estamos refiriendo a una agricultura que pretende reducir su huella ambiental, mediante el uso eficiente de los recursos agua, suelo y fertilizantes, el consumo energético y la aplicación de productos para luchar contra enfermedades y plagas. Una agricultura ecológica puede ser de precisión y viceversa.

Será el consumidor el que decida el producto que satisfaga sus necesidades y será el productor el que, bajo un sistema de producción convencional o ecológica, haga una agricultura sostenible o no.