Con el país en estado de alarma, la población confinada en sus casas y la incertidumbre a flor de piel, que no se pudiese convocar una reunión de las de toda la vida, como se venía haciendo desde la constitución de cada colegio, trastornó el funcionamiento de estas entidades, la mayoría dedicadas a sectores que se consideraron esenciales. Obligados a adaptarse para sobrevivir, los colegios profesionales de la Región de Murcia apostaron por las bondades de las ya no tan nuevas (aunque siempre en renovación) tecnologías para estar al lado del colegiado y mandar información prácticamente al minuto.

Hoy en día, con las restricciones relajadas, pero aún vigentes, estos organismos son conscientes de que las pantallas han venido para quedarse. Obviamente, para profesiones como la de odontólogo, la de óptico o la de fisio, el teletrabajo es y será siempre una entelequia. De hecho, con la covid tienen más faena: el uso prolongado de los teléfonos móviles, tabletas, ordenadores y televisores durante la pandemia están aumentando los casos de fatiga visual y miopía; el estrés, hace que se disparen los de bruxismo, y el teletrabajo y las malas posturas llenan las consultas de contracturas. Ya había, por el funcionamiento de la vida contemporánea en sí, una tendencia al alza a sufrir estos problemas con anterioridad a las restricciones sobrevenidas con el confinamiento y el toque de queda.

Aunque estos sectores ni se plantean empezar a trabajar a distancia, la pantalla en medio sí sirve a la hora de comunicarse con su colegio profesional o con sus colegas. Para algunos sectores, algo directamente obligatorio: la colegiación es un requisito indispensable para el ejercicio de ciertas profesiones cuando así lo establezca una ley de carácter estatal. El Estado y las comunidades autónomas, entre ellas la Región de Murcia, en el ámbito de sus respectivas competencias, garantizan el ejercicio de las profesiones colegiadas. Es forzoso ‘apuntarse’ para ejercer, por ejemplo, como odontólogo o como podólogo, aunque ahora mismo no es indispensable para, por ejemplo, periodista, pese a sí existir un colegio.

En las próximas décadas surgirán cuestiones vitales sobre cómo mantener a las poblaciones sanas e inmunes ante nuevas epidemias, de modo que se hará más hincapié en la prevención de enfermedades que en su curación. A esto contribuirá la tecnología. En muchos casos, la robótica se utilizará para combatir la escasez de trabajadores sanitarios en algunas zonas, y los nuevos dispositivos permitirán obtener la información sanitaria en tiempo real. Así lo afirma el estudio de AXA ‘2040: Exploring society’s future challenges’, dado a conocer esta misma semana. Si se cumplen las previsiones, los colegios tendrán que buscar la manera de potenciar la formación a distancia de sus asociados, de modo de ninguno se quede atrás en el mundo post-covid que ya se augura. En la Región, los profesionales son conscientes de que adaptarse es también obligatorio.

Obligatoriedad como garantía

Los colegios no son un residuo arcaico: su vigencia es total y aportan tanto para los profesionales colegiados como para los vecinos que demandan sus servicios un extra de seguridad y garantías. Ha de quedar claro que estar colegiado es obligatorio para poder ejercer determinadas profesiones, en especial las relacionadas con la salud, ese ámbito que siempre ha sido importante, pero que desde marzo de 2020 lo es más aún, si cabe.


Psicólogos, biólogos, enfermeras, fisios, logopedas, médicos, dentistas, ópticos-optometristas, podólogos y protésicos dentales, entre otros, cuentan con su colegio en la Región. La existencia de este organismo da seguridad a los pacientes, que saben que pueden recurrir a la institución si no se les atiende bien.