Con los cajeros automáticos en decadencia y el acceso presencial restringido en las entidades bancarias por la covid, sacar dinero se vuelve una tarea cada vez más complicada para los vecinos de los barrios y diputaciones de los municipios de la Región, donde en el último año han echado el cierre 58 sucursales. Con la intención de facilitar el acceso a la retirada de efectivo, los estancos y despachos de lotería han comenzado a dar este servicio.

Lo hacen a través de la cuenta Nickel, el neobanco del BNP Paribas de origen francés. El mecanismo consiste en crear una cuenta en los estancos que tengan este servicio, como si de un banco se tratase, para poder sacar efectivo en cualquier momento desde los establecimientos que cuenten con un punto Nickel.

Durante los últimos meses se han instalado 17 puntos en la Región, 9 de ellos en Cartagena y el resto repartidos entre Murcia, Lorca, Bullas y otros municipios.

Según explica Blas Martínez, propietario de un estanco en el barrio cartagenero de Los Dolores, «el servicio está funcionando muy bien», los usuarios acuden con su tarjeta al estanco y solicitan a Martínez la cantidad que desean retirar y el estanquero se la da en mano al instante por lo que «es muy cómodo para los clientes», añade.

Asimismo, mediante los dispositivos de Nickel ubicados en los estancos y despachos de lotería también se pueden consultar los movimientos y el saldo de la cuenta. Además, se trata de una nueva línea de negocio para revitalizar estos comercios, que se llevan una pequeña comisión por cada nueva tarjeta que se crea en su establecimiento.

La cuenta no requiere nómina, ni ingresos recurrentes, ni mínimos, por lo que, tal y como apunta Martínez, en su gran mayoría son jóvenes «que no quieren vinculaciones con los bancos» los que hacen uso de este servicio. También extranjeros que llegan a España y a los que los bancos convencionales «suelen poner muchas trabas», indica el estanquero.

Además, a este servicio recurren también muchas personas mayores que no están familiarizadas con las nuevas tecnologías y «prefieren tratar con una persona y no con una máquina», o se sienten más seguros bajo techo en un local, en lugar de en un cajero a pie de calle.