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Suicidios en la adolescencia

Expertos alertan de que en los ‘grupos burbuja’ de los colegios por la covid es mucho más fácil expandir el acoso a un compañero

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Ana Lucas

Ana Lucas

Dos menores, de 15 y 12 años respectivamente, vecinas de un municipio del Mar Menor, eran llevadas de urgencia esta semana a Los Arcos después de intentar quitarse la vida. Ambas contaron luego a la Policía que habían padecido acoso escolar, además de sufrir otros problemas, y que no era la primera vez que intentaban atentar contra su propia integridad física. A mediados del mes de febrero, por otro lado, la Policía Nacional abría una investigación para tratar de esclarecer la muerte de un niño de 12 años de edad cuyo cadáver era hallado en su vivienda de Murcia, después de que se hubiese quitado la vida. También se investigó entonces si el menor estaba sufriendo algún tipo de acoso en su instituto, así como su situación en su casa.

Según detallan desde Papageno, Asociación de Profesionales en Prevención y Postvención del Suicidio, «la conducta suicida es multicausal y poliédrica» y «todo suicidio se produce por varias causas». No es una cuestión simplista. Siendo un tabú con numerosas causas, el suicidio infantil es un tema delicado al que los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en la Región lamentablemente se enfrentan últimamente más veces de las que les gustaría.

César Giner, psicólogo, criminólogo, profesor de la UCAM y presidente de la Academia Española de Ciencias Forenses, Criminalística y Criminología, apunta que los suicidios no se suelen dar en niños muy pequeños porque «hasta los ocho o diez años no tienen una conciencia real de la muerte». En la adolescencia, a la hora de barruntar la idea de quitarse la vida, «influye mucho la discriminación, cuando el niño es rechazado por acoso, que ahora se da las 24 horas, por las tecnologías», comenta.

Asimismo, influyen cuestiones como «el racismo y la xenofobia» o que se trate de menores «con problemas afectivos, problemas de personalidad o que consuman estupefacientes». También afecta el haber presenciado violencia en el hogar en un momento, la adolescencia, en el que se está formando la personalidad.

A juicio del experto, «es fundamental educar en inteligencia emocional en los colegios», así como «educar en la felicidad, aunque también en poner límites y trabajar la baja tolerancia a la frustración». Giner recuerda que el suicidio, pese a ser «la segunda causa de muerte en adolescentes», aún se considera «un tabú», algo en lo que coincide con él la psicóloga Felipa Gea. «Es un problema que existe, que está ahí», remarca el profesor.

Por su parte, el abogado murciano José Antonio López Jiménez manifiesta que «el Código Penal castiga al que induzca al suicidio de otro; pero, para que se concurran los requisitos del tipo delictivo, se requiere una colaboración, una prestación coadyuvante que ofrezca una cierta significación y eficacia en la realización del proyecto que preside a un sujeto de acabar con su propia existencia, es decir, una conducta por parte del sujeto activo de colaboración prestada a la muerte».

«Es verdad que el bullying se puede entender mejor regulado con la aparición de la Ley Orgánica 1/2015 que introduce el nuevo delito de acoso, entendiendo como tal aquellas conductas que se realicen de forma insistente y reiterada por medio de las cuales se menoscaba gravemente la libertad y el sentimiento de seguridad de la víctima, a la que se somete por ello a vigilancia, persecuciones u otros actos de hostigamiento. Se castiga con la pena de prisión de tres meses a dos años o multa de seis a veinticuatro meses», precisa el letrado.

«¿Cuál es el problema? Que en la mayoría de los centros escolares donde se producen estos trágicos hechos tanto los que lo provocan como los que lo sufren son menores de 13 años y, por tanto, inimputables. Solo si el acoso se produce por mayores de 14 años acarrea responsabilidad penal y civil», destaca el abogado.

«Lo que sí aconsejaría a mis clientes, de cara a exigir una eventual responsabilidad civil subsidiaria al centro educativo, es que, desde el primer momento en que detecten que su hijo esta sufriendo acoso , lo denuncien por escrito al centro de enseñanza y conserven todas las reclamaciones, por si más adelante surgiera cualquier desgracia, ya que el colegio está obligado a tomar medidas para su prevención», sugiere.

Por otro lado, el policía local de Cartagena y criminólogo Víctor J. Navarro pone el acento en «la influencia de nuevas tecnologías», las cuales «pueden inducir de manera indirecta a que un joven pueda acabar con su vida».

Matiza que «el uso de las redes sociales y nuevas tecnologías entre los jóvenes no promueven el suicidio en sí, pero pueden desvirtuar la realidad y potenciar el estrés ante situaciones de acoso. Es por ello que el papel de los padres debe ser primordial a la hora de educar y concienciar a sus hijos». «Para poder trabajar con más profundidad sobre la prevención suicida es vital conocer las cifras, siendo esta una asignatura pendiente de las administraciones públicas, ya que, por ejemplo, los datos con los que trabajamos en España son del año 2019, ya que no tenemos los del 2020, lo que dificulta un trabajo más extenso y actual sobre este fenómeno social», critica.

Sostiene la psicóloga Felipa Gea, por su parte, que las medidas para atajar la covid en las escuelas «no propician una eliminación del acoso, al contrario de lo que se pueda pensar», puesto que «los ‘grupos burbuja’ están más controlados para la detección del virus, pero son más pequeños y fáciles de contaminarse».

«Es decir, el acoso sobre un compañero es mucho más fácil de expandir y de contagiar, ya que el grupo de referencia es más pequeño y no existe una salida de él, por lo que fomenta que, si existe o aparece bullying sobre una persona, es más fácil que el resto siga ese acoso. Y, obviamente, ese acoso no se suele quedar en la clase», desgrana la experta.

Teléfonos en los que ser escuchado en la desesperación

La adolescencia suele ser una etapa difícil en nuestro desarrollo, ya que dejamos de ser niños para empezar a ser adultos, todo ello acompañado de grandes cambios físicos, psicológicos y sociales que suelen conllevar una mayor presión, indica la psicóloga Felipa Gea. Si estás viviendo una crisis o tienes pensamientos suicidas puedes llamar al 112, donde un equipo de profesionales puede ayudarte de forma inmediata durante las 24 horas de todos los días del año. Además, puedes acudir a un centro de salud u hospitalario en busca de ayuda. El Teléfono de la Esperanza en Murcia, por otro lado, es el 968 343 400, y al otro lado del hilo hay siempre alguien dispuesto a escuchar e incluso, si se lo pides, a aconsejar. 

Asimismo, el Teléfono ANAR de ayuda a niños y adolescentes es el 900 20 20 10.