27 de diciembre de 2020
27.12.2020
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Enero

Ambulancia del deseo: donde lo imposible se hace realidad

27.12.2020 | 04:00
Ambulancia del deseo: donde lo imposible se hace realidad

Son unas cincuenta las personas a las que han ayudado a cumplir su última voluntad en la Región desde su creación en abril de 2018. De hecho, ya cuentan en Murcia con dos ambulancias preparadas para trasladar a los pacientes hasta los sitios a los que ellos mismos han decidido ir, «todo un logro». Además, todo de forma altruista, garantizando la calidad, la continuidad asistencial, así como la parte más emocional: «Somos personas ayudando a personas y esa es la parte más bonita».

Volver al lugar donde uno fue feliz, ver el mar, bañarse en él, reencontrarse con esas personas de nuevo, escuchar por última en directo esa canción en un concierto en directo... La Fundación Ambulancia del Deseo lleva poco más de año y medio en la Región y a nivel nacional cumpliendo los anhelos de personas enfermas, hospitalizadas, con alguna enfermedad crónica, al final de la vida o en cuidados paliativos, que quieren cumplir un deseo y su enfermedad no se lo permite. Se trata de un 'objetivo cumplido' que permite que haya un poco más de luz, esperanza y alegría tanto para el paciente como para su familia.

El presidente de la fundación, Manuel Pardo, señala que desde que comenzó su andadura ya han ayudado a unas cincuenta personas a hacer realidad su última voluntad: «Antes entraba un deseo al mes y ahora hemos llegado a tener dos el mismo día». Por suerte, ahora mismo cuentan en la Región con dos ambulancias, «todo un logro».

Pardo, junto a José Manuel Salas, Carolina Cánovas y Laura Juguera, son los cuatro murcianos fundadores de un equipo compuesto ya por más de 150 voluntarios. La filosofía del proyecto, 'Donde lo imposible se hace realidad', pretende que las personas que solicitan su asistencia tengan pleno derecho a gestionar su despedida, lo que supone poder encontrarse con espacios de la infancia, madurez, territorios, personas, olores, sensaciones, paisajes, familia...

Juntos han logrado, por ejemplo, que un niño enfermo terminal pudiese volver desde España a su país natal, Ecuador, para pasar sus últimos días de vida rodeado de sus seres queridos. El mes pasado también lograron traer desde Róterdam a Murcia a Nico van den Heavel, un ciudadano holandés en fase terminal cuya última voluntad era visitar la Catedral de Murcia. Todo fue posible gracias a que la fundación está ya presente en más de 15 países: «Tener esta red internacional nos ayuda a cruzar fronteras y nos da una dimensión mucho mayor. Es muy importante unir un proyecto tan bonito a nivel mundial», apunta Pardo.

Especialmente emotivo es cuando tienen que trabajar con niños pequeños, ya que «son los casos más sensibles», como el de Hugo, un bebé de once meses que estaba en la Unidad de Cuidados Paliativos Pediátricos de La Arrixaca y cuyos padres tenían la ilusión de bañarse con él en La Azohía. En esta ocasión, la Ambulancia del Deseo tuvo que trasladar al menor el pasado verano hasta la playa con bombas de perfusión y oxígeno. La familia se quedó hasta el atardecer en la playa. «Intentamos tener esa conciencia de que no hay que tratar solo al paciente, el entorno es igual de importante», aseveran desde la fundación.

Tanto es así que incluso prepararon en Cartagena una boda que se celebró en la propia ambulancia. La fundación cumplió el último anhelo de Rafael, un paciente del hospital Rosell que falleció poco tiempo después de conseguir ver a su hijo casarse y ser el padrino en la boda. También ayudaron a una octogenaria murciana a ver y bañarse en la playa por primera vez en su vida, concretamente en el Mar Menor.

Asimismo el pasado mes de octubre tuvieron la oportunidad de acompañar a Severo, un murciano con parálisis cerebral, al concierto que David Bisbal ofreció en la Plaza de Toros de la capital murciana, teniendo la oportunidad de que el cantante saludase a este paciente.

¿La recompensa de estos voluntarios? «La emoción presente y el agradecimiento de los familiares, ya que es algo que te hace crecer y que te recarga el alma. No cobramos nada a nadie, y todos los profesionales que estamos dentro del proyecto lo hacemos en nuestro tiempo libre, de manera totalmente altruista. Somos personas ayudando a personas y esa es la parte más bonita, no hay una contraprestación económica», según el presidente.

¿Y cómo organizan estos 'eventos'? «Todas las personas que solicitan nuestra ayuda acceden a nuestra página web y nos escriben sobre el 'deseo' que quieren que cumplamos. A los pacientes y familiares les tenemos que garantizar la calidad, la continuidad asistencial y también la parte más emocional. Una vez recibida la solicitud hay una comisión que valora si esta corresponde con nuestra fundación. Si es así, asignamos un responsable para cada caso al que le llamamos 'arquitecto', ya que diseña con las familias y con el paciente cómo se va a hacer realidad el deseo».

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